Acotar al poder en tiempos turbios
Ya se sabe que cuando hay río revuelto, aguas turbulentas, muchos caen en la tentación de querer llevar agua a su molino. A los que más les apetece meter mano y sacar raja es justamente a la clase política y gubernamental.
Eso pasa en México y en todo el mundo.
La pandemia del coronavirus, aún con toda su desconocida agresividad, lejos de atenuar esos apetitos personales y de grupo, ha despertado como en otros lamentables episodios esa sed inherente a quienes tienen como su principal motivación de vida la disputa del poder.
Ejemplos sobran. Está ahí el amago de antier del presidente Donald Trump de suspender el pago de cuotas de Estados Unidos a la Organización Mundial de la Salud (OMS) al reprochar que esa agencia de la ONU no les informó debidamente lo que sucedía en China para haber tomado decisiones más oportunas, en un claro intento de lavarse las manos por la tardía respuesta de su gobierno ante la pandemia. Si bien Estados Unidos es el país que paga la cuota más alta de los 194 países miembros, los pagos de todos apenas representan la cuarta parte del gasto de la OMS, el 75 por ciento restante viene de aportaciones voluntarias de fundaciones y de grandes firmas farmacéuticas. Por ejemplo, en 2015 Estados Unidos aportó 305 millones de dólares, y Bill Gates, el mayor patrocinador privado le donó 185 millones de dólares. Pero es claro que esa amenaza la lanzó Trump en medio de la pandemia que ha azotado a EU para paliar ese efecto de cara a la búsqueda de su reelección en noviembre próximo.
Lo mismo pasa con el Presidente Andrés Manuel López Obrador, quien en medio de la emergencia sanitaria y económica (que según el FMI, junto con Venezuela, México tiene al gobierno que más mal ha actuado), sale a victimizarse al quejarse de una campaña en su contra para volver a intentar aparecer en la boleta electoral en 2021, al pedir que se adelante la consulta sobre su revocación de mandato, ante la baja de popularidad suya y la de su partido Morena.
No se quedan atrás los súbitos afanes de revisión del Acuerdo de Coordinación Fiscal que, por el tono de algunos gobernadores de oposición, rayan en pretensiones separatistas ante una presidencia debilitada.
Por eso, la contingencia provocada por el COVID-19 le significará también el reto a la humanidad, especialmente desde la sociedad civil, de articular esfuerzos que contrarresten y acoten estas ambiciones de poder que polaricen a las comunidades, justo en el momento que se requiere la solidaridad y la unidad para no hacer crecer la catástrofe.
Porque la diferencia del tamaño del daño la determinará sin duda el grado en que las sociedades dejen o no que estos abusos y oportunismos se cometan, y en qué medida sean castigados con el repudio social.
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