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Viaje al corazón de Susan Sontag
La segunda entrega de sus diarios retrata a la intelectual y a la escritora; también supone un mosaico de su vida íntima, sus sueños y sus ideas más combativas, todo ello a través de la mirada de su hijo
GUADALAJARA, JALISCO (19/ENE/2014).- Esa niña huérfana de amor que desde pequeña hizo las veces de madre de su mamá y de su hermana, un día descubrió lo que quería ser y cómo conseguirlo: “Aspirar a ser muy buena (si soy extremadamente buena, me amarán)”... Así, la niña desamparada se convirtió en Susan Sontag (Nueva York, 1933-2004), una de las intelectuales más destacas de la segunda mitad del siglo XX: brillante, combativa, militante de la igualdad entre hombres y mujeres, simpatizante del comunismo, crítica con la política y la sociedad de su país, gran ensayista del arte, enseñante de cómo entender los derroteros culturales del momento, escritora respetada..
Oropeles que sólo eran el medio para otro fin. Pero oropeles que la convirtieron en una persona muy admirada por unos, sí, pero también desdeñada por otros. ¿Y alcanzó el fin?
Es uno de los secretos desvelados en La conciencia uncida a la carne. Diarios de madurez, 1964- 1980 (Random House) y editado por su hijo David Rieff. Se trata del segundo de los tres tomos que conformarán, según escribe Rieff en el prólogo, “no sólo la autobiografía que Susan Sontag nunca alcanzó a escribir, sino la gran novela autobiográfica que nunca le interesó escribir”. Un retrato de una persona deseosa de aprender y comprender en una época de grandes cambios como fueron los años sesenta y setenta mientras se busca a sí misma.
Si el primer volumen apareció en 2010 rodeado de cierta polémica acerca de si era lícito o no publicar los diarios de una persona sin su autorización expresa —y eran jirones de su infancia y de su vida hasta que cumple 30 años y ya asoma lo que habrá de ser el personaje— esta nueva entrega es un mosaico íntimo, personal, social, intelectual, sentimental, político y literario de lo que será Susan Sontag para la historia. Son los años del florecimiento y esplendor de una persona que se casó a los 17 años con su profesor, el sociólogo Philip Rieff, con quien tuvo su único hijo, que publicó su primera novela en 1963 y que amó a las mujeres, en medio de la sensación de orfandad de cariño.
Porque esa mujer conocida por casi todos tenía un secreto, vivo como una gota malaya, y cuyo sonido siempre la acompañó. Pero es precisamente ese deseo de suplir ese eco de abandono y falta de cariño el que impulsa y delinea su destino. Su vida se convierte en una huida que es una búsqueda, la de encontrar amor, afecto... y es en aquellos años infantiles de desconsuelo ejerciendo de madre de su madre cuando descubre que la clave está en su capacidad de adquirir cultura y conocimiento. Sabe que podría haber canalizado ese impulso en ser delincuente, por ejemplo, pero en cambio, desvela: “Me dije, voy a ser extremadamente buena —y mereceré (atraeré) el amor— y procuraré la responsabilidad, la autoridad, el dominio, la fama, el poder”. Una realidad, pero una realidad a medias, porque como escribe su hijo, el corazón de Susan Sontag “se rompió a menudo, y buena parte de este tomo es la elaboración de la pérdida amorosa. En cierto sentido ello implica que se tenga una impresión falsa de su vida, pues propendía a escribir más en sus diarios cuando era infeliz, mucho más cuando lo era amargamente, y menos cuando se encontraba bien”.
El amor ánima su vida. Y ya con 33 años Susan Sontag descubrió que esa estrategia de dar conocimiento era una trampa, otro desamparo sin fin: “Mi hábito de intercambiar ‘información’ a cambio de calor humano. Como poner un chelín en un contacto; dura cinco minutos, después hay que poner otro chelín”.
El País
Un recorrido a lo Susan Sontag
Abandono. Quiero “prometerme”. Una razón es la ansiedad (quiero encontrar un puerto seguro, librarme del debilitante temor del abandono).
Amor. El amor es volar planeando, flotar. Pensar es volar en solitario, batiendo las alas.
Arte. No debemos esperar que el arte entretenga o divierta. Al menos no el gran arte. El arte es la condición fundamental de todo.
