Suplementos
Yelapa, playa rústica
Este poblado jalisciense te ofrece un sinfin de aventuras gastronómicas y acuáticas
GUADALAJARA, JALISCO (15/AGO/2010).- La energía eléctrica llegó hace cinco años a Yelapa, pero ni eso, ni los turistas que cada verano arriban a sus playas han logrado cambiar la paz que tanto aman el el pescador Farit y Chelly, la chica que vende pays.
Farit tiene 25 años y su familia llegó hace más de 100 a Yelapa. Vinieron desde el poblado nayatita, Chacala.
Cuenta una leyenda que todos llegaron después de una epidemia que extinguió a los indígenas.
“Ni locos nos vamos. Aquí tenemos todo, tranquilidad, casa, trabajo y comida”.
No por nada Farit y los mil 200 habitantes de Yelapa, insisten en que aquí se come “de la ola a la cacerola”, en la que él y su amigo Miguel Ángel descansan sobre la playa.
Por ahora, la única forma de llegar a Yelapa es en una embarcación que parte desde la Marina de Puerto Vallarta y navega unos 45 minutos por las aguas del Pacífico. “Casi todos los días atracan dos o tres barcos”, dice Chelly, famosa hasta en Estados Unidos por sus pays: “El otro día unas personas del The New York Times me entrevistaron”.
Desde Puerto Vallarta, los conocedores del destino advierten que a Yelapa se va a comer pays y a tomarse la foto con la iguana.
El mejor postre
Generalmente, Chelly está parada bajo una sombrilla en la playa, con un recipiente de plástico sobre su cabeza, como a punto de bailar la danza de “la flor de piña” de los mixtecos.
Se llamaba Chelly Rodríguez y ella era la señora de los pays. Su voz es grave y su rostro está embadurnado por protector solar.
“Los pays de Chelly”, se volvieron famosos desde hace 28 años. Los hay de coco, queso, nuez, chocolate y plátano. Para hacerlos se levanta todos los días a las cinco de la mañana y tiene un horno de leña y una estufa donde los cocina. “Mi mamá me enseñó, ella los inventó cuando trabajaba en el Hotel Lagunita”, un parador ubicado en la parte Este de Yelapa, el único hotel del sitio.
Su mamá fue ayudante del chef, él hacia de vez en cuando algunos como postre para los huéspedes. Entonces ella comenzó a hacer los propios, pero mejores. “Mi mamá dice que los del chef no sabían muy bien”.
Chelly toma un cuchillo grueso para partir una rebanada de unos ocho centímetros de ancho y casi 12 de largo: “éste es el de queso”.
Al morderlo, la suavidad y la frescura permanecen en el paladar por varios segundos. Después probamos un poco del de plátano y también de coco.
Pese a que los de frutas tienen trocitos dentro de la harina recién horneada, no son pegajosos.
Ponte para la foto
“Ya está listo, mírenlo”, grita Miguel Ángel, amigo de Farit, quien tiene viviendo tres meses en el lugar. Llegó desde la Ciudad de México y ahora ya no se quiere regresar: “Es que me gusta porque aquí hay bohemia”, por la que, seguramente, muchos escritores y artistas vienen a Yelapa, donde es fácil que te salga la inspiración.
Miguel Ángel carga una enorme iguana, mide un metro y medio de largo y puede llegar a crecer hasta dos metros, lleva en el cuello un collar que su dueño le colocó para que “salga más bonita en la foto”, dice Miguel.
Éste es otro de los atractivos del lugar, porque pese a que la iguana es impresionante por su textura y forma, también es inofensiva, sólo come plantas y lo único que desea para vivir es calor. “En toda la zona vas a ver que hay un montón, están por todo lados, pero ésta es única por su tamaño y a todos los turistas les gusta acercarse, tocarla y llevarse el recuerdo”.
Después de la foto, puedes quedarte a escuchar el mito ancestral de que estos animales simbolizaban la pasividad pero también lo eterno e inamovible, es decir, aquello que siempre está presente; que incluso, Itzamná, el dios maya de los cielos la llevaba como insignia en su traje.
