Ideas

Impunidad insostenible

Sacrificamos la pluralidad política para el siguiente sexenio atados a la esperanza de que nuestros problemas quedarán resueltos. Hablemos de inseguridad. Al día de hoy, los mexicanos no podemos salir a las calles con certeza de que regresaremos con bien a nuestras casas.

No está en tela de juicio que la seguridad sigue siendo el tema de mayor preocupación para cualquier mexicano. Según una encuesta realizada por el Inegi, en diciembre de 2017 el 75.9% de la población consideró que vivir en su ciudad resultaba peligroso. ¿Cómo no va a ser así, si en México se cometen alrededor de 31 millones de delitos al año?

Sería iluso esperar a que se resuelvan mágicamente estos problemas a través de promesas políticas cuando nuestras bases son deplorables. En nuestro querido país actualmente 44 de 58 derechos humanos son violados sistemáticamente. Lo anterior resulta contrario al propósito primordial de cualquier Estado (el de asegurar el bienestar de sus ciudadanos). Esto significa que nuestro Estado no puede asegurarnos 75% de nuestros derechos fundamentales, lo que nos lleva a preguntarnos una vez más sobre su desempeño y eficacia.

Estamos siendo atacados día con día por una tormenta de delincuencia que seguirá empeorando si la siguiente administración no toma acciones drásticas. Si queremos un cambio sustancial, debemos exigirle al siguiente Gobierno que no descuide la capacitación, el sistema educativo y la competencia en los sectores públicos y privados por medio de incentivos de mejores salarios. El primer paso es entender que nuestros problemas nacionales no se pueden desvincular unos de otros, pues se encuentran totalmente entrelazados. No podemos hablar de inseguridad sin considerar impunidad, por ejemplo.

La impunidad la podemos entender como la falta de castigo a cualquier acto que contravenga la ley. En Jalisco el porcentaje de impunidad actualmente es de 99.3%. Al analizarlo, podemos llegar a la conclusión de que en nuestro Estado resulta prácticamente imposible derivar una sanción legal de un delito. La cifra causa tristeza, pero al mismo tiempo es una advertencia más de que no podemos seguir así. Si somos víctimas de un delito, cuan grave sea, ¿queremos  jugar con la probabilidad de caer en ese 0.7% de “justicia”? Adicionalmente, podemos imaginarnos perfectamente bien a quién se dirige ese mísero 0.7% de castigos a través de una frase de José Revueltas dentro del cual hace alusión al Palacio Negro de Lecumberri: “En este lugar maldito donde reina la tristeza, no se castiga el delito, se castiga la pobreza”.

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