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Charromanía: construida durante décadas

Hoy parece normal hablar de grandes entradas en el Estadio Panamericano, de una afición sólida alrededor de Charros de Jalisco y de beisbol profesional prácticamente durante todo el año en Zapopan. Pero la llamada “charromanía” no apareció de la nada. Detrás existe una construcción larga y constante impulsada por generaciones de dirigentes, empresarios, aficionados, medios y autoridades que entendieron que Jalisco sí podía convertirse en una plaza profundamente beisbolera.

Durante mucho tiempo Guadalajara fue considerada territorio exclusivamente futbolero. Parecía difícil abrir espacio estable para otro deporte profesional de convocatoria masiva. Sin embargo, el béisbol fue ganando terreno poco a poco, construyendo identidad y afición hasta consolidarse como un fenómeno deportivo y social.

El arraigo actual no es producto únicamente de las temporadas recientes ni de una buena racha deportiva. Es resultado de muchos esfuerzos acumulados durante décadas. De directivos y promotores que mantuvieron vivo el interés por el juego incluso en etapas donde las condiciones parecían poco favorables.

En esa historia aparecen nombres importantes como Álvaro Lebrija, Adalberto Ortega Solís, José Guillermo Cosío Gaona, Salvador Quirarte y otros impulsores que encabezaron proyectos fundamentales para sostener y desarrollar el béisbol profesional en Jalisco. Cada uno contribuyó, desde su momento y circunstancia, a construir la base deportiva y social que hoy acompaña masivamente a Charros.

También debe reconocerse el respaldo de distintos gobiernos estatales y municipales en etapas clave para fortalecer infraestructura y facilitar el crecimiento del béisbol jalisciense. Ahí quedan nombres como Juan Gil Preciado, Francisco Medina Ascencio, Guillermo Cosío Vidaurri, Emilio González Márquez, Jorge Aristóteles Sandoval, Enrique Alfaro Ramírez y ahora Pablo Lemus Navarro, todos participando en distinta medida dentro del proceso de consolidación del beisbol en Jalisco.

A ello se sumó el trabajo de medios de comunicación impresos, radiofónicos, televisivos y digitales que durante años dieron espacio al beisbol aun cuando muchos seguían viéndolo como un deporte secundario. La construcción de afición también requiere narrativa, presencia cotidiana y difusión constante.

Dentro de esa historia también dejaron huella managers y figuras emblemáticas como Guillermo “Memo” Garibay, Benjamín “Cananea” Reyes, Roberto Castellón Yuen, Roberto “Chapo” Vizcarra y Benjamín Gil, cuya personalidad polémica nunca ha impedido reconocer su enorme capacidad competitiva y su impacto en el crecimiento reciente de Charros y del beisbol mexicano.

Igualmente importante fue el papel de agrupaciones y comunidades de aficionados que mantuvieron viva la cultura beisbolera en momentos complicados. La Peña Beisbolera de Jalisco “Los Peloteros”, junto con cronistas y seguidores del “rey de los deportes”, ayudó durante años a sostener identidad y cercanía alrededor del beisbol cuando todavía muchos dudaban de su potencial en Jalisco.

Hoy Charros de Jalisco representa mucho más que un equipo competitivo. Es la única organización del país con presencia protagonista tanto en verano como en invierno, participando en las dos grandes ligas profesionales mexicanas. Eso convierte a Jalisco en la única plaza nacional con beisbol prácticamente todo el año.

Las cifras ayudan a dimensionarlo. Entre temporada regular, Playoffs y eventos internacionales, el Estadio Panamericano alberga cerca de un centenar de juegos profesionales anuales. Con asistencias promedio cercanas a seis mil aficionados por encuentro -y mucho mayores en series importantes- puede estimarse que alrededor de seiscientas mil personas acuden al inmueble cada año para consumir beisbol. Una cifra altamente competitiva incluso frente al flujo anual de aficionados que asisten a los partidos de Chivas en el Estadio Akron.

En la etapa actual también merece reconocimiento la directiva encabezada por José Luis González Íñigo e Íñigo González Covarrubias, quienes han mantenido el crecimiento institucional y competitivo de Charros fortaleciendo además el vínculo con una afición cada vez más identificada con el equipo.

Porque la charromanía no puede explicarse únicamente por los resultados recientes. Lo que hoy vive el beisbol en Jalisco es consecuencia de décadas de trabajo, visión y construcción de identidad alrededor del juego.

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