Ribera del Duero: pasión, tradición y excelencia en cada copa
Es una zona de larga tradición agrícola, donde la tierra exige un trabajo duro para dar sus frutos. Pero cuando los da, lo hace con personalidad, como sucede con sus vinos
Pasión. Cada botella que llega desde Ribera del Duero hasta nuestras mesas tiene una buena dosis de pasión, aunque claro, eso no aparece en la etiqueta. Pero es fácil sentirla en boca y nariz, al agitar la copa y al dejar que el caldo respire y evolucione ante nosotros.
En un mapa, encontraremos a Ribera del Duero al Centro-Norte de España, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Es una zona de larga tradición agrícola, donde la tierra exige un trabajo duro para dar sus frutos. Pero cuando los da, lo hace con personalidad, como sucede con sus vinos.
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“En Ribera del Duero todos sus vinos tienen eso: Personalidad”, afirma Almudena Alberca, enóloga española que ostenta el título Master of Wine, una de las certificaciones más prestigiosas a nivel global otorgada a aquellos que tienen dominio absoluto en campos como la enología, catas, viticultura y su industria.
Almudena detalla algunas razones por las que los vinos que nacen en Ribera del Duero se distinguen de otras regiones productoras de España: “El clima que tiene la zona, tan extremo y continental (puede llegar a más de 40° centígrados en verano), hace que todo tenga mucho carácter. Como sucede con el vino ocurre con la comida: Queso curado, morcilla, pimentón, chorizo y mucho ajo. Los sabores castellanos son regios”.
Regios, como su uva estrella: la variedad Tempranillo, que le otorga el color, aroma y cuerpo característicos a los vinos de la zona. Si bien es la uva estrella, no es la única, pues también se cosecha la Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec y Garnacha tinta, así como la uva blanca Albillo Mayor.
Almudena detalla que en copa, el vino de Ribera del Duero es generoso con el sibarita que sabe beberlo sin prisa, disfrutando y “dándole tiempo para desdoblarse. Al hacerlo, el resultado es sorprendente”.
Alberca forma parte de una comitiva del Consejo Regulador de la Denominación de Origen de Ribera del Duero, que visitó México para labores de promoción y difusión de este caldo en días pasados. “Sabemos que en México, por ejemplo, los tintos de nuestra región son muy populares, pero también contamos con excelentes etiquetas de rosados”.
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Romper los mitos
Es cierto. Alrededor del vino hay múltiples rituales. Desde el cómo descorchar una botella hasta la temperatura ideal a la que debe ser servido. Esta aura de solemnidad forma parte de su encanto, pero Almudena señala que también es importante romper mitos.
“Uno de estos mitos es que solamente el vino tinto domina las mesas. Y creo que la tendencia demuestra que poco a poco el consumidor se abre a más variedades. Que se está ampliando el mercado para vinos ligeros, de variedades de piel fina como el Pinot Noir”.
Y como hay mitos, hay preguntas que siempre aparecen en la sobremesa, como ¿cuál es el mejor vino? Almudena sonríe y señala que cada persona lo determina según su gusto, la ocasión y el momento. “Qué aburrida sería la vida si siempre tomáramos el mismo tipo de vino”, agrega con una sonrisa.
No se trata de que el más caro o el de la añada más amplia sean mejores. “Lo que vale en el vino es beberse aquello que te guste, que además al hacerlo apoyas a toda una industria que inicia con la gente del campo”, remata la Master of Wine, mientras el líquido carmesí de una etiqueta de Ribera del Duero se apodera lentamente de una copa.
Lo básico
- Las etiquetas de los tintos
- Cosecha: Pasa 3 meses en barrica.
- Crianza: El vino pasa 12 meses en barrica de roble y otros 12 meses en botella.
- Reserva: Su envejecimiento mínimo es de 36 meses. De ellos, 12 los pasa en barrica y el resto en botella.
- Gran Reserva: Envejecimiento mínimo de 60 meses. En barrica de roble pasa 24 meses y el resto en botella.
Despié
De la casa a la academia
En Guadalajara, Almudena Alberca dirigió una experiencia sensorial con 12 etiquetas cuidadosamente seleccionadas de Ribera del Duero. La cata reveló las virtudes y fortalezas de estos vinos, dueños de una complejidad y carácter que los distingue de otros españoles.
Para Almudena, estas actividades y toda la experiencia que ha adquirido no podrían explicarse sin la cultura del vino que aprendió en casa, desde la infancia. Sonríe al recordar su primer acercamiento con el producto de la uva. Describe con cariño el pequeño viñedo de su abuelo. “Era chiquitito y lo que producía allí era más clarete que un vino tinto en forma. En verano lo servía con un poco de agua y azúcar, era muy refrescante en temporada calurosa”.
Ya en su juventud, su primer acercamiento fue con “un rosado de aguja, que tiene un poquito de azúcar al final. Es de poco alcohol con un toque de burbuja (gas). Es un vino fácil y gustoso para empezar a beber”.
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