Tecnología
Aseguran que la producción de uvas en España no corre riesgo
Afirman que cambios de temperatura pueden afectar la producción de los viñedos pero no su calidad
MADRID, ESPAÑA (27/AGO/2011).- Ni el calor ni el cambio climático son un riesgo para la producción tradicional de uvas en España, aseguró a Efe el asesor vitivinícola y enólogo Joaquín Gálvez Bauzá, a propósito de la cosecha temprana que se ha iniciado este año.
En las zonas de cultivo españolas, tanto de secano, como de influencia mediterránea, los cambios de temperatura pueden afectar la producción de los viñedos, pero no su calidad, añadió.
"Desde que estoy elaborando vinos, hace ya 16 años, no conozco dos años iguales", declaró el experto, que sí identifica ciclos y hasta modelos de comportamiento en el clima que tanto afecta a la uva, pero a los que se puede reaccionar, aunque personalmente defienda una viticultura "no intervencionista".
En un clima caluroso como el español, explicó, "es normal que experimentemos temperaturas altas, para las que estamos preparados. A lo único que hay que temer es al granizo", dijo.
Ese fenómeno climatológico, frecuente entre mayo y octubre, asociado a las tormentas de los días de mucho calor, atenta directamente contra la uva y ni los "chalecos" de protección que se han diseñado hasta la fecha garantizan la prevalencia de la fruta.
Aunque algunas vendimias se han adelantado una semana o poco más, este ha sido un año dentro de lo normal, sin temperaturas extremas, sostuvo Gálvez, que sí recordó un junio especialmente cálido y seco, coincidiendo con la etapa de crecimiento en la que la uva demanda mas agua.
"En la viticultura modera se puede regular el riego. Estamos en el campo cada dos días y cuando poco, dos veces a la semana. Vemos el comportamiento de la planta y si hace falta, se interviene", precisó durante la entrevista, en pleno proceso de atención de los campos que supervisa como director técnico en Valencia, Jumilla y Toledo.
La evolución de los ácidos, la ganancia en azúcares y la madurez de la piel son elementos que se valoran para modificar a tiempo las atenciones que necesita la planta, que se poda entre diciembre y enero y no empieza a desarrollar hasta marzo o abril.
El punto más importante de su desarrollo vegetativo se conoce como el "embero", cuando cambia el color de la baya y la planta quiere más agua. Este paso, en el que también se contempla la poda en verde, para evitar "chupones" que malgasten recursos, se presenta entre mayo y juno, mes este último que, según los datos de la Agencia de Meteorología, registró un valor medio de 1,5 grados por encima de la temperatura normal.
El mes fue también muy seco con una precipitación media acumulada de en torno a los 22mm, cuando el valor promedio para junio es de 36mm, según el periodo de referencia 1971-2000.
Es por eso que este año "el riego ha sido mas preciso", situación, sin embargo, que no se espera afecte ni al precio ni la calidad de la cosecha, indicó Joaquín Gálvez.
En los años frescos, dijo, se riega menos y se pone menos peso en la cepa y en los años calurosos, se riego más y la cepa puede alcanzar cerca de los dos kilos.
Además, precisó, "la planta es inteligente y si le falta agua elimina las hojas por las que se evapora agua", por lo que hay que estar pendiente si le falta sombra a la fruta y siempre cosechar a tiempo.
Sobre las ventajas o desventajas de los cambios climáticos o específicamente de temperatura, Gálvez sostiene que el calor aporta más azúcares y el azúcar mayor graduación alcohólica, pero que en el producto final que se busca, el vino, es el enólogo o el director de la bodega el que tendrá que equilibrar el resultado.
"Este año será ventajoso para el productor mayorista, porque las uvas ganarán en azúcares y se vende mejor, apuntó.
Viticultor "sin viñas", de la producción que supervisa guarda materia prima para elaborar un vino de autor que desde 1995 sigue una producción ecológica de forma natural, como en la mayoría de los cultivos españoles.
La certificación, señaló, "es un coste adicional que hemos querido ahorrar al consumidor".
En las zonas de cultivo españolas, tanto de secano, como de influencia mediterránea, los cambios de temperatura pueden afectar la producción de los viñedos, pero no su calidad, añadió.
"Desde que estoy elaborando vinos, hace ya 16 años, no conozco dos años iguales", declaró el experto, que sí identifica ciclos y hasta modelos de comportamiento en el clima que tanto afecta a la uva, pero a los que se puede reaccionar, aunque personalmente defienda una viticultura "no intervencionista".
En un clima caluroso como el español, explicó, "es normal que experimentemos temperaturas altas, para las que estamos preparados. A lo único que hay que temer es al granizo", dijo.
Ese fenómeno climatológico, frecuente entre mayo y octubre, asociado a las tormentas de los días de mucho calor, atenta directamente contra la uva y ni los "chalecos" de protección que se han diseñado hasta la fecha garantizan la prevalencia de la fruta.
Aunque algunas vendimias se han adelantado una semana o poco más, este ha sido un año dentro de lo normal, sin temperaturas extremas, sostuvo Gálvez, que sí recordó un junio especialmente cálido y seco, coincidiendo con la etapa de crecimiento en la que la uva demanda mas agua.
"En la viticultura modera se puede regular el riego. Estamos en el campo cada dos días y cuando poco, dos veces a la semana. Vemos el comportamiento de la planta y si hace falta, se interviene", precisó durante la entrevista, en pleno proceso de atención de los campos que supervisa como director técnico en Valencia, Jumilla y Toledo.
La evolución de los ácidos, la ganancia en azúcares y la madurez de la piel son elementos que se valoran para modificar a tiempo las atenciones que necesita la planta, que se poda entre diciembre y enero y no empieza a desarrollar hasta marzo o abril.
El punto más importante de su desarrollo vegetativo se conoce como el "embero", cuando cambia el color de la baya y la planta quiere más agua. Este paso, en el que también se contempla la poda en verde, para evitar "chupones" que malgasten recursos, se presenta entre mayo y juno, mes este último que, según los datos de la Agencia de Meteorología, registró un valor medio de 1,5 grados por encima de la temperatura normal.
El mes fue también muy seco con una precipitación media acumulada de en torno a los 22mm, cuando el valor promedio para junio es de 36mm, según el periodo de referencia 1971-2000.
Es por eso que este año "el riego ha sido mas preciso", situación, sin embargo, que no se espera afecte ni al precio ni la calidad de la cosecha, indicó Joaquín Gálvez.
En los años frescos, dijo, se riega menos y se pone menos peso en la cepa y en los años calurosos, se riego más y la cepa puede alcanzar cerca de los dos kilos.
Además, precisó, "la planta es inteligente y si le falta agua elimina las hojas por las que se evapora agua", por lo que hay que estar pendiente si le falta sombra a la fruta y siempre cosechar a tiempo.
Sobre las ventajas o desventajas de los cambios climáticos o específicamente de temperatura, Gálvez sostiene que el calor aporta más azúcares y el azúcar mayor graduación alcohólica, pero que en el producto final que se busca, el vino, es el enólogo o el director de la bodega el que tendrá que equilibrar el resultado.
"Este año será ventajoso para el productor mayorista, porque las uvas ganarán en azúcares y se vende mejor, apuntó.
Viticultor "sin viñas", de la producción que supervisa guarda materia prima para elaborar un vino de autor que desde 1995 sigue una producción ecológica de forma natural, como en la mayoría de los cultivos españoles.
La certificación, señaló, "es un coste adicional que hemos querido ahorrar al consumidor".