Margo Glantz y Elena Poniatowska dialogan sobre la vida y la literatura
Las escritoras estuvieron en la Feria Internacional del Libro de Coyoacán para repasar sus trayectorias y las vivencias que forjaron su literatura
Entre Margo Glantz y Elena Poniatowska hay 190 años de historia. Margo cumplió el 28 de enero pasado, 96 años de vida; Elena cumplirá el 19 de mayo próximo, 94 años. Son dos de las escritoras mexicanas vivas más importantes, y dos mujeres con orígenes y formaciones distintas que han dedicado la vida a las letras, la literatura, al periodismo y la academia; una más y otra menos, una menos, otra más.
Habitantes ambas de Coyoacán, las escritoras fueron convocadas ayer, al mediodía, por la Feria Internacional del Libro de Coyoacán (FILCO) en una charla que repasó a los amigos comunes: Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Sergio Pitol, Juan Rulfo, Rosario Castellanos, Elena Garro, Juan José Arreola, Luis Villoro; el repaso de sus infancias, la de Elena marcada por una familia con títulos nobiliarios, la de Margo determinada por el exilio, el nacimiento en el barrio de La Merced y las carencias económicas; sus posiciones de izquierdas, sus cercanías con la lucha estudiantil y los movimientos sociales, pero también su reconocimiento e incluso orgullo de que una mujer, Claudia Sheinbaum, sea Presidenta; la felicidad de que vivieron para ver llegar al poder a una mujer en un país machista como México.
“Tenemos una Presidenta, eso ha cambiado totalmente la relación con la mujer, aunque no se ha mejorado totalmente, tenemos un gran cambio”, afirmó Glantz, al dar cuenta de los cambios que ha atestiguado.
“Cuando entré a la Universidad yo estaba como marginada, los maestros eran casi todos hombres; ahora, la Facultad de Filosofía es fundamentalmente femenina. La posición de la mujer es mucho más importante en México y en todas partes”.
Por su parte, Elena Poniatowska dijo que ella siempre ha mirado los cambios de México a través del periodismo: “Me inicié en el periodismo en 1953, en Excélsior en la sección de Sociales. Además de escribir, a mí me tocaba otra tarea: si alguna señora se sentaba con la falda demasiado corta, me daban un pincel para acomodarla y bajarla un poco sobre las rodillas”, señaló y luego recordó también el movimiento estudiantil del 68.
“Los intelectuales demostraron que ellos estaban cercanos a las causas sociales y estaban cercanos a las causas libertarias de los estudiantes. No estaban enquistados en el gobierno ni aspiraban a tener un puesto. Yo creo que habla muy bien de nuestro país; habla muy bien de la intelectualidad mexicana en esa época. Yo creo que a todos nos satisfizo y en cierta manera nos engrandeció también la renuncia de Octavio Paz”, afirmó.
Por su parte, Margo Glantz dijo que ella también ha hecho periodismo, pero poco. En UnoMásUno, La Jornada, en revistas como Siempre y la Revista de la Universidad. “Soy académica y trabajé ese tema en varios contextos, de la vida cotidiana y de temas políticos, pero no con la regularidad y la constancia de Elena”.
Glantz también habló de la lucha feminista. “Yo creo que es muy importante marchar el 8 de marzo, pero no solo el 8 de marzo.
Es decir, en mi época no había manifestaciones de mujeres, íbamos hombres y mujeres, era mixto todo. Ahora se instauró el 8 de marzo como Día de la Mujer y hay más manifestaciones femeninas, porque al mismo tiempo ha habido muchas más manifestaciones femeninas, más internacionales y cívicas más potentes, insisto, es muy importante que se celebre el Día de la Mujer, pero todos los días son días de la mujer, porque estamos trabajando todos los días para tratar de cambiar totalmente la realidad personal, femenina y de todo México”. Al respecto, Elena dijo estar totalmente de acuerdo con Margo.
Finalmente, Glantz aseguró que esos cambios y logros que ambas fueron dando desde la literatura y la vida no era rebeldía, era una cosa natural.
“Sin embargo, ahora veo que éramos rebeldísimas, pero lo íbamos avanzando de una manera: peleando, pero sin darnos cuenta que peleábamos. Era como un movimiento perfecto y totalmente irracional, pero perfecto porque podíamos hacer cambios”.