Detrás del fenómeno de las personas que entran y salen del drenaje tapatío hay un problema social más complejo.El tema irrumpió en los medios el 23 de enero pasado. Un ciudadano compartió en redes sociales el video de una persona saliendo de la alcantarilla de Vidrio y Venezuela, en la Colonia Americana.Hay más reportes de “avistamientos” en la zona Centro de Guadalajara y otras partes de la ciudad.La reacción de las autoridades fue criminalizar a esta población. De inmediato señalaron que usan el drenaje como ruta de escape tras asaltar o robar autopartes.También sugirieron, hipótesis más razonable, que estas personas utilizan los ductos para pepenar objetos de valor, metales, anillos y cadenas, que caen por accidente. Esta práctica es común, por ejemplo, en el canal de Atemajac. Una tercera conjetura apuntó simplemente a que usan el sistema de alcantarillado como refugio o vivienda.En mi opinión, las tres explicaciones son la consecuencia, no la causa del problema.Supongamos que se usa el drenaje como guarida tras cometer un ilícito. Sin embargo, un delincuente ordinario difícilmente huye por esos ductos. Generalmente andan en moto o automóvil y tienen “protocolos” para asaltar o desmantelar un auto en segundos y huir.El fenómeno de las personas que pueblan las alcantarillas de Guadalajara está relacionado con la más absoluta miseria e indigencia.Varios medios han banalizado el tema al usar el mote de “tortugas ninja” -la televisión especialmente- como si se tratara de una curiosidad de feria, y no del grave problema de indigencia en nuestra ciudad.No es casualidad que tres de las colonias con más reportes de personas ingresando en los colectores, el Centro, la Moderna y la Americana, sean los puntos con mayor población de personas en situación de calle.El asunto tiene que ver con una emergencia humanitaria pues en Guadalajara se ha agudizado la indigencia.Dentro de estos grupos hay delincuencia, consumo de drogas, mafias, explotación y trata de personas pues muchos pedigüeños responden a un jefe explotador.Por si fuera poco, ingresar a estos ductos representa un enorme riesgo: inhalación de gases tóxicos, falta de oxígeno, infecciones e incluso el riesgo de anegamiento súbito ante una lluvia.Los últimos censos del DIF Guadalajara hablan de una población de entre mil y mil 500 personas en situación de calle en toda la ciudad.El verdadero escándalo es otro. El rastro de los hombres y mujeres que reptan en las alcantarillas de Guadalajara habla más de nosotros y de nuestra ciudad a cuyas cañerías lanzamos vidas y desechos sin distinción.