Ausencia. Mi universo, en contraste radical con el de Eva, está poco poblado. No vivo el mundo como una invasión, una amenaza, una agresión. La ansiedad primordial es la ausencia, la indiferencia.
Comunismo. Un gran tema el desamor de Occidente con el comunismo. El final de 200 años de pasión.
Cualidades. Las cualidades que me atraen (alguien a quien amo debe tener al menos dos o tres): inteligencia, belleza, elegancia, “douceur” (dulzura), glamour, celebridad, fuerza, vitalidad, entusiasmo sexual, alegría, encanto, expresividad emocional, ternura (verbal, física), afecto.
David (su hijo). Estoy demasiado “cerca” de David en el sentido de que me identifico con él. Cuando paso mucho tiempo con él pierdo la noción de mi edad; acepto los límites de su mundo. Apacigua mis fantasías de ser un chico. Me identifico con David, es el niño que habría querido ser -no necesito ser un chico porque él existe-.
Desamor. Nunca voy a sobreponerme meramente a este dolor. Estoy helada, paralizada, con los engranajes atascados. Sólo se aliviará, disminuirá si de alguna manera puedo trasponer la emoción como del dolor a la ira, de la desesperación a la conformidad. Tengo que activarme. Mientras me siga sintiendo como paciente (no haciente) este dolor insoportable no me abandonará.
Escribir. Vivo la escritura como algo que se me da —a veces— casi como un dictado. Dejo que sobrevenga, trato de no interferir con ella. La respeto, porque soy yo y sin embargo es más que yo. Creo que estoy preparada para escribir. Pensar con palabras, no con ideas.
Estados Unidos. La base calvinista de la ideología estadounidense: la naturaleza humana es en lo fundamental oscura, malévola, pecaminosa, egoísta y sólo responde a motivos egoístas o materiales o competitivos.
Estilo. La manera en que las cosas se nos presentan diseñadas para el placer.
Guerra de Vietnam. Vietnam es la primera guerra televisada. Un “happening” continuo. Estás allí. Los estadounidenses no pueden decir, como pudieron los alemanes, “no nos enteramos”.
Honor. Dar lo mejor de sí misma siempre...
Saber más
Puño en alto...
y letras
Hizo novela y ensayo. Destacó como una de las plumas más importantes de Estados Unidos la década pasada y se convirtió en una de las voces más influyentes del pensamiento artístico a escala internacional. Murió el 28 de diciembre de 2004 y dejó un gran hueco entre el mundo intelectual del vecino país del
También ejerció en otros ámbitos, como el de la docencia, además dirigió películas y obras teatrales, en donde vivió intensas jornadas que luego relató en sus obras literarias.
Oropeles que sólo eran el medio para otro fin. Pero oropeles que la convirtieron en una persona muy admirada por unos, sí, pero también desdeñada por otros. ¿Y alcanzó el fin?
Es uno de los secretos desvelados en La conciencia uncida a la carne. Diarios de madurez, 1964- 1980 (Random House) y editado por su hijo David Rieff. Se trata del segundo de los tres tomos que conformarán, según escribe Rieff en el prólogo, “no sólo la autobiografía que Susan Sontag nunca alcanzó a escribir, sino la gran novela autobiográfica que nunca le interesó escribir”. Un retrato de una persona deseosa de aprender y comprender en una época de grandes cambios como fueron los años sesenta y setenta mientras se busca a sí misma.
Si el primer volumen apareció en 2010 rodeado de cierta polémica acerca de si era lícito o no publicar los diarios de una persona sin su autorización expresa —y eran jirones de su infancia y de su vida hasta que cumple 30 años y ya asoma lo que habrá de ser el personaje— esta nueva entrega es un mosaico íntimo, personal, social, intelectual, sentimental, político y literario de lo que será Susan Sontag para la historia. Son los años del florecimiento y esplendor de una persona que se casó a los 17 años con su profesor, el sociólogo Philip Rieff, con quien tuvo su único hijo, que publicó su primera novela en 1963 y que amó a las mujeres, en medio de la sensación de orfandad de cariño.
