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San Marcos

GUADALAJARA, JALISCO (20/FEB/2011).- Una fresca mañana, mi familia y yo partimos contentos con dirección a Tonila, “La Puerta Sur de Jalisco”, bajamos a Atenquique, para después subir a El Platanar, disfrutando el paraje de cada curva, enseguida de la barranca Beltrán, atisbamos unas chimeneas que sobresalían de las copas de varios árboles. Luego de un cañaveral viramos a la derecha por el bonito camino real que va a la hacienda llamada, “San Marcos”, más que camino es toda una alameda, sombreada por diversos follajes en ambos lados, nos encontramos con un vaquero que montaba una yegua, una potranca la seguía.

Arturo Navarro Íñiguez nos dice: “para 1764 figura el trapiche de la hacienda de Los Alcaraces propiedad de Joaquín Alcaraz, siendo digno mencionar las antiguas haciendas azucareras de: San Marcos, La Esperanza, Atenguillo… elaborando en sus inicios melado, piloncillo, panelas y finalmente azúcar, constituyendo todo ello un importante renglón de la economía regional”.

Al final de la alameda, se dejó ver la fachada exterior de la hacienda, un jardín con parotas,  delimitado por un pasillo, donde abren siete puertas, altas y arqueadas. Seis peldaños bajan al portón, arqueado y una de sus puertas con postigo, del lado derecho hay una ventana vertical y, cuatro escalones suben a una puerta de dos hojas, con bizarros postigos circulares en su parte superior.  Rodolfo Villaseñor, amablemente nos había permitido admirar San Marcos. Pasamos el umbral del portón con desbordante emoción, saludamos a Jesús Gaitán y a Rosa Vázquez, la entrada divide a un corredor que ve a un hermoso jardín con ceibas y palmas, muchas palmas, al centro luce una fuente circular de dos copas, la fuente alimenta a un bebedero, donde se acercan de cuando en cuando bellos pavorreales que animan los jardines. Del costado derecho del jardín miramos el precioso ingenio, un corredor delimitado por arcos en medio punto, conduce al señorial edificio de dos pisos, con puertas arqueadas, las del primer nivel con tragaluces en forma de rombo arriba de cada travesaño, en el segundo nivel balcones corridos comunican varios cuartos. Un cautivador arco dórico con vistosa clave comprende los dos niveles, el arco nos dio acceso al interior de la planta del ingenio, es rectangular y carece de techumbre, el espacio fue convertido en un acogedor jardín, a mano izquierda vimos un gran arco con una viga peraltada, y a mano derecha, una escalera, que sube a unos cuartos del segundo piso, le sigue una puerta que conduce a lo que fuera una bodega. El grueso muro delata los tres niveles que comprendía, unas ventanas fueron tapadas. Al lado de dicho muro se dejaron ver: una cúpula y tres chimeneas, cada una de distinta época, la antigua distinguiéndose por su cornisamento y la moderna por su altura. Al fondo miramos unos enormes engranes y poleas, cerca de los fierros está la Virgen de Tepeyac. A unos pasos de la santa patrona de Tonila, fuimos cautivados por dos acueductos, pegados, pero sus arcos discrepan en la altura, detalle que los embellece, aguas cristalinas se filtran del volcán en sus barrancas, una de ellas fue nombrada Beltrán, su arroyo tomó el mismo nombre, arroyo que se canalizó al ingenio. Ocupamos unas sillas aledañas al acueducto, para contemplar el legendario entorno fabril, lleno de energía.
En el capítulo IV, Desarrollo Industrial (1895-1910), de, Historia de Jalisco, se escribió: “La zafra de azúcar corría a cargo de 49 ingenios… Entre los principales propietarios se distinguían; en el Centro, Manuel L. Corcuera que en Estipac beneficiaba un promedio de 250 mil kilos de azúcar al año; en el Sur, la hacienda de Bellavista de la familia Remus procesaba 700 mil kilos, la de Santa Cruz en Tamazula, propiedad de Rafael Arias, con 800 mil, la hacienda de Contla de Federico A. Newton, 400 mil, y la de San Vicente, de Vergara Hnos., con 350 mil. Por último, en el municipio de Tonila, la hacienda de San Marcos de Daniel Ochoa que lograba 800 mil kilos de azúcar al año. Estos seis empresarios producían 64.28% del azúcar de Jalisco. El que los elaboradores de panocha triplicaran el número de los de azúcar es muy significativo -sin demérito de algunos que operaban ambos renglones-, pues la técnica relativamente primitiva y barata utilizada en su obtención, facilitaba el acceso a los pequeños capitalistas”. 

Cuando el ferrocarril empezó a parar en la estación Villegas, se construyó una gran bodega para almacenar la azúcar de San Marcos.

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