Jalisco

El sueño matemático de Carlos, Paola y César

Estudiantes jaliscienses obtuvieron su clasificación a la Singapore International Math Olympiad Challenge y ahora buscan reunir los recursos para viajar y representar a México

Las matemáticas cambiaron el rumbo de sus vidas mucho antes de imaginar un viaje al otro lado del mundo. Carlos Toscano, Paola Ríos Quevedo y César Andriy forman parte de la delegación mexicana que competirá del 17 al 21 de julio en la SingaporeInternationalMathOlympiadChallenge (SIMOC), luego de años de preparación y destacados resultados en competencias nacionales e internacionales. Ahora, junto con sus familias, enfrentan un reto distinto: reunir los recursos necesarios para convertir esa clasificación en un viaje y representar a México en uno de los encuentros académicos más importantes del mundo.

Carlos Toscano, estudiante del CONALEP de Tapalpa, integra una delegación de más de 200 niñas, niños y jóvenes mexicanos que lograron su pase tras sobresalir en diversas olimpiadas de matemáticas. Durante cinco días, Singapur reunirá a estudiantes de más de 30 países en una competencia donde las matemáticas dejan de ser solo una materia escolar para convertirse en un lenguaje común entre culturas.

Para Carlos, sin embargo, el viaje comenzó mucho antes de recibir la invitación. “Simplemente las matemáticas se me facilitaban y me gustaban desde la primaria”, recuerda en entrevista con EL INFORMADOR. Aquella facilidad encontró un cauce cuando comenzó a participar en la Liga de Matemáticas del Estado de Jalisco (LIMATEJ), un programa que acerca a estudiantes de primaria y secundaria al mundo de las olimpiadas académicas.

Desde entonces, las competencias se volvieron parte de su vida. Conocer a otros jóvenes que habían representado a México en Singapur convirtió ese sueño en una meta propia. Hoy está a unas semanas de cumplirla. “Hace algunos años empecé a conocer personas, algunas mayores que yo y otras incluso menores, que habían tenido la oportunidad de representar a México en Singapur dentro de esta olimpiada. Cuando conocí sus historias me propuse que algún día yo también quería llegar hasta ahí y representar a mi país”.

Carlos Toscano. El estudiante del CONALEP de Tapalpa dice estar emocionado ante el reto que enfrentará en Singapur. ESPECIAL

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Diez horas de entrenamiento y la escuela

Detrás de una clasificación internacional hay años de preparación. Carlos dedica unas diez horas semanales al entrenamiento matemático, entre sesiones con tutores y práctica individual, además de cumplir con las exigencias del bachillerato. Conciliar competencias, escuela y vida personal, reconoce, requiere una organización constante.

“Siempre estás preparándote para algún examen. Hay competencias regionales, estatales, nacionales e internacionales durante buena parte del año”, explica. “Hay semanas en las que los profesores dejan proyectos muy pesados y, además, tengo que seguir estudiando para las olimpiadas. Entonces hay que organizarse para que todo pueda encajar. A veces simplemente no queda tiempo para descansar. Con mis amigos, de vez en cuando tengo oportunidad de salir y disfrutar un rato, pero sí requiere mucha organización”, agrega.

Más allá del conocimiento, las olimpiadas también ponen a prueba la paciencia. Ante un problema difícil, Carlos aprendió que a veces la mejor estrategia es detenerse y volver más tarde. “Primero le dedico varias horas. Si veo que no logro resolverlo, lo dejo un tiempo y continúo con otros ejercicios. Después regreso. Muchas veces, mientras estás resolviendo otra cosa, aparece una idea que antes no habías visto”.

De Tapalpa al otro lado del mundo

Hasta hace poco, Singapur era apenas un punto lejano en el mapa. Ahora representa el mayor reto académico de su vida; Carlos nació y creció en Tapalpa y representar a su municipio en una competencia internacional tiene un significado especial.

“Todavía siento que no termino de dimensionarlo. Literalmente está al otro lado del mundo”, confiesa. “Aquí no hay tanta gente, tantos carros ni tanto ruido. Aunque en los últimos años, o incluso meses, ha habido algunos sucesos violentos, normalmente es un lugar tranquilo donde he podido vivir bien. No esperas que algo así como ir a Singapur suceda tan pronto”.

La clasificación no movilizó únicamente a Carlos. En casa, la conversación cotidiana comenzó a girar alrededor de pasaportes, vuelos, documentos y trámites internacionales. “Todo está enfocado en preparar el viaje”, explica.

