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Vida contemplative
Llueve, llueve en serio, toda la noche y todo el día y el anterior y el anterior del anterior
por: alejandro gonzález gortázar
foto: saúl núñez
Llueve, llueve en serio, toda la noche y todo el día y el anterior y el anterior del anterior. Agua pasa por mi casa y por el jardín y por la calle, sin dar cabida a la adivinanza sino más bien a la certeza. Llueve. Al fondo Chapala crece, aumenta, sube, adelanta sus límites, recobra su territorio, lo moja, lo inunda, reconoce su lugar perdido y el estrépito de sus olas se escucha de nuevo.
Cientos de patos, gaviotas, garzas y otras maravillosas aves acuáticas lo ocupan, lo cubren, lo acompañan en toda su inmensidad gris azulada, y las nubes cargadas que vienen del otro lado presagian más lluvia, más agua. Bienvenida.
Ahora está aquí enfrente, a un paso, como no lo había visto en casi 30 años. Me acerco, mojo mis pies hundiéndome en esta tierra lodosa, que quizá ya olvidó lo que es ser parte del vaso lacustre; aspiro el aroma portentoso que me remonta a otros tiempos, lejanos, cuando en una pequeña barca de remos enfrentaba emocionado al Abajeño, al Mexicano o al temible viento del Sur, y gozo de nuevo tanta belleza, tanta fuerza.
Este temporal nos ha devuelto nuestro Lago y hoy lo celebro lleno de alegría. Trato de cubrirme de la llovizna que regresa a esta tarde fresca, mágica y encantadora de fin de verano, y de repente estoy de nuevo en medio de la tormenta; se obscurece el ocaso, se cubre con un velo indefinido, nebuloso, que confunde el agua del cielo con el agua de la tierra, borrando el límite que las divide. Mientras tanto llueve, llueve en serio.
foto: saúl núñez
Llueve, llueve en serio, toda la noche y todo el día y el anterior y el anterior del anterior. Agua pasa por mi casa y por el jardín y por la calle, sin dar cabida a la adivinanza sino más bien a la certeza. Llueve. Al fondo Chapala crece, aumenta, sube, adelanta sus límites, recobra su territorio, lo moja, lo inunda, reconoce su lugar perdido y el estrépito de sus olas se escucha de nuevo.
Cientos de patos, gaviotas, garzas y otras maravillosas aves acuáticas lo ocupan, lo cubren, lo acompañan en toda su inmensidad gris azulada, y las nubes cargadas que vienen del otro lado presagian más lluvia, más agua. Bienvenida.
Ahora está aquí enfrente, a un paso, como no lo había visto en casi 30 años. Me acerco, mojo mis pies hundiéndome en esta tierra lodosa, que quizá ya olvidó lo que es ser parte del vaso lacustre; aspiro el aroma portentoso que me remonta a otros tiempos, lejanos, cuando en una pequeña barca de remos enfrentaba emocionado al Abajeño, al Mexicano o al temible viento del Sur, y gozo de nuevo tanta belleza, tanta fuerza.
Este temporal nos ha devuelto nuestro Lago y hoy lo celebro lleno de alegría. Trato de cubrirme de la llovizna que regresa a esta tarde fresca, mágica y encantadora de fin de verano, y de repente estoy de nuevo en medio de la tormenta; se obscurece el ocaso, se cubre con un velo indefinido, nebuloso, que confunde el agua del cielo con el agua de la tierra, borrando el límite que las divide. Mientras tanto llueve, llueve en serio.