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Alfaro confrontador vs Alfaro conciliador

Cuesta trabajo entender que sea la misma persona, el Enrique Alfaro confrontador, echado para adelante, aventando culpas y juicios sumarios a diestra y siniestra, el que pelea hasta cuando no es necesario, fajador y rey del espectáculo, y en la otra cara, el lado B del mismo disco, un Enrique Alfaro adulador, que suplica al presidente apoyos para vacunas y soluciones para el agua de Jalisco.

No es novedad. Ya habíamos escuchado esa melodía; ese es el tono que usa el gobernador cuando está frente al presidente. Sea porque sabe que es lo que le gusta escuchar a López Obrador, sea porque en el fondo Alfaro siente una gran admiración por el presidente, o porque cree que eso es lo mejor para Jalisco, lo cierto es que no es nuevo (me inclino a pensar que es una mezcla de las tres, pues es cierto que tiene una gran simpatía por el personaje y al mismo tiempo es un político pragmático que sabe de qué lado masca la iguana).

El problema de un tono como el que usó el domingo es que el gobernador se sumó al coro de aduladores, es que contradice desde las entrañas el discurso federalista que ha mantenido a lo largo de los últimos meses y en el que empeñó a un grupo de expertos para su desarrollo. Lo más contrario al federalismo fiscal es un gobernador pidiendo, suplicando, ayuda del soberano, de la federación, en un discurso público. Eso lo sabe el gobernador y lo saben sus colaboradores cercanos también empeñados en el discurso federalista. Entonces, ¿por qué lo hace?

El problema de un tono como el que usó el domingo es que el gobernador se sumó al coro de aduladores, es que contradice desde las entrañas el discurso federalista...

Hay dos posibles explicaciones. La primera, como decíamos, arriba es simple y llano pragmatismo. Si el presidente quiere que lo adulemos, si ese es el tono con el que hay que pedir, así lo hacemos. Para eso se es político, para tragar sapos y no hacer gestos. La segunda es que efectivamente hay un cambio en la relación de estos dos personajes a raíz de dos eventos políticos: el que MC no se haya sumado a la alianza opositora y la reunión, de la que supimos realmente muy poco, entre López Obrador y Alfaro en Palacio Nacional hace unas semanas.

Los que leyeron el abandono de la alianza como una traición (PAN y PRD) están ciertos de que Alfaro claudicó, y leen en algunas actitudes recientes frente a la alianza federalista la prueba inequívoca de ello. Los compañeros de partido de Alfaro no sólo sostienen que la alianza es impresentable (toda alianza tiene en el fondo algo de traición y mucho de pragmatismo) sino que, al convertirse en el tercero en discordia, en el fiel de la balanza para algunas decisiones, les permitirá tener mucho mayor manejo político (en cristiano eso significa negociar con sus votos en las cámaras un mejor trato para los estados y municipios donde tienen gobierno o intereses). Como sea, es claro que el discurso federalista no pasará, como sucedió con la Refundación, de un slogan de campaña.

diego.petersen@informador.com.mx

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