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Cuaresma 2026: El verdadero motivo por el que no puedes comer carne los viernes previos a Semana Santa

La Cuaresma es una de las tradiciones más celebradas por los cristianos, pero no es la única religión que la practica, hoy conoceremos su origen

Cada año, cuando se acerca la Semana Santa, muchas personas ajustan su dieta casi de manera automática: los viernes desaparece la carne y aparecen en la mesa pescados. Para algunos es una costumbre familiar; para otros, una simple tradición cultural que se respeta sin demasiadas preguntas. Sin embargo, pocos recuerdan con claridad por qué existe esta práctica ni cuál era su sentido original.

La abstinencia de carne durante la Cuaresma es una de esas tradiciones que han sobrevivido al paso del tiempo, aunque su significado se haya diluido. Hoy convive más con la gastronomía típica que con la idea de sacrificio espiritual que le dio origen.

Ayuno y abstinencia: disciplina del cuerpo y elevación del espíritu

Reprimir el impulso de comer es un símbolo de autocontrol y fortaleza en varias religiones. CANVA

Comer es una necesidad básica, pero también una fuente de placer. Precisamente por ello, muchas religiones han utilizado el ayuno como una forma de autocontrol y disciplina espiritual. Renunciar voluntariamente a ciertos alimentos se entiende como un ejercicio de voluntad, reflexión y dominio del cuerpo sobre el deseo.

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En el cristianismo, el ayuno y la abstinencia se conciben como actos de penitencia, a través de ellos, el creyente limita los placeres terrenales para fortalecer el espíritu, fomentar la oración y practicar la templanza. No es una idea exclusiva de esta fe: el Ramadán en el islam o ciertas prácticas del budismo también utilizan la privación como vía de crecimiento espiritual.

El ayuno en los primeros cristianos

En los primeros siglos del cristianismo, la vida de Jesús fue tomada como modelo absoluto. Su retiro en el desierto, su ayuno, su oración y, sobre todo, su sacrificio, se convirtieron en referentes para los fieles. Imitar a Cristo implicaba llevar una vida sobria, marcada por la penitencia y el desapego de los excesos.

El origen del ayuno y de no comer carne en Cuaresma se relaciona con las enseñanzas de Cristo y la preparación espiritual para celebrar la Pascua de Resurrección. CANVA

La Iglesia primitiva adoptó estas prácticas y les dio un carácter comunitario. Ayunar y abstenerse no era solo una decisión personal, sino una forma de identificarse espiritualmente con la Pasión de Cristo. El ayuno se entendía como entrega a Dios, renuncia a las tentaciones y una manera de purificar el alma mediante la mortificación del cuerpo.

Un antiguo texto cristiano, El Pastor de Hermas, lo resume así:
“Los ayunos agradables a Dios son no hacer el mal y servir al Señor con corazón limpio”.

La Semana Santa y la importancia de la Cuaresma

En el año 325, durante el Concilio de Nicea, se establecieron las bases del calendario litúrgico cristiano, incluyendo la fecha de la Pascua de Resurrección. Desde entonces, la Semana Santa se consolidó como el momento más importante del año para el cristianismo, al conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Para prepararse espiritualmente para ese acontecimiento central, se fijó un periodo previo de cuarenta días conocido como Cuaresma —del latín Quadragesima. Este tiempo comienza el Miércoles de Ceniza y concluye el Jueves Santo, y fue concebido como una etapa de oración, penitencia y ayuno.

¿Qué establece hoy la Iglesia?

Actualmente, la Iglesia católica mantiene normas más flexibles que en siglos anteriores. El ayuno consiste en realizar una sola comida fuerte al día y se practica únicamente el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, siendo obligatorio para adultos sanos entre 18 y 59 años.

La abstinencia de carne, por su parte, se aplica esos dos días y todos los viernes de Cuaresma, y puede ser observada por personas mayores de 14 años.

Sin embargo, el espíritu original de estas prácticas se ha ido perdiendo. En muchos casos, la abstinencia se reduce a sustituir la carne por elaborados platillos, dulces y postres tradicionales, sin que exista una verdadera intención de sobriedad o recogimiento.

De la penitencia a la tradición gastronómica

Durante siglos, la Cuaresma fue un periodo marcado por el recato y la austeridad. Las generaciones anteriores recuerdan una época en la que incluso las celebraciones y los alimentos sencillos estaban regulados por el calendario religioso. Para las clases populares, estas restricciones significaban una dieta aún más limitada, sobre todo en regiones donde el pescado fresco era escaso.

Jesucristo y los Apóstoles ayunaban por decisión propia, y siguieron el ejemplo muchos profetas y posteriores mártires y santos. CANVA

El bacalao salado y otras conservas se convirtieron entonces en un recurso fundamental, dando origen a muchos de los platillos que hoy forman parte de la gastronomía cuaresmal. Con el tiempo, las normas generaron debates curiosos: desde la polémica sobre si el chocolate rompía el ayuno hasta la insólita discusión sobre si ciertos animales acuáticos podían considerarse “no carne”.

Más que dejar de comer carne

El verdadero sentido de no comer carne durante la Cuaresma no está en el menú, sino en la actitud. La abstinencia era —y en teoría sigue siendo— un símbolo de penitencia, reflexión y preparación espiritual para la Pascua. Hoy, aunque ese significado se haya debilitado, la tradición persiste como parte del patrimonio cultural y culinario.

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Quizá ya no se viva con el rigor de antaño, pero la Cuaresma sigue recordando que algunas costumbres no solo hablan de fe, sino también de historia, identidad y memoria colectiva. Y aunque el sacrificio se haya transformado en placer gastronómico, hay tradiciones que, por una u otra razón, vale la pena conservar.

TG

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