Su padre, Carlos César Toscano, observa el momento con una mezcla de orgullo y responsabilidad. “Nosotros veíamos desde hace tiempo su avance y pensábamos que tarde o temprano podía llegar una oportunidad como ésta. Sí nos tomó por sorpresa porque uno nunca está completamente preparado para todo lo que implica un viaje internacional, pero razones para apoyarlo sobran.” Más allá del resultado que obtenga en Singapur, considera que la experiencia representa una oportunidad de formación difícil de reemplazar. “El simple hecho de competir a este nivel le abrirá una perspectiva mucho más amplia del mundo, de otras culturas y de otros sistemas educativos”.

Su madre, Adriana de la Torre Ruiz, coincide. “Han sido muchos años de esfuerzo. Desde la primaria vimos que era un niño muy dedicado. Cada vez que participaba en competencias demostraba constancia y disciplina para conseguir lo que se proponía. Ahora verlo llegar hasta aquí y saber que viajará tan lejos nos llena de orgullo. Esperamos que disfrute muchísimo la experiencia y, si es posible, que también regrese con una medalla”.

Obtener un lugar en la delegación mexicana no garantiza poder viajar. Aunque algunos estados ofrecen apoyos económicos parciales, muchas familias deben reunir recursos para cubrir boletos de avión, hospedaje, alimentación y otros gastos. Por ello, Carlos forma parte de la iniciativa nacional “Pequeñas y pequeños genios mexicanos rumbo a Asia”, impulsada a través de GoFundMe, donde decenas de estudiantes buscan financiar su participación en la olimpiada. La campaña de su familia aparece como "Ayudemos a Carlos a llegar a SIMOC 2026", una invitación abierta para quienes deseen respaldar el viaje.

La Singapore International Math Olympiad Challenge va más allá de resolver problemas de forma individual. Tras las primeras pruebas, los participantes integran equipos con estudiantes de distintas nacionalidades para enfrentar desafíos matemáticos en conjunto. Más que premiar el conocimiento, la competencia busca fomentar el trabajo colaborativo entre jóvenes de diferentes culturas. Carlos ya piensa en ese momento, donde los nervios también conviven con la ilusión.

“Sí estoy nervioso porque será mi primera competencia internacional en otro país. Habrá participantes de muchos lugares diferentes. Creo que sí puedo conseguir una medalla. Vamos a intentarlo”.

Más de 15 mil kilómetros separan Tapalpa de Singapur, así como océanos, idiomas y husos horarios. En unos días, Carlos dejará las montañas del sur de Jalisco para convivir con estudiantes de más de 30 países unidos por un mismo lenguaje: las matemáticas. Después regresará a casa, quizá con una medalla, quizá con una experiencia que pocos estudiantes mexicanos tienen la oportunidad de vivir. A sus 15 años, ese viaje ya representa uno de los mayores desafíos y logros de su vida.

Paola Ríos Quevedo. La estudiante visitó las instalaciones de EL INFORMADOR; posa con una de las varias medallas que ha ganado. EL INFORMADOR/J. Acosta

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La ecuación de una meta

Las matemáticas les han abierto puertas que pocos imaginan. A Paola Ríos Quevedo la llevaron, antes de cumplir los 11 años, a competir en Colombia e Indonesia. A César Andriy, de 17 años, le permitieron recorrer Singapur, Turquía y Alemania mientras representaba a México en olimpiadas internacionales. Este julio volverán a coincidir en un mismo destino: la SIMOC.

Aunque pertenecen a generaciones distintas, Paola y César comparten el mismo camino: preparación, apoyo familiar y el desafío de financiar el viaje. En el caso de Paola, el gusto por las matemáticas apareció desde primero de primaria. “Desde entonces me iba muy bien en la escuela”, recuerda en entrevista con EL INFORMADOR.

Desde los ocho años participa en olimpiadas de matemáticas y tecnología. En noviembre de 2025 obtuvo la medalla de oro en la final internacional de Infomatrix, celebrada en Colombia, con el proyecto “Un sismo en la playa”. Ese mismo año ganó el primer lugar en ONMAPSyB y, en febrero de 2026, consiguió la medalla de plata en la Komodo Global Round, realizada en Indonesia, resultado que le abrió la puerta a una invitación para competir en Australia. Sin embargo, el viaje no pudo concretarse por falta de recursos económicos. Ahora se prepara para Singapur, mientras combina la escuela con sesiones de entrenamiento que se intensifican conforme se acerca la competencia. “Sí implica dedicarle más tiempo. Cuando se acercan las competencias practico mucho más”, explica. 

