AMLO, economía y clases medias
El presidente con la espada desenvainada, desatado, atacando a los mismos de siempre, pero con mayor vehemencia. En los últimos días atacó al Poder Judicial. No a un juez por una sentencia específica, sino a todos por parejo; es, dijo, un poder podrido y conservador (conservador pasó de ser una categoría política a un insulto). Atacó al INE y al Tribunal Electoral, no se salva ninguno, dijo, ni siquiera los que nombró recientemente el Congreso con el aval de su partido y la venia de él mismo; hay que moverlos a todos, sentenció. Volvió a cargar contra la prensa que no le gusta; no van a sobrevivir, vaticinó. Atacó de nuevo a la clase media a la que calificó de “egoísta, clasista, racista y ladina”. Nada nuevo, pero todo junto.
¿Cuál es la lógica del presidente de abrir tantos frentes simultáneamente? Cuesta trabajo entender esa forma de azuzar al enemigo. Una explicación, la más socorrida, es la necesidad de polarización. El presidente sabe que, en la disyuntiva de su gobierno o el pasado, los otros o yo, todavía sale ganando. Otra hipótesis, también recurrente, es que el presidente ataca permanentemente para obligar a la opinión pública a hablar de los temas que él propone y no de los problemas de su gobierno. Frente al momento crítico de la pandemia y los problemas económicos del país el presidente quiere hablar de los otros poderes; frente a los problemas del presente insiste en que hablemos del pasado corrupto.
Lo importante no es la economía familiar, sino los valores, una sentencia arriesgada, pero lógica de quien sabe que la herencia de este sexenio no será una mejor economía
Lo que tiene poca lógica política es que siga arremetiendo contra las clases medias. Entendiendo que lo que busca es polarizar, estigmatizar a quienes por la razón que sea no votaron por él o no refrendaron el voto a Morena en 2021, la clase media urbana es y seguirá siendo el bloque decisivo de una contienda electoral. Modelar a las clases medias, hablar de la creación de una clase media “humanista” implica de entrada que las de ahora no lo son, lo cual no sólo es arriesgado, sino que no pocos lo leerán como un insulto. Si a eso agregamos la retahíla de adjetivos que el presidente ha endosado a la clase media claramente se trata de una provocación, de una forma de tomar distancia.
López Obrador ha insistido que su discurso es una permanente pedagogía política. ¿Cuál es el mensaje a las clases medias que sí creen en él, que siguen pensando que su gobierno tiene sentido y el rumbo es el correcto? El primero es que no hay que identificarse con la clase media, sino con el pueblo. El segundo, y quizás ahí esté la clave de tanto adjetivo, es que lo importante no es la economía familiar, sino los valores, una sentencia arriesgada, pero lógica de quien sabe que la herencia de este sexenio no será una mejor economía.
diego.petersen@informador.com.mx