* Dilema
Situaciones como las que confrontan actualmente Guadalajara y América —los equipos más populares de México, dicho sea de paso—, de tener que disputar dos torneos de manera simultánea (la Liga local y la Copa de Campeones de la Concacaf), implican, supuestamente, un conflicto de intereses; un dilema que, al decir de algunos observadores, eventualmente pone a los dirigentes de esos equipos en la difícil coyuntura de tener que optar por uno… y desentenderse del otro.
*
De entrada, vale destacar que decir que la exigencia de disputar varios torneos de manera simultánea no es privativa de los equipos mexicanos. En Europa —el punto de referencia obligado—, en casi todos los países se juega la Liga y un equivalente de la Copa; adicionalmente, los mejores equipos tienen la legítima aspiración de participar en torneos como la Champions o la Europa League, consideradas —la primera, sobre todo— como las competencias de mejor nivel y más prestigiosas del futbol mundial.
En el caso de los clubes mexicanos, y en el particular de los dos que siguen vivos en la llamada “Concachampions” (el Guadalajara, que tomó ventaja mínima sobre el Red Bulls de Nueva York, y el América que regresó de su visita a Toronto herido, aunque no de muerte), hay la motivación implícita en ese certamen: ganarlo para participar en el llamado Mundial de Clubes… aun a sabiendas de que su sistema de competencia otorga privilegios a los representantes de la UEFA y la Conmebol, y condena virtualmente a los de las otras confederaciones a desempeñar el papel de carne para los leones.
*
Participar en dos (y eventualmente hasta tres) torneos de manera simultánea, incrementa el desgaste y acrecienta el riesgo de lesiones… aunque implica, por contrapartida, ganar prestigio y acceder a beneficios económicos nada despreciables, tanto para los equipos como para los jugadores.
Así, aunque seguramente los dirigentes —los directores técnicos, sobre todo— deben pagar el precio de las noches de insomnio invertidas en devanarse las meninges buscando fórmulas que les permitan administrar los recursos humanos de que disponen en sus plantillas, queda claro, primero, que los equipos que llegan a esas incumbencias tienen jugadores en la cantidad y de la calidad deseables para hacerles frente; y segundo, que es preferible ser de los pocos que tienen que pasar por esos predicamentos, que resignarse a ser uno más en la inmensa masa de los mediocres.