El futuro diputado (no me digan) Andy
Nombre es destino, y el hijo del ex presidente López Obrador está convencido de que, igual que a su padre, ese nombre lo puede llevar muy lejos. Andrés Manuel López Beltrán, alias “No me digan Andy”, tomó la decisión de dejar la Secretaría de Organización del partido Morena, un puesto al que, evidentemente, no llegó por méritos propios, para ir a hacer política al territorio y competir por una diputación en el distrito IV de Tabasco, donde si Morena pusiera como candidato un trapeador, ganaría de robo.
En ese distrito Morena obtuvo el 50 por ciento de la votación, pero con sus aliados, Verde (21%) y PT (6%) alcanzó poco más de tres de cada cuatro votos. Digamos que lo del junior no es esforzarse demasiado, pues ese distrito es más seguro que una plurinominal.
Si López Beltrán es diputado en la próxima legislatura federal se convierte en automático en uno de los candidatos más fuertes a ser nombrado coordinador de la bancada. No solo se investirá como el defensor de los principios ideológicos de la transformación, sino en la correa de transmisión directa entre la grey de la llamada 4T y el líder del movimiento que ahora, a falta de mejor quehacer, escribe libros a destajo desde Palenque.
El momento para dejar el cargo es el preciso. No se fue junto con Luisa María Alcalde, para que no lo metan al paquete del fracaso de la reforma electoral, pero antes de que inicien los procesos para no cargar derrotas.
Los políticos siempre hacen cálculos, mismos que la realidad se encarga de estropear. La pregunta que salta con la decisión de (no me digan) Andy es para qué le alcanza una posición en la cámara de diputados, si desde ahí se puede brincar a una candidatura a la presidencia de la República o si le dará solo para buscar la gubernatura de Tabasco.
La fama de los diputados no es la mejor y menos para llevarla a una campaña. Quienes han brincado de la Cámara de Diputados a una candidatura a la presidencia de la República han sido todos candidatos que en su momento pertenecían a la oposición y todos sin excepción perdieron: Ricardo Anaya (PAN); Porfirio Muñoz Ledo (pasó por todos los partidos, pero compitió por un movimiento llamado Nueva República); Diego Fernández de Cevallos (también del PAN); Roberto Madrazo (PRI), etcétera. La cámara baja no parece, pues, el mejor camino a Palacio Nacional, aunque, por supuesto, nada está escrito.
Otro elemento histórico: en México ningún hijo de presidente ha logrado convertirse en presidente. Cuauhtémoc Cárdenas estuvo a punto de lograrlo, pero no sucedió. Enrique de la Madrid no estuvo ni cerca de ser candidato, y los demás ni siquiera lo intentaron.
Buscar en el 2030 a la gubernatura de Tabasco y desde ahí construir un posible camino a Palacio Nacional en 2036 tiene mucho más lógica, con el pequeño inconveniente que en política el largo plazo es más incierto que el pronóstico del clima.