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Ya que entramos en la Cuaresma...

La palabra griega para conversión es metanoia, que significa cambio de mentalidad

     Ya que entramos en la Cuaresma conviene recordar algunas cosas. Resulta que este año se cumplen 153 años de las apariciones de Lourdes. Cuatro años después de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción por parte del beato Pío IX, María se apareció por primera vez el 11 de febrero de 1858 a Santa Bernardita Soubirous en la gruta de Massabielle. Siguieron luego otras apariciones acompañadas de acontecimientos extraordinarios y, al final, la Virgen santísima se despidió revelando a la joven vidente, en el dialecto local: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. El mensaje que la Virgen nos dio en Lourdes recuerda las palabras que Jesús pronunció precisamente al inicio de su misión pública, y que volveremos a escuchar muchas veces durante los días de Cuaresma: “Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15).

     La palabra griega para conversión es metanoia, que significa cambio de mentalidad. Actualmente esto lo entendemos como abandonar una forma de pensar que lleva al pecado para asumir un nuevo modo de pensar por el que nos apropiamos y asimilamos los criterios evangélicos o enseñanzas del Señor. Esto es lo que constituye la nueva mentalidad propuesta por el Evangelio que, por la interiorización que implican la apropiación y la asimilación, tales criterios se han de convertir en las normas de conducta que desemboquen en una vida nueva. La cuestión es que, como el ser humano generalmente actúa de acuerdo con lo que piensa y con los valores que se adjudica, la primera invitación es a cambiar el pensamiento. Esto significa que, dentro del contexto cristiano, no existe un cambio auténtico, profundo y duradero si la persona no abandona los criterios que le conducen a actuar de manera contraria a la recta razón, y hace suyos --hablamos de una aceptación intelectual tanto como de una adhesión afectiva-- los criterios divinos, las enseñanzas de Jesús.

     La segunda parte del llamado cristiano es a creer en el Evangelio. Lo que se traduce por “creer” proviene del verbo griego pisteuo, que se puede traducir también  como “prestar fe”. En el Nuevo Testamento la fe es la creencia en Dios y en lo que Él revela. Quien tiene fe confía en Dios porque sabe que Él es fiel y que no miente (Num 23, 19). Por lo tanto, la fe lleva al creyente a prestar obediencia a Dios, a vivir de acuerdo con lo que Él enseña, a modelar la propia existencia según lo que revela y manifiesta al hombre para que viva, en este caso muy concreto, el Evangelio de N.S. Jesucristo. Finalmente, el significado original del término evangelio no designaba un libro en particular. Evangelio es una palabra griega compuesta de la partícula “eu”, que significa bueno y del sustantivo “angelion”, que significa anuncio, noticia, mensaje. Por eso se traduce también como buena nueva. Lo grandioso es que, desde la época de N.S. Jesucristo, esta buena nueva o buena noticia está vinculada con la salvación del ser humano. En consecuencia, es un mensaje que anuncia y trae la salvación, es una noticia que revela la reconciliación del ser humano con Dios, consigo mismo, con los demás y con la creación entera. Entonces, por Evangelio hay que entender todo lo que Cristo ha predicado y enseñado, así como también su misma Persona; como Verbo Encarnado, Él es el Evangelio vivo del Padre.

     Y aquí resuenan las palabras de S.S. Benedicto XVI, pronunciadas en el inicio de la Cuaresma de 2008: “¿Qué significa “entrar en la Cuaresma”? Significa iniciar un tiempo de particular empeño en el combate espiritual que nos opone al mal presente en el mundo, en cada uno de nosotros y en torno a nosotros. Quiere decir mirar el mal cara a cara y disponerse a luchar contra sus efectos, sobre todo contra sus causas, hasta la causa última, que es Satanás. Significa no descargar el problema del mal en los demás, en la sociedad o en Dios, sino reconocer las propias responsabilidades y afrontarlo conscientemente”. Entrar en la Cuaresma es tomar el camino de la cruz, el único que conduce a la victoria del amor sobre el odio, de la paz sobre la violencia. Acojamos la invitación de María, que hace eco a la de Cristo, y pidámosle que nos obtenga “entrar” con fe en la Cuaresma, para vivir con alegría interior y empeño vigorizante este tiempo de gracia. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.  

 

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx

    

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