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¿Hombres o mujeres? La ciencia revela quién tiene los peores gases

Todos lo hacemos, pero nadie se atreve a hablar de ello; esto dice una gastroenteróloga y profesora asistente en la Harvard Medical School respecto a la salud intestinal

Aunque es una función corporal completamente natural, el estigma y la inmadurez alrededor de las flatulencias siguen dominando nuestra sociedad, impidiendo que hablemos de salud intestinal con la seriedad que merece. Sin embargo, la doctora Trisha Pasricha, gastroenteróloga y profesora asistente en la Harvard Medical School, ha decidido romper el tabú en su nuevo libro "You've Been Pooping All Wrong", reseñado por The Washington Post. En esta obra, la especialista no solo desmitifica la digestión, sino que aborda con rigor científico una de las múltiples preguntas incómodas que circulan este tema: ¿quiénes tienen los peores gases, los hombres o las mujeres?

El veredicto científico: ¿quién huele peor?

Para encontrar la respuesta definitiva, la doctora Pasricha rescató la metodología del doctor Michael Levitt, un reconocido gastroenterólogo que comenzó a investigar este peculiar tema en el Minneapolis Veterans Affairs en 1978. Los estudios demostraron que las mujeres producen una mayor concentración de sulfuro de hidrógeno, el compuesto químico exacto que es responsable del olor a huevo podrido. Esto sugeriría inicialmente que las flatulencias femeninas son más potentes y desagradables para el olfato humano.

No obstante, la ciencia es justa y el género masculino tampoco salió bien librado. Los investigadores descubrieron que los hombres, por su parte, producen un volumen significativamente mayor de gas en cada expulsión. Dado que la capacidad del sulfuro de hidrógeno para estimular nuestro olfato depende tanto de la concentración como del volumen total emitido, los factores se equilibran y no hay un género que se distinga por ser más oloroso que otro. El veredicto final es un empate técnico: las flatulencias de hombres y mujeres son igualmente ofensivas - o inofensivas - para quienes las rodean.

La anatomía de un gas: ¿por qué huelen tan mal?

Resulta sorprendente saber que el 99 por ciento del gas intestinal es completamente inodoro. Esta mezcla inofensiva está compuesta por nitrógeno, oxígeno, hidrógeno, dióxido de carbono y metano. El verdadero culpable de arruinar el ambiente en una habitación cerrada es ese diminuto 1 por ciento restante, el cual contiene compuestos de azufre que se generan de forma natural cuando las bacterias de nuestro colon metabolizan los alimentos que consumimos a diario.

Es fundamental entender que expulsar gases es un indicador de un microbioma intestinal activo y saludable, no un defecto de tu cuerpo. De hecho, una persona promedio libera flatulencias entre 10 y 20 veces al día, muchas veces sin siquiera darse cuenta, especialmente durante las horas de sueño. Si notas un olor particularmente fétido de forma ocasional, no hay motivo de alarma; generalmente es una respuesta directa a lo que acabas de comer y a cómo tu sistema está procesando esa fibra.

Los principales sospechosos detrás de los olores fuertes son los alimentos ricos en rafinosa y azufre. En esta lista negra destacan los frijoles, las verduras crucíferas como el brócoli y las coles de Bruselas, además de la cebolla, los champiñones y el ajo. Cuando estos alimentos llegan al intestino grueso sin digerirse por completo, las bacterias se dan un festín, fermentándolos y liberando esos temidos gases sulfurosos que terminan causando situaciones sociales bastante incómodas.

El misterio de los aviones y tips rápidos para el alivio

¿Alguna vez has notado que te sientes mucho más hinchado cuando viajas en avión? La doctora Pasricha explica que esto se debe a las leyes básicas de la física: a medida que la altitud aumenta y la presión de la cabina disminuye, los gases atrapados en tus intestinos se expanden. Esta expansión inevitable provoca una mayor necesidad de liberar aire, convirtiendo los vuelos largos en una verdadera prueba de resistencia tanto para ti como para tus compañeros de asiento.

Afortunadamente, existen soluciones prácticas si sientes que tu producción de gas está fuera de control o es demasiado olorosa. La clave está en la prevención y en entender cómo tu cuerpo procesa la fibra. En lugar de eliminar por completo los alimentos nutritivos que causan estos olores, los especialistas sugieren abordajes temporales o ayudas digestivas que permitan a tu sistema adaptarse sin sacrificar los beneficios de una dieta rica y variada.

Para mantener tu salud intestinal bajo control, aquí tienes unos tips rápidos basados en la evidencia: primero, si consumes vegetales crucíferos o frijoles, considera usar suplementos de venta libre con alfa-galactosidasa para ayudar a descomponerlos; segundo, evalúa con un dietista una dieta baja en FODMAP si las molestias persisten; y tercero, no te alarmes por la frecuencia, ya que expulsar aire hasta 20 veces al día es un signo de un microbioma trabajando correctamente. Recuerda que, aunque el tema cause risas infantiles o vergüenza injustificada, ignorar tus flatulencias es un error crítico; prestarles atención es una forma necesaria de escuchar lo que tu cuerpo te advierte sobre tu nutrición diaria.

Esta nota fue redactada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor

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