A las 12 de la tarde en Yelapa, la temperatura es de 32 grados centígrados. Los ánimos son tan buenos que a cualquiera le da por meterse al agua, pero todavía hay que subir hasta una cascada de 30 metros de altura, que está a unos 25 minutos de distancia desde la playa.
Para llegar se puede ir caminando o montando caballo, según la condición en la que te encuentres porque el camino es empedrado y empinado.
La cascada tiene su final en una poza enorme, una alberca donde varios ya se dieron el primer chapuzón y se refrescan mientras toman cientos de fotos. “La caída del agua entre los meses de agosto y octubre llega a tapar el pozo, es un espectáculo mayor”, dice uno de los guías.
El regreso
Quedarse en Yelapa te puede costar desde 800 pesos la noche en el Hotel, hasta 250 pesos en una palapa con baño, ubicada en el pueblo.
Puedes probar desde langosta y pulpo y quesadillas de camarón. Entre dos personas se puede gastar unos 200 pesos.
Cuando el bote se va alejando de las orillas de Yelapa, un ritual inicia: los pájaros cantan y las montañas se cubren de casitas color naranja y violeta.
Los turistas aseguran que cuando se llega parece que la naturaleza inicía un complot para que no se pise la arena, que herve a más de 50 grados, ahora se sabe que eso sólo era una prueba para principiantes y que si algún día re regresa, necesitaremos sentir ese mismo picor en la planta de los pies.
Guia Del Viajero
Llega con: Vivaaerobus, Guadalajara- Puerto Vallarta, viaje redondo desde 449 pesos por persona.
Duerme en: Hotel Playa Los Arcos. Con 44 suites, buena cocina. Ubicado en el centro de Puerto Vallarta. Habitación por noche en ocupación doble desde mil 180 pesos.
Come: Restaurante Tino´s. Abierto desde 1990 y es más conocido como “La Catedral de los Mariscos”. Pide un pescado zarandeado, se sirve para compartir con cuatro personas. Precio aproximado de 200 pesos.
Tours: Vallarta Adventures. Recorridos a Yelapa desde Puerto Vallarta, incluye alimentos, bebidas, tours y esnórquel.
Antes de partir: Cena en el Restaurante Trío. Se localiza en la calle de Guerrero 264, en Puerto Vallarta. Menú de cocina mediterránea. Reservaciones al (322) 222 2196.
Farit tiene 25 años y su familia llegó hace más de 100 a Yelapa. Vinieron desde el poblado nayatita, Chacala.
Cuenta una leyenda que todos llegaron después de una epidemia que extinguió a los indígenas.
“Ni locos nos vamos. Aquí tenemos todo, tranquilidad, casa, trabajo y comida”.
No por nada Farit y los mil 200 habitantes de Yelapa, insisten en que aquí se come “de la ola a la cacerola”, en la que él y su amigo Miguel Ángel descansan sobre la playa.
Por ahora, la única forma de llegar a Yelapa es en una embarcación que parte desde la Marina de Puerto Vallarta y navega unos 45 minutos por las aguas del Pacífico. “Casi todos los días atracan dos o tres barcos”, dice Chelly, famosa hasta en Estados Unidos por sus pays: “El otro día unas personas del The New York Times me entrevistaron”.
Desde Puerto Vallarta, los conocedores del destino advierten que a Yelapa se va a comer pays y a tomarse la foto con la iguana.
El mejor postre
Generalmente, Chelly está parada bajo una sombrilla en la playa, con un recipiente de plástico sobre su cabeza, como a punto de bailar la danza de “la flor de piña” de los mixtecos.
Se llamaba Chelly Rodríguez y ella era la señora de los pays. Su voz es grave y su rostro está embadurnado por protector solar.
“Los pays de Chelly”, se volvieron famosos desde hace 28 años. Los hay de coco, queso, nuez, chocolate y plátano. Para hacerlos se levanta todos los días a las cinco de la mañana y tiene un horno de leña y una estufa donde los cocina. “Mi mamá me enseñó, ella los inventó cuando trabajaba en el Hotel Lagunita”, un parador ubicado en la parte Este de Yelapa, el único hotel del sitio.
