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Al narco, ni con el pétalo de un párrafo

Al igual que en su discurso formal de toma de posesión ante el Poder Legislativo y en el de su acto de purificación en el Zócalo donde enlistó 100 compromisos el pasado 1 de diciembre que asumió la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador volvió a ignorar olímpicamente, en su triunfalista y acrítico mensaje del lunes, el problema del narcotráfico en México, pese a ser una de las principales causas de la creciente violencia e inseguridad que se padece en el país.

Pese a que reconoció que uno de los retos pendientes es dar solución a estas dos problemáticas y que para ello se reúne todos los días a las seis de la mañana con su gabinete de seguridad, la única referencia que hizo a las mafias fue para reiterar que en su Gobierno no hay guerra contra el narco.

“Se terminó la guerra de exterminio contra la llamada delincuencia organizada. Ya no se permiten razias, ni masacres, ni la desaparición de personas. El Estado mexicano ha dejado de ser el principal violador de los derechos humanos; en vez de ello, se garantiza trabajo y bienestar a los jóvenes”. Esa fue la única mención.

El hecho de que el Gobierno de la autollamada cuarta transformación haya optado nuevamente por “desnarcotizar” su discurso, al igual que lo hizo hace seis años el Gobierno priista de Enrique Peña Nieto, devuelve la incertidumbre si se está apostando a una especie de “Pax Narca” que siempre termina por generar mayor violencia por el empoderamiento que dan a los grupos delincuenciales los acuerdos con la autoridad.

Estas dudas no le vienen nada bien al país ni al propio Gobierno amlista, no sólo porque coinciden con el despliegue de la nueva Guardia Nacional y esa falta de definición puede debilitar su arranque, sino porque pueden debilitar incluso su narrativa del cambio de régimen infiltrado por la delincuencia que ha prometido, por al menos cuatro razones: 1) El narcotráfico ha crecido producto de la corrupción que asegura ya no permite su Gobierno. 2) No haber referido el lunes este flagelo es más grave que no haberlo hecho el 1 de diciembre pasado, porque en sus siete meses de Gobierno los desafíos de la delincuencia organizada al Estado son cosa de casi todos los días y han provocado un alza inédita en los homicidios y prácticamente todos los índices delictivos. 3) El narco no sólo corrompe policías y gobiernos, sino ha logrado penetrar amplias bases sociales donde hay muchos de los beneficiarios de sus programas sociales, y 4) Esta ambigüedad en el combate al narco le puede abrir otro frente ante EU como ya lo es la migración, y con el que ya amagó Donald Trump en el caso de los aranceles.

El Presidente aseguró que en la defensa de las causas de la honestidad, la justicia y la democracia no iba a ser nunca un moderado, sino un radical. Para poner un alto a las mafias también urge que lo sea.

jbarrera4r@gmail.com

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