La música que habita la calle
La exposición “Músicos de a pie” retrata a intérpretes de la tradición sonora popular mexicana en su entorno cotidiano, revelando el oficio y la memoria
La experiencia sonora que atraviesa la vida cotidiana —aquella que emerge entre el bullicio de los mercados, en las celebraciones barriales o en el tránsito incesante del transporte público— rara vez se detiene a ser contemplada. Habita los márgenes de la atención, se disuelve en la rutina y, sin embargo, constituye una de las expresiones más persistentes de la cultura popular. Esa presencia efímera encuentra ahora un espacio de observación y reflexión en “Músicos de a pie: Un viaje fotográfico por la música popular mexicana”, exposición del fotógrafo Mariano Aparicio que se presenta en el Edificio Arroniz.
La muestra reúne 35 fotografías en blanco y negro que se aproximan a intérpretes cuya práctica se inscribe en el espacio público. Más que registrar actuaciones, las imágenes exploran la relación entre cuerpo, territorio y tradición. Lejos del espectáculo institucionalizado, el lente se detiene en quienes hacen de la calle su ámbito creativo: intérpretes que ocupan tianguis, plazas, fiestas patronales o estaciones del transporte colectivo. En estos escenarios, la práctica artística aparece no solo como expresión estética, sino como oficio, forma de subsistencia y manifestación de continuidad cultural.
El trabajo de Aparicio se sitúa así en un territorio que rebasa el registro documental. Sus imágenes no buscan únicamente describir una práctica social, sino interrogar las formas en que la cultura se encarna en los gestos cotidianos. Manos que sostienen instrumentos marcados por el uso, miradas absortas en la ejecución, rostros atravesados por el tiempo y la intemperie revelan una dimensión humana donde la experiencia estética se confunde con la vida misma.
La exposición, organizada por la Secretaría de Cultura de Jalisco en coordinación con el organismo Museos, Exposiciones y Galerías, desplaza la atención hacia los procesos de transmisión cultural; es decir, la muestra reflexiona sobre la permanencia de las tradiciones populares en contextos contemporáneos y sobre los mecanismos mediante los cuales el saber colectivo se preserva y transforma.
La elección del blanco y negro resulta fundamental en esta búsqueda. La supresión del color intensifica los contrastes y subraya la materialidad de los cuerpos y los objetos, desplazando la mirada hacia las texturas, los ritmos visuales y las tensiones formales. Más que escenas circunstanciales, las fotografías construyen una narrativa sobre identidad, memoria y arraigo, donde cada retrato se convierte en signo de una experiencia cultural más amplia.
Un proyecto expandido
“Músicos de a pie” se origina en el libro homónimo impulsado por la Fundación Cultural Konsulta, con el apoyo de la Universidad de Guadalajara y la Secretaría de Cultura estatal. La publicación amplía el proyecto visual mediante textos de Martín Solares, Carmen Villoro y Bernardo Esquinca, entre otros autores, quienes dialogan con las imágenes desde la crónica, el ensayo y la ficción breve. Esta multiplicidad de voces propone una lectura expandida del fenómeno cultural, en la que la imagen deja de ser documento aislado para integrarse a una constelación de relatos.
El proyecto incorpora además adaptaciones sonoras producidas por Salvador López, disponibles en plataformas digitales, lo que extiende la experiencia hacia el ámbito auditivo y plantea un cruce entre imagen, palabra y sonido. Esta dimensión interdisciplinaria refleja la complejidad de la cultura popular como espacio de convergencia simbólica.
El diseño editorial, a cargo de Laura Jaime, privilegia la sobriedad formal y enfatiza la potencia expresiva del blanco y negro, reforzando la tensión entre registro documental y construcción estética que atraviesa el proyecto.
Rostro, identidad y territorio
La exposición dialoga con las líneas de investigación que han definido la trayectoria de Aparicio. Su origen puede rastrearse en “Rostros de México”, acervo fotográfico itinerante que recorrió 27 Estados y más de 150 poblaciones del país. En ese recorrido, el fotógrafo instaló un estudio móvil en espacios públicos para retratar a habitantes de diversas regiones, construyendo un archivo visual sobre identidades sociales, étnicas y culturales desde una estética directa y frontal.
Esa experiencia consolidó su interés por las relaciones entre representación, comunidad e identidad, inquietudes que también atraviesan su proyecto “Herederos”, reconocido en 2021 con la beca PECDA en la categoría Creadores con Trayectoria y centrado en la transmisión generacional de saberes.
Con una trayectoria internacional que incluye colaboraciones con Time, Newsweek, El País y The Dallas Morning News, el trabajo de Aparicio se distingue por una mirada que privilegia la dimensión social del retrato y la observación de las prácticas culturales como espacios de significado colectivo.
La exposición podrá visitarse gratuitamente en la galería de planta baja del Edificio Arroniz.