Su padre, Marco Antonio Ríos Cortés, explica que la preparación se organiza sin perder de vista que Paola sigue siendo una niña. Dedica entre ocho y diez horas semanales al entrenamiento, aunque la familia procura que también tenga tiempo para jugar, convivir con sus amigos y disfrutar su infancia. “Hay ocasiones en las que preferimos que no vaya a entrenar porque tiene una fiesta infantil o quiere convivir con sus amigos. También nos interesa que esto no se convierta en una carga. Cuando se acercan las competencias sí aumentan bastante las horas de práctica.”

Las olimpiadas también transformaron la dinámica familiar. Viajes, entrenamientos y filtros obligan a reorganizar horarios y actividades. “Tenemos otro hijo, así que lo más complicado es acomodar las agendas de toda la familia. Mi esposa y yo trabajamos, así que más que un sacrificio, es una reorganización constante.”

Pese a los resultados, la mayor parte de los gastos corre por cuenta de la familia. “También hemos solicitado apoyos, pero hasta ahora no hemos recibido alguno. La mayor parte del viaje la financiamos nosotros mismos y mediante campañas de recaudación”.

César Andriy. Actualmente estudia la carrera de Tecnólogo en Química en Procesos y Biotecnología. EL INFORMADOR/J. Acosta

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“Desde siempre me han gustado las matemáticas”

César Andriy siempre disfrutó resolver problemas, aunque fue una maestra quien descubrió que ese gusto podía convertirse en una trayectoria competitiva.

“Desde siempre me han gustado las matemáticas, aunque yo no notaba que fuera bueno; más bien eran los demás quienes me lo decían”, recuerda. “En quinto de primaria una maestra me invitó a inscribirme en una competencia y fue ahí cuando empecé.”

Actualmente estudia la carrera de Tecnólogo en Química en Procesos y Biotecnología en el Centro de Enseñanza Técnica Industrial (CETI). Este año obtuvo la medalla de plata en la Singapore and Asian Schools Math Olympiad (SASMO), resultado que le dio el pase para representar a México en la SIMOC.

Su preparación consiste en resolver exámenes de ediciones anteriores y aprender a administrar el tiempo durante la prueba. Aunque reconoce que la trigonometría sigue siendo uno de sus mayores retos, los problemas de lógica son sus favoritos.

“Últimamente he estado practicando con exámenes de años anteriores para darme una idea del tipo de problemas que pueden aparecer. En estas competencias muy pocas personas logran resolver todas las preguntas. Cuando me topo con una difícil, paso a la siguiente”, comparte.

Para su madre, Jessamyn Jiménez Delgado, las olimpiadas transformaron la vida de toda la familia. “Ha sido, literalmente, una bendición. Nos cambió la vida. Este será el quinto viaje internacional y también el último año en que él puede competir por cuestión de edad. Eso lo vuelve muy significativo para nosotros.”

Sin embargo, asistir a Singapur nunca estuvo asegurado. “Habíamos decidido no ir porque el costo era muy alto. Como familia fue una decisión muy difícil, porque uno piensa: ‘¿Cómo voy a dejar que mi hijo no cumpla sus sueños por cuestiones económicas?’. Al final decidimos asumir el compromiso porque representa el cierre de una etapa que realmente transformó nuestra vida.”

Durante estos años, la familia ha reorganizado su rutina alrededor de entrenamientos y competencias. “No lo veo como un sacrificio, sino como adaptar la agenda familiar. Hay temporadas en las que todos los sábados están ocupados con entrenamientos, competencias o filtros. También buscamos un equilibrio porque siguen siendo jóvenes; necesitan convivir con la familia, hacer deporte y descansar”.

Las olimpiadas también le han permitido conocer otras culturas. Gracias a ellas, César ha viajado a Singapur, Turquía y Alemania, algo que ya forma parte de su vida. “Me siento bien. La verdad es que no sé cómo sería no vivirlo, porque para mí ya forma parte de mi vida.”

Su madre lo vive desde otra perspectiva. Cuando era joven soñaba con estudiar Turismo y recorrer el mundo, un proyecto que dejó de lado al convertirse en mamá.

“Siempre pensé que haría lo mejor posible con las herramientas que tuviera. Ahora siento muy bonito ver que ese sueño se está cumpliendo de otra manera. En algún momento mi sueño era conocer el mundo y hoy lo hago de la mano de mi hijo. Hemos vivido experiencias maravillosas”.

Ahora, el siguiente reto ya no se resolverá con ecuaciones. El costo de los vuelos, el hospedaje, la alimentación y las inscripciones supera las posibilidades económicas de ambas familias, que han recurrido a campañas de recaudación para completar el presupuesto. Mientras llega el viaje, Paola y César continúan haciendo lo mismo que los llevó hasta ahí: sentarse frente a un problema, buscar una solución y volver a intentarlo hasta encontrarla.

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