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Violencia impune

Las estadísticas en materia de criminalidad en Jalisco son inciertas. Algunos medios de comunicación llevan el registro de las muertes violentas que ocurren en la Zona Metropolitana de Guadalajara, a partir de la única información oficial de que se dispone: los boletines de la Procuraduría de Justicia. Los mismos medios elaboran una síntesis mensual. Llegados a ese punto, es frecuente que las cuentas de los medios no concuerdan con las que la autoridad, a su vez, elabora y difunde. La regla es que los registros oficiales se queden por debajo de los extraoficiales.

-II-

Independientemente de las cifras relacionadas con las víctimas del transporte público —que se manejan aparte porque en esos casos se trata de homicidios imprudenciales—, el hecho es que el promedio de homicidios dolosos (probables asesinatos, pues) fluctúa entre tres y cinco diarios; es decir, entre 90 y 150 al mes; es decir, entre mil y mil 800 anuales.

Se dirá, haciendo las correspondientes comparaciones —no por odiosas menos inevitables—, que se trata de números que corresponden a la población de la “Ciudad Amable” en que nos tocó vivir. Se dirá que, comparados con otras entidades y otras zonas urbanas —que sería de mal gusto mencionar—, Jalisco y Guadalajara “están en la gloria”; que los habitantes de los municipios conurbados en la Zona Metropolitana no están exentos del riesgo de ser asaltados en la vía pública, ciertamente, si tienen la audacia —o la necesidad— de salir de noche o de deambular por zonas en que es notoria la insuficiencia (o la incompetencia, que para el caso es lo mismo) de la autoridad para garantizar la seguridad de los ciudadanos, pero difícilmente serán asesinados… salvo que incurran en la temeridad de resistirse a algún posible atraco.

-III-

Al margen de si hay o no el “subregistro oficial” de que hablan los medios en ese tema, lo cierto es que el asunto se limita, vía de regla, a llevar, bien o mal, la cifra de tales hechos. Puesto que todas las víctimas tienen nombre y apellido y casi todas una familia, el “avance en las investigaciones” que las autoridades refieren, se circunscribe a identificarlas. Pretender que de cada caso se integre un expediente y se realice una pesquisa para ir más allá de la autopsia que permite puntualizar la causa física de la muerte, es ilusorio. Dar con las causas, identificar a los responsables, aprehenderlos, someterlos a juicio y hacer caer sobre ellos “todo el peso de la ley”, un buen deseo que sólo excepcionalmente se hace realidad.

En León, Guanajuato, presumen, cantando, que “la vida no vale nada”… Pero, obviamente, ¡están muy lejos de tener la exclusiva…!

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