Entretenimiento

Chile en primer plano

Como Invitado de Honor y con una delegación histórica, el cine chileno despliega en el FICG 41 su pasado, presente y futuro

La presencia de Chile en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara no se entiende como una visita protocolaria, es un regreso cargado de historia, complicidad y ambición compartida. Así lo plantea Alexandra Galvis, directora de Cinema Chile, en entrevista con EL INFORMADOR, quien traza una lectura clara del momento que vive la cinematografía chilena y su relación con México, a propósito de su designación como Invitado de Honor en la edición 41 del encuentro tapatío, que se celebrará del 17 al 25 de abril.

“Es como volver a casa”, dice sin titubeos. Y la frase no es gratuita. Desde su primera participación en 2003, cuando el festival programó una muestra que abarcó casi tres décadas de producción chilena, incluyendo nombres esenciales como Raúl Ruiz, Miguel Littín y Patricio Guzmán, la presencia de Chile ha sido constante, creciendo al ritmo de su propia industria.

“Hay algo muy familiar entre Chile y México, una relación estable de proyectos, una relación muy grande que en nuestra área se ha ido estrechando más y más. El FICG es uno de los principales eventos de Iberoamérica y ha crecido de forma proporcional a nuestra industria. El festival ha sido la casa de eso también”, afirma en un testimonio que resume años de colaboración.

Sebastián Lelio. El director posa durante la sesión fotográfica de la película “La maravilla” en el marco del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. AFP

La directora subraya que este acompañamiento ha sido clave para el desarrollo del cine chileno. “Nos ha ayudado mucho en ese camino, ha mostrado nuestro cine, ha apoyado nuestros proyectos y ha sido una plataforma para crecer”. En ese sentido, la participación como país invitado implica una vitrina cultural y oportunidad estratégica para consolidar alianzas. De hecho, uno de los objetivos centrales de esta edición apunta hacia el futuro de la producción audiovisual entre ambos países.

“En esta evolución de la relación sería muy positivo dar inicio al trabajo de un acuerdo de coproducción cinematográfica”, adelanta. Y añade: “No solo llevamos películas, llevamos también a nuestras instituciones, muy enfocados en trabajar con sus contrapartes para ver cómo formalizar esta relación de larga data”.

La delegación chilena -cercana a las cien personas- refleja esa ambición. Productores, realizadores, actores y representantes institucionales integran un contingente que busca incidir tanto en la pantalla como en la industria.

“Es dificilísimo elegir”, reconoce Galvis al intentar resumir la oferta. Sin embargo, propone algunas claves para navegar el programa, que combina pasado, presente y futuro del cine chileno.

Maite Alberdi. La directora recibirá el Homenaje Internacional. AFP

Por un lado, la Muestra de Cine Patrimonial recupera obras fundamentales desde finales de los años sesenta hasta los ochenta, permitiendo entender las bases estéticas, políticas y sociales de su cinematografía. “Está pensada para quien quiera comprender nuestra historia, desde los padres del cine”, explica.

En paralelo, los homenajes del festival marcan un momento de consolidación. La llamada “generación dorada” del cine chileno será reconocida con distinciones a figuras como Pablo Larraín y Sebastián Lelio (quienes recibirán el Homenaje Iberoamericano) y Maite Alberdi (Homenaje Internacional) cuyas trayectorias han llevado al cine de su país a una visibilidad internacional sin precedentes.

“Estos tres directores marcaron un cambio importante en nuestra industria, fue cuando nuestro cine se abrió al mundo y creció muchísimo”, señala Galvis. La presencia de sus filmografías completas dentro del festival refuerza esa idea de madurez y expansión.

A esta capa se suma una nueva generación que comienza a tomar fuerza. En competencia, destaca “Hangar Rojo”, de Juan Pablo Sallato, una película que, según la directora, llega precedida de un recorrido exitoso en festivales como Berlín y Málaga. “Es una joya que no se pueden perder”, apunta.

Pablo Larraín. El director posa frente a la marquesina previo a la proyección de gala de clausura de “María”, una de sus películas más destacadas. AFP

El documental, una de las áreas más sólidas del cine chileno, también tendrá un lugar relevante. “Siempre ha tenido una gran tradición”, dice Galvis, mencionando títulos recientes que exploran distintas aristas de la realidad contemporánea.
Pero la apuesta no se limita al cine. Las series, un terreno en expansión dentro del FICG, forman parte esencial de la delegación. Entre ellas, resalta la adaptación de “La casa de los espíritus”, basada en la obra de Isabel Allende, así como “Raza Brava”, una producción centrada en las barras futboleras.

