Mundial 2026: Afición mexicana deja todo en la última batalla
Más de 80 mil aficionados convirtieron el Estadio Ciudad de México en una fiesta que resistió hasta el silbatazo final
La afición mexicana dijo adiós a la Copa del Mundo, no sin antes dar una última batalla desde las tribunas del Estadio Ciudad de México, una fortaleza que se pintó de verde con un lleno de 80 mil 824 personas que sufrieron, lloraron, se ilusionaron y se impusieron a la lluvia y los rayos; además, a pesar del frío anochecer en la capital del país, se encargaron de subir la temperatura en el inmueble.
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El retraso del partido aumentó el nerviosismo entre la afición, pero ese nudo en el estómago fue aflojándose con el sonido de los tambores de batalla para aclamar a todo volumen a cada uno de los jugadores en la alineación de Javier Aguirre, y quedó disuelto en cuanto los hombres saltaron al campo y sonaron las primeras notas del Himno Nacional, que hicieron retumbar a todo el país. Tendrán que pasar muchos años para que vuelva a ser entonado con una fuerza similar, capaz de calentar la sangre y erizar la piel.
Con los decibeles al máximo y una cabecera llena de banderas de México ondeando en lo más alto, formando una postal antológica, acabó la cuenta regresiva y la gente se entregó de lleno a su selección, sin perder de vista un solo segundo de la acción dentro del terreno de juego.
En medio de los oles, los gritos de "¡México!", los abucheos a cada intento inglés y la pregunta "¿y si sí?", desde la grada llegó una sacudida abrupta llamada Jude Bellingham que, en cuestión de minutos, hizo que volviera el nerviosismo mexicano, ahora contrarrestado por Julián Quiñones. El ruido se volvió ensordecedor en menos de un segundo y le devolvió el alma a la tribuna, de la que, por breves instantes, alcanzaron a sonar los festejos de los europeos que ocuparon secciones de una cabecera. Sin embargo, la primera mitad terminó con más energía mexicana que al arranque, gracias a las llegadas aztecas en busca del empate.
Durante el descanso hubo motivación extra con la aparición de Saúl "Canelo" Álvarez, quien se encargó de recordarle a la gente lo grande que es el pueblo mexicano, para luego presentar a Maná, que interpretó "El Rey" e hizo corear al estadio, emulando lo que hizo Freddie Mercury, para terminar con pirotecnia verde, blanca y roja desde el techo.
Los ánimos se calentaron al arrancar la parte complementaria; las bancas de ambos equipos se vaciaron con la falta de Jarrell Quansah sobre Jesús Gallardo y la revisión en el VAR se cargó de expectativa hasta estallar con la tarjeta roja. Sin embargo, lo que parecía una situación favorable pronto acabó en un silencio sepulcral con el penal de Harry Kane.
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Para alargar el paseo en el carrusel de emociones, el penal de Raúl Jiménez se convirtió en una lluvia de vasos y bebidas, además de estruendosos "¡Dale, dale, dale, México!" y "¡Sí se puede!". No obstante, el paso del tiempo empezó a tapar el ruido y el público comenzó a despertar del sueño mundialista, hasta que sonó el silbatazo final como la alarma. Antes de irse, le dieron un último aplauso a los protagonistas de la historia.
SV