Guardia Nacional ¿y qué más?
El mes más cruel en la historia del país en el que se convirtió junio con más de 2 mil 500 homicidios, fue la irónica recepción al inicio del despliegue de la Guardia Nacional el domingo pasado.
La escalada de prácticamente todos los índices criminales son la mejor prueba de que en estos primeros siete meses del Gobierno de la autollamada cuarta transformación su estrategia no ha servido para hacer frente a los grupos delincuenciales que ignoraron olímpicamente el llamado a portarse bien que les hizo el Presidente Andrés Manuel López Obrador cuando asumió la Presidencia el pasado 1 de diciembre.
Aunque desde la presentación en noviembre del 2018 de su Plan Nacional de Paz y Seguridad, quedó claro que la apuesta principal de López Obrador era la creación de este nuevo cuerpo policial, conformado por policías federales, militares y marinos, con mando militar, pese a la oposición de organismos nacionales e internacionales de Derechos Humanos, su operación por sí sola no tendrá efectos si no va acompañada de una verdadera coordinación con policías estatales y municipales, así como del resto de las acciones planteadas en el Plan.
De las limitaciones de la GN, el primero en referirlas fue el propio general Luis Rodríguez Bucio, comandante de la nueva corporación y quien aclaró el domingo no serán la panacea ni resolverán de inmediato la inseguridad que se padece en gran parte del territorio nacional.
Por eso es ya momento también de revisar qué está pasando con los otros nueve apartados en que dividieron su estrategia. Qué ha pasado con el combate a la corrupción, y cómo luego que el Congreso ya autorizó que se convierta en delito grave, va a contribuir a bajar la violencia. Dijeron que también ayudaría a reducir brechas salariales entre policías, ministerios públicos y jueces. ¿En qué va ese tema? ¿Qué se ha hecho para que el Poder Judicial Federal y de los estados combata la corrupción e impunidad?
Qué tanto han incidido los programas sociales y la entrega masiva de dinero, el respeto a los Derechos Humanos, y de la pretendida regeneración ética de la sociedad, para desincentivar la actividad delictiva.
Habían prometido desmantelar la política prohibicionista e impulsar la legalización del consumo de distintas drogas, como alternativa para combatir el poder corruptor y de fuego del narcotráfico, y nada se ha hecho.
Cómo han contribuido las acciones de amnistía y atención al tema de las y los desaparecidos para avanzar en la construcción de Paz, y qué se ha hecho para la recuperación y la dignificación de las cárceles, que casi en su mayoría siguen en manos de los autogobiernos delincuenciales a las órdenes de las mafias.
Sólo avanzando en todos estos frentes la Guardia Nacional tendrá alguna esperanza de que esta vez un cuerpo policial federal funcione.
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