Ideas

La normalización de “la plaza”; una estampa

El control del territorio por parte del crimen organizado no es una entelequia o un invento de los periodistas. Es una realidad que viven decenas de municipios en Jalisco y cientos en todo el país. En muchos rincones del país las policías municipales ya no existen y en muchos otros quisieran dejar de existir. Esta estampa pinta de cuerpo entero un fenómeno que las autoridades de todos los niveles, federal, estatal y municipal han normalizado.

En un pueblo de Jalisco, como tantos otros, se celebra la Navidad. Todo el pueblo está adornado y las calles cerradas porque habrá un desfile de las escuelas de la localidad; hay más niños de los que uno pudiera imaginar. Todos desfilan disfrazados con atuendos para la ocasión, unos vestidos de pastores, otros de duendes navideños, estos de rey mago, escenas de Belén o incluso vestidos de arbolitos de Navidad. El pueblo entero está en las calles. En la plaza junto al quiosco el Gobierno municipal ha montado un escenario para la puesta en escena preparada por la Dirección de Cultura. 

Es la misma plaza que hace unos meses tenía una tanqueta de la Guardia Nacional vigilando día y noche, pero la Guardia se fue a apagar fuegos a otro lado. En su lugar aparecieron jóvenes con un chaleco que reza “policía municipal”, pero no dice el nombre del municipio. Son cuatro, cada uno tiene una vestimenta distinta: uno lleva un traje de campaña negro, otro en azul, más parecido a un policía municipal, otro más trae un pantalón de camuflaje y el cuarto en color caqui. Van armados hasta los dientes. Una pistola al cinto, otras dos, una en cada pierna, más pequeñas, sujetas en musleras, y un fusil semiautomático, idéntico a los que traen los del Ejército, cruzado al pecho. Nadie recela de ellos. Un niño se acerca con familiaridad y le pide a uno de ellos que le muestre sus tatuajes. Sonriente, el guardia infla los bíceps y salta la figura tatuada con esmero en la piel. Los habitantes dan la misma explicación: están cuidando al “jefe de plaza” que vino a ver a su hija actuar en la puesta en escena del Ayuntamiento, pero no pasa nada, pues lo cuidan a él y nos cuidan a todos.

No pongo el nombre del pueblo porque da igual. Pudo haber sucedido en la sierra, en los valles, en la ribera del lago, en el sur del Estado o en los Altos de Jalisco. Las escenas se repiten: policías municipales incapaces de reaccionar ante bandas que tumban impunemente postes de videovigilancia en Chapala o en Tepatitlán, o que patrullan junto con los autos blindados del crimen organizado, los llamados monstruos, como si fueran una misma cosa, en Teocaltiche.

“La plaza”, como se le dice coloquialmente al grupo de poder que controla los pueblos o barrios, está totalmente normalizada, y con ello la derrota del estado de Derecho, asegurada.

diego.petersen@informador.com.mx

Temas

Sigue navegando