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Guadalajara, en el mapa del golf mundial

El Lorena Ochoa Invitational transformó a la ciudad en el principal punto de reunión para las mejores jugadoras del mundo

Jalisco tiene una larga tradición como semillero de talento deportivo y, en buena medida, la posibilidad de que el Estado sea considerado como una sede atractiva para eventos internacionales de alta jerarquía también se explica por la capacidad de sus propios atletas para trascender fronteras. 

Cuando un deportista jalisciense alcanza la cima de su disciplina, no solamente pone en alto el nombre del Estado, sino que también puede abrir la puerta para que el mundo voltee su mirada hacia este punto. Uno de los ejemplos más claros es el de Lorena Ochoa, considerada la mejor golfista mexicana de todos los tiempos y una de las grandes figuras que ha producido el deporte jalisciense. 

La tapatía no solamente construyó una carrera extraordinaria dentro de la LPGA, sino que aprovechó el peso que adquirió dentro del circuito para conseguir algo que parecía reservado para las grandes figuras internacionales: crear un torneo profesional con su propio nombre y llevarlo hasta el lugar que la vio crecer.

La historia comenzó a tomar forma en 2007 cuando Ochoa alcanzó el número uno del mundo y consolidó un reconocimiento que trascendía sus resultados deportivos. Su condición de máxima figura del golf femenil le permitió plantear ante la LPGA un proyecto que durante años había tenido en mente, que era organizar un torneo en su ciudad natal y reunir a las mejores jugadoras del planeta.

La propia LPGA confirmó en noviembre de 2007 que el Lorena Ochoa Invitational se incorporaría a su calendario para la temporada siguiente, con sede en el Guadalajara Country Club, el campo donde Ochoa se formó como golfista. 

En aquel momento, el proyecto no era solamente un torneo más. Era la consecuencia directa de una carrera que había llevado a una joven tapatía desde los campos de Guadalajara hasta la cima del ranking mundial.

Por eso, cuando Guadalajara comenzó a conocer los detalles en septiembre del 2008 de lo que sucedería apenas dos meses después, la noticia tenía un significado especial. El Informador resumiría dicho acontecimiento con una frase que retrataba perfectamente la personalidad de Ochoa: “Cuando la mexicana Lorena Ochoa se propone algo generalmente lo consigue”.

Annika Sorenstam. Una de las mejores jugadoras de la historia engalanó el campo del Guadalajara Country Club. EL INFORMADOR/Archivo

Guadalajara recibió a la élite mundial

El escenario no podía ser más simbólico. Ochoa regresaba al campo que conocía desde sus primeros pasos en el golf para convertirse ahora en la anfitriona de un torneo oficial de la LPGA, algo que muy pocas deportistas pueden presumir.

Sin embargo, Lorena Ochoa no pudo coronar el torneo que llevaba su nombre y terminó en la decimocuarta posición con 284 golpes, mientras que la estadounidense Angela Stanford se convirtió en la primera campeona del certamen. 

Aquella definición fue digna de un torneo que pretendía instalarse entre los grandes acontecimientos del golf femenil, ya que Stanford llegó a la última ronda con la presión de la sueca Annika Sorenstam, una de las máximas figuras del golf mundial en ese momento.

En la tercera ronda, Sorenstam había conseguido acercarse a un golpe de la estadounidense después de una espectacular tarjeta de 67 golpes, mientras Stanford se mantenía en la cima.  Finalmente, Stanford resistió y levantó el trofeo inaugural con 275 golpes, uno de ventaja sobre Brittany Lang y Annika Sorenstam.

Angela Stanford. La estadounidense fue la primera campeona del torneo, en 2008. EL INFORMADOR/Archivo

Un sueño que necesitaba primero convertirse en realidad

Ochoa sabía que para solicitar un torneo propio necesitaba tener un peso específico dentro de la LPGA. No bastaba con ser una jugadora mexicana destacada ni con tener una carrera prometedora. El proyecto necesitaba de una figura capaz de convencer al circuito de que Guadalajara podía convertirse en una parada importante del calendario.

Ese argumento llegó con resultados en 2007, cuando la tapatía alcanzó el número uno del mundo y ganó su primer Major, el Abierto Británico. Para 2008, ya había conquistado otro torneo grande y continuaba como una de las grandes referentes del circuito. El Informador registra que Ochoa terminó aquel 2008 con siete victorias y 17 resultados dentro del Top 10. 

