Ideas

Candil de la calle

Intervenir en la vida política de cualquier país es un derecho que sólo corresponde a sus ciudadanos. La intromisión en sus decisiones va más allá de la sana y obligada convivencia. 

Pues bien, ahora resulta que la señora Presidenta donó -de su peculio- 20 mil pesos como “ayuda humanitaria” para el pueblo cubano, en realidad son para sostener su régimen dictatorial.

El hecho podría parecer insignificante, insubstancial. Sin embargo, su simbolismo es muy importante: aunque ella tiene todo el derecho a disponer de su dinero, si es demócrata, como pregona, y si es, además, una madre sensible y amorosa, parece que, como mexicanos, no estamos en las mejores manos.

Explico: su salario lo pagamos (sí, nosotros se lo cubrimos) para que, a nuestro nombre y representación, administre los bienes colectivos y tome las decisiones que permitan que nuestra nación se desarrolle en todos los órdenes. Señala que la donación la hizo a título individual, lo que entraña una grave confusión: su persona es indivisible de su representación. No es Presidenta un ratito sí y otro no; para unos casos sí y en otros no. Además, su investidura la obliga a conducirse con criterio, responsabilidad, congruencia y respeto a nuestras leyes, velando siempre por el bienestar de los mexicanos y sin andar comprando pleitos ajenos. El hecho de que el ex presidente López Obrador encabece, insensatamente, una campaña para apoyar la dictadura castrista, que lleva más de 60 años en el poder, equivale a que los cubanos que no estén de acuerdo con nuestro Gobierno reúnan fondos para derrocar a la Presidenta Sheinbaum, situación inaceptable bajo circunstancia alguna. 

Finalmente, aportar cualquier tipo de donación altruista requiere de una condición: autoridad moral, y no la tiene quien apoya una causa notoriamente injusta. La señora Sheinbaum, quien es madre de familia, puede, si quiere, regalar su dinero a quien le dé la gana; está en su derecho y en su conciencia. Solo le preguntaría, ya que es tan solidaria, ¿por qué no apoya económicamente a las madres buscadoras y por qué, lejos de fomentar la participación de las ONG, condiciona su desempeño al promover reformas que limitan su captación de recursos vía subsidios? En tanto facilita que una organización promovida al vapor por López Obrador, “Humanidad por América Latina”, tenga, en unas semanas, autorización para obtener financiamiento en favor de la dictadura cubana.

Bien haría la señora Presidenta en aplicar su tiempo a resolver los graves problemas que atravesamos en lugar de andar haciendo campaña partidista disfrazada de visitas a los estados. Bien haría en resolver la difícil relación con el sátrapa del norte, en vez de estarle picando la cresta para predisponerlo más de lo que ya está contra México. 

Ser presidente de los Estados Unidos Mexicanos es la más alta distinción, el más alto honor, la máxima responsabilidad a la que puede aspirar un mexicano, mayor en su caso por ser la primera mujer que nos representa. Sí, aunque no lo acepte, ni pensemos igual, NOS representa. Ojalá honre la representación que ostenta.

Temas

Sigue navegando