- ¡Eureka: "Operativos"...!
Dispuestas, al menos en el discurso, a “erradicar la violencia” que se ha vuelto cotidiana en toda la Zona Metropolitana de Guadalajara, aunque se manifiesta de manera más continua y más notoria en algunas colonias de Tlaquepaque, las autoridades cavilaron, reflexionaron, deliberaron… y encontraron, por fin -“¡Eureka…!”- la solución: implementar “operativos”.
-II-
Entendidos como mecanismos orientados a acometer una acción, habría que suponer que dichos “operativos” consistirían en estrategias de inteligencia y patrullaje aplicadas, primero, a prevenir, y después, a investigar los delitos. Si se trata de “erradicarlos” (el verbo significa “arrancar de raíz”), es obvio que cuando la Policía sea tan eficaz que consiga detener al delincuente en cuestión de minutos o de horas, y el sistema judicial logre identificarlo, aprehenderlo, procesarlo y sentenciarlo en forma expedita, una y otro habrán sentado las bases para disuadir la realización de conductas similares.
Si usted, lector amable, ha tenido la curiosidad -o el morbo- de dar seguimiento a las notas relacionadas con asesinatos a través de los medios electrónicos, habrá reparado en el patrón (o “machote”) de casi todos los reportes: “A raíz de una denuncia -anónima, generalmente-, se desplazó la unidad equis a tal domicilio; al arribo de sus elementos, se percataron de la presencia del cuerpo de un (o dos, o más) masculino(s), de edad(es) aproximada(s) de tantos años, que no presentaba(n) signos vitales, por lo que se procedió al acordonamiento de la zona…”.
-III-
En efecto: la regla generalizada es que la Policía -insuficiente en número e impreparada técnicamente- llegue demasiado tarde a “el lugar de los hechos”… que no siempre corresponde, por cierto, a “la escena del crimen”. Los peritos forenses carecen, por tanto, en la generalidad de los casos, de testimonios, huellas o indicios que orienten el rumbo de la investigación.
Por lo demás, en la etiología (estudio sobre las causa de las cosas) de la criminalidad, está la clave. El diagnóstico de Javier López Ruelas, comisario de Tlaquepaque (“Milenio”, II-28-19, p. 10), da en el blanco: “Es (en las diez colonias del municipio en que se han encendido los focos rojos y se proyecta aplicar los ‘operativos’) la falta de alguna autoridad en la familia, la prostitución (…), la drogadicción…”.
La conclusión cae por su propio peso: la criminalidad, más que una enfermedad, es un síntoma de la descomposición social; y mientras no se apliquen medidas eficaces para combatir la causa, difícilmente se conseguirá “erradicar” -como se pretende- sus funestos efectos.