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Viajeros en la Historia

Por: Cristóbal Durán

(Primera parte)

En otras narraciones hemos comentado lo importante que han sido las exploraciones hacia lugares nunca antes visitados, debido a que aportan valiosa información sobre aspectos geográficos, culturales, económicos y demás, incluso, sirven para realizar futuros estudios de esas regiones. Pero no se crea que quien es primero en visitar un lugar alcanza por ello a ofrecer toda la información posible de él.

El viaje del padre Foucauld, a finales del siglo XIX, muestra claramente que aún cuando antes que él, otros habían explorado la región noreste de África y el Sahara central, él pudo aportar nuevas cosas incluso algunas de ellas aprovechadas para fines militares.

Desde el siglo XVI se habían realizado viajes a distintos rincones del continente africano, pasando por León el Africano, James Bruce, Mungo Park, y el célebre David Livingstone, Stanley, entre otros, todos aportando valiosos datos para el conocimiento del misterioso continente.

Charles-Eugene de Foucauld de Pontbriand, nació en Estrasburgo, Francia, en septiembre de 1858. Era de familia adinerada y piadosa; tenía una hermana tres años menor que él.

Cuando él tenía cinco años de edad murió su madre, y meses después su padre. Fue entonces que su abuelo materno, el coronel De Morlet, se hizo cargo de él y le ofreció los rudimentos de la educación militar. En la ciudad de Nancy continuó sus estudios y después ingresó al colegio militar de Saint-Cyr.

En realidad, Faucauld no tenía interés en prepararse ni religiosa ni militarmente. La fortuna familiar que aún disfrutaba parecía darle la certeza de que su futuro estaba asegurado y que sólo le restaba disfrutar los placeres de la vida, los cuales eran facilitados por su riqueza.

En más de una ocasión fue expulsado de los colegios por su “pereza e indisciplina”. Incluso, cuando se propuso estudiar en forma filosofía y religión, las diversas opiniones que tenían las diferentes doctrinas le hicieron decepcionarse de ellas, incluso de la religión; comenzó a “dudar de los libros católicos que la tradición familiar le había hecho admitir sin crítica”.

En momentos entraba en profundas crisis sobre este asunto de tenerlo todo y al mismo tiempo sentirse vacío.

Llegó a escribir: “sin negar nada y sin creer nada, desesperado de la verdad y sin siquiera creer en Dios, porque ninguna prueba me parecía evidente”. Parecía que la vida no tenía mayor sentido que el de vivirla colmada de placeres mundanos que nada le costaba conseguirlos, y de ese modo olvidarse de problemas existenciales.

Egresó de Saint-Cyr con las notas más bajas y ahí se distinguió por su mala conducta y por su espíritu poco militar, así como por ser un “jinete muy mediocre”.

Definitivamente como que la milicia no era lo suyo. Con todo, fue nombrado subteniente del 4° regimiento de húsares, destacado en Sétiff, norte de Argelia. Ahí organizaba “fiestas extravagantes” con todo el desenfreno posible; era el “joven elegante y rico” que se entregaba por entero al placer, al grado de preferir que se le retirara del servicio activo (1881) antes que tener que obedecer a sus superiores, quienes le habían ordenado que enviara de regreso a una amante que había traído consigo desde Francia. En respuesta, se fue a vivir con ella a Evian.

Dos meses después pidió ser reintegrado a las filas de ejército, aunque sea como soldado raso, para participar en una campaña en el sur de Orán, Argelia. Se le dio la oportunidad y logró destacar como excelente oficial.

Esta campaña militar de ocho meses lo puso en contacto con el desierto y los misteriosos pueblos que lo habitaban, lo cual fue el inicio de un importante cambio en él. Su vida de juerguista y despilfarrador parecía irla olvidando, al mismo tiempo que se empezó a interesar por explorar Marruecos, especialmente aquellos poblados que en Europa no se tenía mucha noticia.

Su vida empezó a cambiar de manera drástica. África, Tierra Santa, así como la fe perdida, ahora le parecían algo excitante y atractivo, y lo más importante: lo único a lo que le encontraba sentido de vivir. Este cambio y su desenlace lo comentaremos en nuestra próxima entrega.

Cristóbal Durán
ollin5@hotmail.com

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