Porque esa mujer conocida por casi todos tenía un secreto, vivo como una gota malaya, y cuyo sonido siempre la acompañó. Pero es precisamente ese deseo de suplir ese eco de abandono y falta de cariño el que impulsa y delinea su destino. Su vida se convierte en una huida que es una búsqueda, la de encontrar amor, afecto... y es en aquellos años infantiles de desconsuelo ejerciendo de madre de su madre cuando descubre que la clave está en su capacidad de adquirir cultura y conocimiento. Sabe que podría haber canalizado ese impulso en ser delincuente, por ejemplo, pero en cambio, desvela: “Me dije, voy a ser extremadamente buena —y mereceré (atraeré) el amor— y procuraré la responsabilidad, la autoridad, el dominio, la fama, el poder”. Una realidad, pero una realidad a medias, porque como escribe su hijo, el corazón de Susan Sontag “se rompió a menudo, y buena parte de este tomo es la elaboración de la pérdida amorosa. En cierto sentido ello implica que se tenga una impresión falsa de su vida, pues propendía a escribir más en sus diarios cuando era infeliz, mucho más cuando lo era amargamente, y menos cuando se encontraba bien”.
El amor ánima su vida. Y ya con 33 años Susan Sontag descubrió que esa estrategia de dar conocimiento era una trampa, otro desamparo sin fin: “Mi hábito de intercambiar ‘información’ a cambio de calor humano. Como poner un chelín en un contacto; dura cinco minutos, después hay que poner otro chelín”.
El País
Un recorrido a lo Susan Sontag
Abandono. Quiero “prometerme”. Una razón es la ansiedad (quiero encontrar un puerto seguro, librarme del debilitante temor del abandono).
Amor. El amor es volar planeando, flotar. Pensar es volar en solitario, batiendo las alas.
Arte. No debemos esperar que el arte entretenga o divierta. Al menos no el gran arte. El arte es la condición fundamental de todo.
Ausencia. Mi universo, en contraste radical con el de Eva, está poco poblado. No vivo el mundo como una invasión, una amenaza, una agresión. La ansiedad primordial es la ausencia, la indiferencia.
Comunismo. Un gran tema el desamor de Occidente con el comunismo. El final de 200 años de pasión.
Cualidades. Las cualidades que me atraen (alguien a quien amo debe tener al menos dos o tres): inteligencia, belleza, elegancia, “douceur” (dulzura), glamour, celebridad, fuerza, vitalidad, entusiasmo sexual, alegría, encanto, expresividad emocional, ternura (verbal, física), afecto.
David (su hijo). Estoy demasiado “cerca” de David en el sentido de que me identifico con él. Cuando paso mucho tiempo con él pierdo la noción de mi edad; acepto los límites de su mundo. Apacigua mis fantasías de ser un chico. Me identifico con David, es el niño que habría querido ser -no necesito ser un chico porque él existe-.
Desamor. Nunca voy a sobreponerme meramente a este dolor. Estoy helada, paralizada, con los engranajes atascados. Sólo se aliviará, disminuirá si de alguna manera puedo trasponer la emoción como del dolor a la ira, de la desesperación a la conformidad. Tengo que activarme. Mientras me siga sintiendo como paciente (no haciente) este dolor insoportable no me abandonará.
Escribir. Vivo la escritura como algo que se me da —a veces— casi como un dictado. Dejo que sobrevenga, trato de no interferir con ella. La respeto, porque soy yo y sin embargo es más que yo. Creo que estoy preparada para escribir. Pensar con palabras, no con ideas.
Estados Unidos. La base calvinista de la ideología estadounidense: la naturaleza humana es en lo fundamental oscura, malévola, pecaminosa, egoísta y sólo responde a motivos egoístas o materiales o competitivos.
Estilo. La manera en que las cosas se nos presentan diseñadas para el placer.
Guerra de Vietnam. Vietnam es la primera guerra televisada. Un “happening” continuo. Estás allí. Los estadounidenses no pueden decir, como pudieron los alemanes, “no nos enteramos”.
Honor. Dar lo mejor de sí misma siempre...
Saber más
Puño en alto...
y letras
Hizo novela y ensayo. Destacó como una de las plumas más importantes de Estados Unidos la década pasada y se convirtió en una de las voces más influyentes del pensamiento artístico a escala internacional. Murió el 28 de diciembre de 2004 y dejó un gran hueco entre el mundo intelectual del vecino país del
También ejerció en otros ámbitos, como el de la docencia, además dirigió películas y obras teatrales, en donde vivió intensas jornadas que luego relató en sus obras literarias.