Lo que Ernestina no vio en la investigación del Interoceánico
Estaba frente a sus ojos. Aparece en el expediente que integró la Fiscalía General de la República. Es su propia investigación sobre la tragedia del descarrilamiento del Tren Interoceánico, que costó la vida de 14 personas. La fiscal Ernestina Godoy prefirió no ver muchas cosas que dice su propia indagatoria. Optó por culpar de todo a los maquinistas y obtuvo contra ellos tres órdenes de aprehensión, acusándolos de ir a exceso de velocidad.
1.- El conductor carecía de velocímetro. Lo dice el tercer párrafo de la página 86. Es el testimonio del mayordomo de locomotoras, José Manuel Gaytán: “debido al tipo de locomotora el conductor no cuenta con un velocímetro en su tablero, por lo que no le es posible saber si el maquinista va a exceso de velocidad”.
2.- No tenía equipo contra incendios. En la página 57 del expediente, se consigna que en la revisión semestral realizada a la locomotora número 3006 del convoy descarrilado, se encontró que “no tiene sistema contra incendios”.
3.- No servían las cámaras por falta de software ni servía un radio porque no era compatible. El testimonio de la página 86 del expediente lo señala así, en su primer párrafo: “Hago mención que cuenta con una pantalla de registro, un radio de comunicación el cual no está habilitado porque no es compatible para la comunicación y cámaras de vigilancia que no están habilitadas toda vez que no se cuenta con el software para su funcionamiento”.
Estos tres elementos, que aparecen en el expediente de la FGR, parecen apuntar en la misma dirección: operadores del tren sin las herramientas necesarias para una conducción segura. Pero además tienen un denominador común: para reducir costos y acelerar tiempos de entrega, el ex presidente López Obrador decidió reusar trenes viejos en el Interoceánico. Trenes sin equipo anti-incendios, sin velocímetro, sin software actualizado.
Nada de esto vio la fiscal Ernestina Godoy que decidió culpar a los de abajo. Al maquinista, al conductor y al jefe de despachadores.
Pero tampoco vio otros elementos que llevan meses expuestos ante la opinión pública y que han despertado los señalamientos de corrupción sobre la obra del Tren Interoceánico:
4.- Para dar mantenimiento a la línea que se descarriló se contrató a un político de Morena: Carlos Díaz Saldaña. Le dieron 2 mil millones de pesos. Fueron 14 contratos, la inmensa mayoría por asignación directa o competencia simulada con otras empresas vinculadas a él mismo.
5.- Uno de los íntimos amigos de los hijos de López Obrador, Amílcar Olán, vendió el balasto (la piedra que va debajo de los rieles), explotó minas de piedra, operó una red de empresas trituradoras de balasto y se quedó con el multimillonario negocio de transportar dicha piedra hasta los sitios de construcción. Hay documentos publicados en reportajes de Mario Gutiérrez Vega en Latinus.
6.- Hay audios de Amílcar Olán relatando cómo lo va a recibir la entonces secretaria de Economía, Raquel Buenrostro, para asignarle un polígono en los parques industriales (llamados Polos del Desarrollo para el Bienestar) del Corredor Interoceánico, antes de que se publicaran o adjudicaran formalmente los procesos de licitación. Raquel Buenrostro es hoy la secretaria Anticorrupción del gabinete de la presidenta Sheinbaum.
7.- Sin ninguna experiencia previa en materia ferroviaria, el hijo del entonces presidente López Obrador, Gonzalo “Bobby” López Beltrán, fue nombrado por su papá como supervisor de la obra del Tren que se descarriló. Su trabajo anterior era en el equipo de beisbol de grandes ligas Gigantes de San Francisco.
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