Su mamá fue ayudante del chef, él hacia de vez en cuando algunos como postre para los huéspedes. Entonces ella comenzó a hacer los propios, pero mejores. “Mi mamá dice que los del chef no sabían muy bien”.
Chelly toma un cuchillo grueso para partir una rebanada de unos ocho centímetros de ancho y casi 12 de largo: “éste es el de queso”.
Al morderlo, la suavidad y la frescura permanecen en el paladar por varios segundos. Después probamos un poco del de plátano y también de coco.
Pese a que los de frutas tienen trocitos dentro de la harina recién horneada, no son pegajosos.
Ponte para la foto
“Ya está listo, mírenlo”, grita Miguel Ángel, amigo de Farit, quien tiene viviendo tres meses en el lugar. Llegó desde la Ciudad de México y ahora ya no se quiere regresar: “Es que me gusta porque aquí hay bohemia”, por la que, seguramente, muchos escritores y artistas vienen a Yelapa, donde es fácil que te salga la inspiración.
Miguel Ángel carga una enorme iguana, mide un metro y medio de largo y puede llegar a crecer hasta dos metros, lleva en el cuello un collar que su dueño le colocó para que “salga más bonita en la foto”, dice Miguel.
Éste es otro de los atractivos del lugar, porque pese a que la iguana es impresionante por su textura y forma, también es inofensiva, sólo come plantas y lo único que desea para vivir es calor. “En toda la zona vas a ver que hay un montón, están por todo lados, pero ésta es única por su tamaño y a todos los turistas les gusta acercarse, tocarla y llevarse el recuerdo”.
Después de la foto, puedes quedarte a escuchar el mito ancestral de que estos animales simbolizaban la pasividad pero también lo eterno e inamovible, es decir, aquello que siempre está presente; que incluso, Itzamná, el dios maya de los cielos la llevaba como insignia en su traje.
A las 12 de la tarde en Yelapa, la temperatura es de 32 grados centígrados. Los ánimos son tan buenos que a cualquiera le da por meterse al agua, pero todavía hay que subir hasta una cascada de 30 metros de altura, que está a unos 25 minutos de distancia desde la playa.
Para llegar se puede ir caminando o montando caballo, según la condición en la que te encuentres porque el camino es empedrado y empinado.
La cascada tiene su final en una poza enorme, una alberca donde varios ya se dieron el primer chapuzón y se refrescan mientras toman cientos de fotos. “La caída del agua entre los meses de agosto y octubre llega a tapar el pozo, es un espectáculo mayor”, dice uno de los guías.
El regreso
Quedarse en Yelapa te puede costar desde 800 pesos la noche en el Hotel, hasta 250 pesos en una palapa con baño, ubicada en el pueblo.
Puedes probar desde langosta y pulpo y quesadillas de camarón. Entre dos personas se puede gastar unos 200 pesos.
Cuando el bote se va alejando de las orillas de Yelapa, un ritual inicia: los pájaros cantan y las montañas se cubren de casitas color naranja y violeta.
Los turistas aseguran que cuando se llega parece que la naturaleza inicía un complot para que no se pise la arena, que herve a más de 50 grados, ahora se sabe que eso sólo era una prueba para principiantes y que si algún día re regresa, necesitaremos sentir ese mismo picor en la planta de los pies.
Guia Del Viajero
Llega con: Vivaaerobus, Guadalajara- Puerto Vallarta, viaje redondo desde 449 pesos por persona.
Duerme en: Hotel Playa Los Arcos. Con 44 suites, buena cocina. Ubicado en el centro de Puerto Vallarta. Habitación por noche en ocupación doble desde mil 180 pesos.
Come: Restaurante Tino´s. Abierto desde 1990 y es más conocido como “La Catedral de los Mariscos”. Pide un pescado zarandeado, se sirve para compartir con cuatro personas. Precio aproximado de 200 pesos.
Tours: Vallarta Adventures. Recorridos a Yelapa desde Puerto Vallarta, incluye alimentos, bebidas, tours y esnórquel.
Antes de partir: Cena en el Restaurante Trío. Se localiza en la calle de Guerrero 264, en Puerto Vallarta. Menú de cocina mediterránea. Reservaciones al (322) 222 2196.