Ideas

De “motochambitas” y grilletes digitales

A menudo vemos la ciudad, pero no la vemos. Por ejemplo, ¿alguien ha reparado en las decenas, cientos, miles de jóvenes repartidores en moto? ¿Quiénes son? 

Con la pandemia aumentó la demanda de servicios de entrega de alimentos a domicilio vía plataforma digital. Se estima que hay más de medio millón de jóvenes repartidores en el país. 

Este modelo de negocio, gestionado por aplicaciones como Uber Eats, Rappi, Corner Shop o Didi Food, se basa en la llamada “economía colaborativa” que, a su vez, se funda en varios mitos. 

La Encuesta de Condiciones Laborales de Repartidores de Apps del Instituto de Estudios para la Desigualdad de la UdeG nos arroja luz sobre esta forma extrema de capitalismo digital. 

Le dicen al repartidor que en vez de trabajador es un “socio”, por lo que la empresa no brinda prestaciones básicas como seguro social, aguinaldo, vacaciones, pago de horas extras, etc.  

Le dicen al repartidor que es su propio “jefe”, pero casi una tercera parte trabaja siete días a la semana para completar un ingreso medio de 5 mil 751 pesos mensuales.

Le dicen al repartidor que además de ser su propio jefe, tiene libertad de horario para trabajar, pero las sanciones económicas más frecuentes son por negarse a tomar un viaje (muchas veces el repartidor lo rechaza debido a la inseguridad de la zona). 

Le dicen al “socio” repartidor que esta es una vía para ganarse un dinerito “extra”, pero más de la mitad realizan este trabajo como única fuente de ingreso. 

Le dicen al repartidor que sus ganancias dependen de su “autodisciplina” y el “esfuerzo personal”, pero esas dos palabras son sólo eufemismos de una forma de autoexplotación y empleo precario. 

Nos dicen que la economía colaborativa reduce el desempleo, cierto, pero nadie nos dice que en el fondo sólo genera un mercado laboral disfuncional: más empleos, peor pagados y sin prestaciones. 

En este renglón, los legisladores tienen una tarea pendiente: una gran reforma (España tiene una vanguardista) para que estos monopolios digitales garanticen los derechos laborales básicos a sus “socios”, que en realidad son empleados, que en realidad son casi esclavos ante la falta de alternativas dignas en el mercado laboral. 

De otra manera, sólo creamos condiciones laborales del siglo XIX con tecnologías del siglo XXI. O en otras palabras, sustituimos los grilletes físicos por grilletes digitales. 

jonathan.lomelí@informador.com.mx
 

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