“Creo que van a resonar con el espíritu mexicano”, comenta. “El futbol es una religión compartida entre nuestros países, así que es un imperdible”.

La programación también incluye la obra de Alejandro Jodorowsky, figura clave del cine de culto y la vanguardia, así como la participación de diversos profesionales chilenos en los jurados del festival, lo que amplía la presencia del país más allá de la pantalla.

Al respecto, la directora revela una reflexión más profunda sobre el lugar que ocupa México en el imaginario cultural chileno. “Yo crecí viendo a ‘Cantinflas’, viendo ‘El Chavo del Ocho’. La cultura mexicana ha permeado muchísimo en Latinoamérica”.

Esa influencia se extiende, por supuesto, al cine. Para Galvis, la industria mexicana ha sido un referente tanto por su historia como por su capacidad de internacionalización.

“El cine contemporáneo mexicano ha sido un maestro. Es un camino a seguir”, afirma. Y pone como ejemplo a Guillermo del Toro, a quien considera una figura inspiradora, no solo por su obra, sino por su visión sobre el oficio. “Habla de hacer cine sin tener todos los recursos, de cómo salir adelante con ingenio. Eso lo entendemos muy bien”, finaliza.

Alejandro Jodorowsky. El cineasta, dramaturgo, actor, músico y guionista posa durante una sesión fotográfica en su casa de París, el 16 de febrero de 2026. AFP

AGÉNDALO

Un país, muchas historias

El Festival Internacional de Cine en Guadalajara 2026 se convierte en una ventana privilegiada para recorrer el cine chileno a través de las trayectorias de sus figuras más representativas. En esta edición, las proyecciones no solo celebran carreras, sino que trazan un mapa emocional y estético de una cinematografía en plena madurez.

Como parte del Homenaje Iberoamericano, Pablo Larraín será reconocido con la proyección de “El club” (2015), una obra incisiva que marcó un punto clave en su filmografía. A su lado, Sebastián Lelio también recibirá el mismo reconocimiento con “Gloria” (2013), una película que redefinió la mirada íntima sobre la madurez y la libertad.

El Homenaje Internacional estará dedicado a Maite Alberdi, cuya obra transita entre lo íntimo y lo social. El festival proyectará títulos como “El agente topo” (2020), “Los niños” (2016) y “La once” (2014), además de presentar “Un hijo propio” (2026), su más reciente incursión con producción vinculada a México.

En competencia, el pulso contemporáneo del cine chileno se manifiesta en cortometrajes como “Agua fría” (2026), “El final de los tiempos” (2026) y “Lengua muerta” (2026), así como en propuestas de animación como “El Tamagochi Escarlata” (2026) y “Merrimundi” (2026), que expanden los límites narrativos desde lo visual.

La muestra contemporánea amplía el panorama con documentales como “Aquí se escucha el silencio” (2026) y “Calle Cuba” (2026), mientras que en ficción destaca “Hangar Rojo” (2026), una de las apuestas más sólidas de la nueva generación.

Fuera de competencia, el recorrido continúa con piezas documentales como “Al sur del invierno está la nieve” (2025), “Cocaína negra” (2023), “Lemebel” (2019) y “El viento sabe que vuelvo a casa” (2016), junto a ficciones como “Denominación de origen” (2024), “Me rompiste el corazón” (2025), “Pacto de fuga” (2020) y “Los perros” (2017), que consolidan la diversidad temática del cine chileno.

El festival también abre espacio a las series con “Raza brava” (2026), y a cortometrajes emblemáticos como “Bestia” (2024) e “Historia de un oso” (2014), piezas que han dado visibilidad internacional a la animación chilena.

La memoria cinematográfica se hace presente en la muestra patrimonial con títulos como “A la sombra del sol” (1974), “El chacal de Nahueltoro” (1969) y “Gracias a la vida (o la pequeña historia de una mujer maltratada)” (1980), así como documentales fundamentales como “La batalla de Chile: la insurrección de la burguesía” (1975), “Chile, el gran desafío” (1973) y “Cien niños esperando un tren” (1988).

Finalmente, la programación se expande hacia los territorios de culto con la obra de Alejandro Jodorowsky, presente con clásicos como “La montaña sagrada” (1973), “Santa sangre” (1989) y “El Topo” (1970), reafirmando la dimensión autoral y experimental que también define al cine chileno.
 

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