Ideas

Reclamos policiales que vienen

Con motivos suficientemente claros hemos visto, atestiguado o hasta participado en protestas contra abusos y corrupción policial.

Pero lo que no hemos visto en el pasado reciente son manifestaciones ciudadanas para protestar y condenar los ataques a policías o a militares. Ni acompañamientos solidarios para sus familias, que quedan casi siempre en condiciones económicas precarias.

Por eso, un grupo de policías de diversas corporaciones está por decidir salir a la calle junto con los familiares de los uniformados caídos en la última semana, pese a la resistencia de sus mandos. Es tiempo, sin duda, de escuchar atentamente sus reclamos.

Sobre todo luego de que ninguna muestra de apoyo colectivo hubo, por ejemplo, cuando cuatro militares murieron calcinados en el municipio de Guachinango tras confiscar gasolina robada en 2014. Nada por el ataque a elementos de la Gendarmería en Ocotlán donde murieron cinco elementos en marzo de 2015, ni por el derribo de un helicóptero militar donde murieron seis uniformados federales el 1 de mayo de ese mismo año. Tampoco por la insólita y desalmada emboscada que, en diciembre de 2017, provocó la muerte de 15 policías estatales en San Sebastián del Oeste. En los últimos días, en el Área Metropolitana de Guadalajara cayeron otros seis policías municipales, entre ellos una mujer policía tapatía, y uno más estatal, sin que se dé ninguna muestra de respaldo a los policías caídos, a sus seres queridos y a sus corporaciones.

Esa actitud de indiferencia social deja claro cómo la infiltración delincuencial en las corporaciones federales, estatales y municipales, y los casos de policías cómplices detenidos, han eclipsado el trabajo de los buenos policías y desprestigiado cada día más la figura y el trabajo policial.

Las autoridades federales, estatales y municipales no podrán resolver el problema de la inseguridad y la violencia desbordada sin hacer algo para dignificar la carrera policial y recuperar la confianza ciudadana en las distintas corporaciones.

Sin mejorar las condiciones laborales y de capacitación de los uniformados no se podrá ni cubrir el déficit de elementos que padecen prácticamente todas las corporaciones, por los cada vez menos interesados en optar por este riesgoso oficio y por las bajas de quienes no pasan las pruebas de control y confianza, que dicho sea de paso, están lejos de haber servido para lograr la depuración policial que se pretende desde el sexenio pasado.

¿Qué estrategias y acciones concretas tienen las autoridades por asumir sus funciones para recuperar el prestigio de la figura del policía?

Si aún no lo tienen claro, bien harían en escuchar atentamente los reclamos y planteamientos policiales que muy pronto podrían estar exponiendo públicamente estos uniformados, que son a los que toca salir todos los días a enfrentar e improvisar ante los cada vez más frecuentes desafíos delincuenciales al Estado Mexicano, que cada día cobran más vidas de sus compañeros, sin que sus mandos y jefes gobernantes hagan algo para detener el desastre.   

jbarrera4r@gmail.com

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