Cuba, ¿tiene límites el deterioro?
¿Hay límites para el deterioro de un país? Son muchos, muchísimos los vaticinios que se han hecho sobre tocar el fondo de regímenes autoritarios en diversos países del mundo, pero quizá ninguno como lo que se ha dicho del régimen cubano. Murió Fidel Castro y el mundo esperaba ver derrumbarse el sistema comunista como un castillo de naipes. Tras su entierro, al mando quedó su hermano Raúl, viejo también y el mundo vaticinó que no se sostendría mucho tiempo. Murió Raúl y ya sin los Castro todo parecía venirse abajo. El poder lo tomó Miguel Díaz-Canel, la joven promesa de los años noventa. Llegó al poder hace casi ocho años entre apuestas sobre su caída, y sin embargo sigue ahí, con mano de hierro, haciéndose viejo también él.
¿Cómo se mantiene un régimen en un país con carencia de todo, desde alimentos hasta medicinas, donde los derechos están asegurados en el papel, pero ni siquiera hay papel para escribirlos o limpiarse con ellos, que no produce nada, donde no hay energía eléctrica ni gasolina, y encima es víctima de un bloqueo comercial?
Los propagandistas del régimen dirán que es la fe y el orgullo que los cubanos tienen en su revolución. El escritor cubano Leonardo Padura nos da una pista diferente es su más reciente novela, “Morir en la arena” (Tusquets, 2025): es el miedo
Lo que mantiene a flote al régimen cubano no es el petróleo mexicano (que sin duda es de gran ayuda) ni la esperanza del hombre nuevo o en que el futuro será mejor. El verdadero sostén es el régimen de terror, la desconfianza que lograron sembrar en el vecino, la certeza de que cualquiera puede denunciarte, y que el Estado no tiene recursos, salvo para el control político.
La generación más grande de cubanos tiene hoy entre 55 y 65 años, por el contrario, quienes tienen entre 15 y 35, son solo 23 por ciento. Para darnos una idea, en México en ese rango de edad considerada los jóvenes es una tercera parte (33 por ciento) de la población. Los que estaban en medio se fueron.
Un proceso político interno en Cuba resulta terriblemente complejo. Los que están arriba de la hamaca se saben perfectamente afianzados y quienes quieren o hubiesen querido tumbarlos ya no están o están imposibilitados: sobrevivir es un trabajo de tiempo completo. Muchos de quienes se han atrevido a levantar la voz están en las cárceles. Organismos defensores de derechos humanos estiman que en Cuba hay al menos mil cien presos políticos, 65 por ciento de ellos detenidos tras las manifestaciones de 2021, el más reciente intento de rebelión en la isla y que demostró que el régimen de Díaz-Canel no tiene suficiente músculo para generar bienestar, pero sí para controlar.
Algunos se preguntan si Cuba sobrevivirá sin el apoyo de Venezuela. La respuesta es ¿por qué no? El gran éxito de los regímenes autoritarios es que cuando los ciudadanos piensan que ya no se puede estar peor, los dirigentes demuestran lo contrario.