Ideas

Redes sociales, jóvenes y democracia

Hemos hablado ya sobre cómo los partidos políticos han hecho uso de las redes sociales para entrar en la agenda pública, y vaya que al final de cuentas no estaban tan perdidos, pues las estadísticas hablan que sin duda, las juventudes están ahí y les consumen pese a las apatías políticas, aunque quizá esto no está ocurriendo de la manera más positiva.
 
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) publicada en junio del año pasado, en México hay al menos 93.1 millones de personas usuarias de Internet.  

El estudio reveló también que el grupo de edad que concentró el mayor porcentaje de personas usuarias de internet fue el de 18 a 24 años, con una participación de 95.1%, seguido del grupo de 25 a 34 años, es decir, que sin duda el Internet se encuentra claramente presente en el electorado joven, comparado con las estadísticas del INE.  

Con base en estos datos por supuesto que puede inferirse que las redes sociales juegan un papel fundamental en la toma de decisiones de este sector del electorado, que en su mayoría estará votando por primera vez (15% de la lista nominal, y en su conjunto, las juventudes de menos de 29 años conforman casi el 30%). 

Aunque pudiera ser una opción para que las candidaturas aprovechen estos formatos para compartir sus propuestas de formas creativas y breves, han utilizado las redes con fines de entretenimiento, y se han logrado posicionar en ellas más por sus banalidades que por proponer.

Se interesan más por compartir su camioneta nueva, hacer el baile viral o hacer videos en general "graciosos" (a su consideración o consideración de quien maneja las cuentas).

El problema es que las candidaturas no tienen la culpa, para esto han servido primordialmente las redes sociales, para entretener más allá de informar, y no hay quién le diga a las y los primeros votantes que la política no se trata de esto, sino de elegir de manera inteligente quiénes serán quienes administren sus entornos, sus municipios, estados, el País.

Poco a poco se irán dando cuenta de la importancia de esto mientras van creciendo y se den cuenta del mundo real, sin embargo, la tarea hoy es orientarles, en primer lugar, para que sean más exigentes con sus candidatas y candidatos, porque el proceso electoral no se trata de quien haga el video más viral o más criticado, sino de quién ofrece las propuestas más viables y cuáles son los mecanismos a utilizar para cumplirlas.

Otro dato a analizar es el que revela la  encuesta realizada a finales del año pasado por la multinacional de investigación IPSOS, de la mano de la UNESCO, en ocho países, en la cual se reveló que si bien las redes sociales son la vía principal de información para las sociedades (56%), por arriba de la televisión (44%), el 67% de las personas usuarias de Internet observa discursos de odio en línea, y la mayoría cree que es más frecuente que esto ocurra en Facebook (58%).  

Es decir, las redes sociales no están generando un debate de ideas, sino ataques de odio contra quienes no piensan igual, sumando así a la polarización y produciendo con ello un clima de confrontación y división en lugar de promover el consenso y la colaboración para resolver problemas comunes.

Esto sin duda también afecta la calidad de la democracia, pues dificulta la construcción de mayorías estables y la gobernabilidad efectiva, ya que, cuando los partidos y la ciudadanía están polarizados en extremo, es más difícil alcanzar acuerdos y políticas que beneficien al conjunto de la sociedad, pues al final del día, ninguna acción parecerá suficientemente buena, pues habrá quienes consideren que se privilegia a un sector dejando desprotegido a otro.

¿Qué hay que hacer entonces para ayudar a las jueventudes a exigir más calidad por parte de las candidaturas, menos videos sin chiste y se interesen más por el futuro de su ciudad, su estado y su País? Ahí la incógnita a resolver, puesto que lo único que interesa hoy día es obtener su voto, lo demás lo vemos (y lo padecemos) después.

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