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Bronco invita a “El Gran Baile” del amor

La agrupación se presentará el 14 de febrero con un repertorio que cruza nostalgia, romance y renovación sonora

Bronco llega a Guadalajara no solo como una de las agrupaciones más longevas y queridas de la música popular mexicana, sino como una institución viva que ha sabido atravesar décadas, modas y transformaciones sin perder su identidad.

Con casi medio siglo de trayectoria, más de 30 discos y un repertorio que forma parte de la memoria sentimental de varias generaciones, la banda se prepara para reencontrarse con el público tapatío el próximo 14 de febrero, fecha simbólica tanto por su carga romántica como por coincidir con el aniversario de la fundación de la ciudad. El concierto será en la Arena Guadalajara, a las 21:00 horas.

Para el grupo, volver a Guadalajara implica regresar a una de las plazas que han marcado su historia. No se trata únicamente de sumar una fecha más a la gira “El Gran Baile”, sino de reafirmar un vínculo construido desde los antiguos salones de baile, los foros populares y las grandes arenas, hasta llegar a los recintos contemporáneos que hoy concentran a públicos masivos. En ese trayecto, Bronco ha sido testigo —y protagonista— de la evolución del espectáculo musical en México: del sonido analógico al digital, de la radio al streaming, de los bailes multitudinarios a las giras internacionales.

Esa permanencia no ha sido fruto de la nostalgia, sino de una renovación constante. La agrupación reconoce que los tiempos, los públicos y las formas de escuchar música han cambiado, y que adaptarse ha sido una condición para seguir vigentes. “A pesar de casi 46 años de historia, la gente nos sigue regalando su cariño y ha aceptado este cambio que hemos tenido con los muchachos que ahora están con nosotros”, explicó el vocalista Lupe Esparza, en entrevista con EL INFORMADOR.

La incorporación de nuevas generaciones de músicos no significó romper con el pasado, sino actualizarlo: “Nos hemos atrevido a evolucionar el sonido, pero sin perder la esencia. Una canción de hoy no suena igual que una de hace 25 años, y tenemos que renovarnos sin dejar de sonar a Bronco”.

Esa tensión entre tradición y modernidad atraviesa todo su proyecto artístico. La banda es consciente de que su identidad —la voz, el acordeón, la base rítmica, la narrativa emocional de sus letras— es un patrimonio que el público reconoce de inmediato. Pero también saben que la música, como todo organismo vivo, necesita moverse para no fosilizarse. Por eso hablan de arreglos más actuales, de sonidos renovados y de una producción que dialoga con los lenguajes contemporáneos sin borrar el sello que los convirtió en referentes del regional mexicano.

Celebración doble en Guadalajara

En ese contexto, el concierto en Guadalajara se plantea como algo más que un repaso de éxitos: es la confirmación de una historia que sigue escribiéndose. “Guadalajara siempre nos ha agasajado. Estamos muy contentos de estar aquí el 14 de febrero, una fecha muy bonita para todo el mundo. Esperamos que todos se enamoren ese día en la Arena”, señaló Esparza, consciente de que su música ha acompañado celebraciones, rupturas, bodas, despedidas y reencuentros a lo largo de casi cinco décadas.

El regreso ocurre, además, en un momento particularmente simbólico: la ciudad celebra su aniversario y el grupo vuelve después de varios años sin presentarse en la capital jalisciense.

Para Bronco, este reencuentro resume buena parte de su propia historia: una música que se hereda de abuelos a padres, de padres a hijos, y que hoy convoca en un mismo espacio a públicos de distintas edades, unidos por canciones que ya forman parte del imaginario colectivo.

El arte de modernizar la tradición

En la conversación con esta casa editorial, el grupo reflexionó también sobre su lugar dentro de la tradición musical mexicana y sobre el raro privilegio de haber visto nacer canciones que, con el paso de las décadas, se volvieron parte del cancionero popular. “Es importante para nosotros seguir avanzando, seguir aportando nuestra música”, compartió Esparza. Aunque reconocen que hoy es más difícil que una canción se convierta en un clásico, no lo asumen como una derrota: “No nos desanima el hecho de que ya no suceda tan fácilmente. Vamos a seguir luchando por conseguirlo. A pesar de todas las canciones exitosas y clásicas que la gente nos ha regalado, nosotros seguimos buscando todavía nuestra mejor canción y no quitaremos el dedo del renglón”.

La creación, explicaron, nace de la vida cotidiana y del diálogo entre generaciones. “Son cosas de la vida, lo que la gente te platica, lo que ves, las situaciones que están pasando en la comunidad. De ahí uno agarra un tema y lo va desarrollando”, compartió José Adán Esparza, guitarrista y segunda voz. Ese material se trabaja de forma colectiva, en un proceso donde conviven la experiencia de décadas con la energía de los músicos más jóvenes que hoy integran la agrupación.

El encuentro creativo entre generaciones no está exento de tensiones, pero sí atravesado por un acuerdo fundamental: cuidar la esencia sonora de Bronco. “Tratamos de fusionar esos dos mundos, siempre cuidando primero el estilo del grupo. Ya sabemos cómo va la batería, el bajo, la guitarra, el acordeón, los teclados. Todo eso tiene que respetar la identidad de Bronco”, aseguró José Adán. Al mismo tiempo, se permiten explorar: “Siempre hemos sido un grupo que experimenta. Nadie nos dijo nunca ‘es por aquí o es por allá’. Así empezaron los que fundaron la banda, y no vemos por qué detenernos ahora”, agregó.

En ese equilibrio entre tradición y riesgo se construyen sus nuevas producciones. “Nos juntamos todos, armamos una base rítmica que nos convenza y ahí empiezan a surgir las ideas. A veces hay diferencias, intercambios fuertes, pero siempre llegamos a un punto medio en el que todos nos sentimos representados”, detallaron.

Sobre la presión de mantenerse vigentes en una industria que exige lanzamientos constantes, Bronco reconoció que existe, aunque no gobierna sus decisiones. “Por la trayectoria que ya tenemos nos damos nuestros tiempos. Estamos en constante búsqueda de canciones, de material nuevo, pero sin sentir que tenemos que correr solo porque el mercado lo pide. Cuando hacer música se vuelve obligación y no placer, algo se rompe”, compartió Lupe Esparza. Para ellos, la clave es no perder “el amor”, esa motivación primera que los ha mantenido activos durante casi medio siglo.

Finalmente, al pensar en el futuro y en la posibilidad de que Bronco se convierta en una institución centenaria, como el Mariachi Vargas, prefieren no adelantarse. “No sabemos qué puede esperarle al grupo. Hoy lo que hacemos es disfrutar este momento: compartir escenario, compartir el mismo sueño entre generaciones. Lo que venga después lo decidirá el público”, afirmaron. Para la agrupación, ese vínculo con varias generaciones de oyentes —abuelos, padres, hijos y nietos cantando las mismas canciones— es, quizá, la señal más clara de que su música ya forma parte de la memoria colectiva del país.

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