El Lorena Ochoa Invitational no nació con una ocurrencia, sino que fue consecuencia de la culminación de una idea que la tapatía había trabajado durante años. La LPGA aceptó el proyecto y la Perla Tapatía quedó incluida en el calendario internacional. Así, en noviembre de 2008, el Guadalajara Country Club se vistió de gala.

La ciudad recibió a 36 de las mejores golfistas del mundo para disputar la primera edición del LOI. El reducido field era parte de la identidad del certamen, ya que la competencia reunía a una selección de las principales jugadoras del circuito, con las cinco mejores del ranking mundial entre las invitadas y un grupo adicional de las mejores de la lista de ganancias de la LPGA.

Seis años con las mejores del mundo

El Lorena Ochoa Invitational consiguió mantenerse durante seis ediciones en Guadalajara, de 2008 a 2013. En ese periodo, el Guadalajara Country Club recibió año tras año a algunas de las figuras más importantes del golf femenil internacional. 

Y hubo un detalle que hizo todavía más especial aquella etapa, en cada una de las seis ediciones hubo una campeona diferente. Después de Angela en 2008, llegó el turno de Michelle Wie en 2009. La estadounidense de origen hawaiano consiguió en Guadalajara uno de los triunfos más importantes de su carrera al conquistar su primer título dentro de la LPGA. 

En 2010, la corona fue para la coreana In-Kyung Kim, quien estableció además el récord del torneo de 72 hoyos al finalizar con 269 golpes, 19 bajo par. La edición de 2011 tuvo como campeona a la escocesa Catriona Matthew, mientras que en 2012 la estadounidense Cristie Kerr protagonizó una definición espectacular para quedarse con el título por apenas un golpe. 

La despedida de Guadalajara llegó en 2013 y tuvo como protagonista a una joven Lexi Thompson, quien con apenas 18 años se convirtió en la campeona más joven del torneo hasta entonces. Thompson terminó con 272 golpes, 16 bajo par, para superar por un golpe a Stacy Lewis.

Lexi Thompson. La jugadora estadounidense fue la última campeona en suelo tapatío en 2013. EL INFORMADOR/Archivo

El final de la etapa tapatía

Sin embargo, después de seis años llegó el momento de despedirse, ya que a partir de 2014, el Lorena Ochoa Invitational dejó Guadalajara y se trasladó al Club de Golf México, en la Ciudad de México, debido a que el gobierno de Jalisco no continuó con el patrocinio para el evento, obligando a Ochoa y a la LPGA a buscar una nueva sede. 

El cambio permitió que el torneo sobreviviera durante algunos años más, pero significó el final de una etapa irrepetible para Guadalajara. En la capital del país, se alzaron con la victoria Christina Kim en 2014, Inbee Park en 2015 y Carlota Ciganda en 2016. 

Para 2017 llegó la última edición. El certamen cambió su formato de stroke play a match play y pasó a llamarse Lorena Ochoa Match Play. La competencia reunió a 64 jugadoras y tuvo como campeona a la surcoreana Sei Young Kim, quien derrotó a Ariya Jutanugarn en la final. 

El legado de Lorena Ochoa para Jalisco

Hablar del Lorena Ochoa Invitational es, en realidad, hablar de la capacidad que puede tener el talento local para transformar a una ciudad en escenario internacional, porque Guadalajara no consiguió aquellas seis ediciones únicamente por tener un campo de golf de primer nivel. 

Las consiguió porque una deportista nacida en esta tierra llegó hasta la cima del mundo, obtuvo el reconocimiento suficiente para sentarse con la LPGA y plantear un proyecto propio.

El torneo fue posible porque antes existió una Lorena Ochoa capaz de ganar, de convertirse en número uno y de construir una reputación que le permitió pedir algo que parecía extraordinario, que Guadalajara fuera la casa de un torneo de la LPGA.

El caso de Ochoa demuestra que la capacidad de un estado para albergar grandes eventos deportivos no depende únicamente de su infraestructura. También está relacionada con el talento que emerge de sus entrañas, con atletas capaces de alcanzar la élite y con figuras que, una vez que llegan a ella, pueden abrir nuevas puertas.

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