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Piedra Blanca

GUADALAJARA, JALISCO (16/MAY/2010).-Frente a uno de los cerros de San Blas, El Vigía, se encuentra la cautivadora Piedra Blanca.

De la playa El Borrego, me dirigí a la biblioteca del puerto, histórica finca que formó parte de la legendaria aduana. Al costado Este de la referida finca, se localiza “Sport Fishing”, una cabaña de madera sobre pilotes, donde saludé al timonel Alfredo Murillo. Un precioso cuadro animaba el espacio, me acerque a admirarlo, en su pie decía: “Piedra Blanca”. Alfredo me preguntó: ¿Qué miras en la piedra? Y le dije, “un Cristo”. Agregó: “Yo lo llamo el Cristo de San Blas; en 2002, una de las tormentas del huracán Kena, le quitó un pedazo de roca, quedando el Cristo”.

Ernesto de Vigneaux, escribió de su estadía en el puerto en 1854: “Se recorre el cerro de San Juan, pico de mil 900 metros de elevación, que se divisa a 20 leguas. Al acercarnos al fondeadero, se encuentran dos rocas blancas a distancia de 12 millas una de la otra; el primero lleva el nombre de Piedra Blanca de afuera y el otro es de Piedra de Tierra. Al sur de este último venimos a echar el ancla. El aspecto de esta costa es risueño”.

A un costado de la cabaña estaba un muelle de piedra con unas lanchas, una de ellas era la de Alfredo; nos pusimos los chalecos y el timonel dio aviso a la Capitanía de Puerto de nuestra salida del estero El Pozo al Pacífico. Apreciamos unos veleros anclados y al fondo el cerro El Vigía con su faro, es el cerro más bajo y pequeño de San Blas, pero es el más rico en vistas. Enseguida miramos una bonita playa con palmeras, lanchas y bastantes pelicanos  sobre unas piedras.

Más adelante vimos la Marina con dos embarcaciones en su muelle y un añejo barco sudamericano, detenido por transportar mercancía ilegal. Al entrar al océano, las olas y la brisa se dejaron sentir. Atisbamos el cerro San Basilio, sobre sus peñas blanquecinas, el bizarro castillo con su bella bandera hondeando. Luego distinguimos a lo lejos la Piedra Blanca; conforme nos fuimos acercando fue creciendo, hasta mostrarnos su escala real y sus hermosas formas, la más insólita era el perfil de Cristo, “El Cristo de San Blas”, con su barba oscura, la boca y nariz bien definida, el pómulo, el ojo y la ceja precisos, sobre la frente la corona. Me quedé maravillado ante la silueta, comprende parte de la ladera sur de la piedra, tiene unos siete metros de diámetro y unos 12 de altura.
Su parte baja es café obscuro por estar bañada por el oleaje, el resto es blanco, producto del guano. Sobre la cima, una virgen de Fátima (la segunda), que mira al puerto, docenas de gaviotas la acompañaban.  En la parte media norte, vimos una pequeña cueva, para pronto Alfredo me platicó: “En cierto tiempo y con luna llena, una serpiente emplumada baja de San Basilio a preñar el mar de vida y después se anida en la cueva”. Luego de darle unas vueltas a la piedra, nos aproximamos a la piedra vecina a admirar unos hermosos bobos o piqueros patiazul, dos pelicanos contrastaban la parvada.

De regreso en la cabaña, charlamos con Guadalupe Morales de los esteros y sus lagunas, mientras saboreábamos un refresco. El sol se ocultaba en El Vigía y Armando prendió un Rayolito. Entrada la noche fui a degustar un delicioso espagueti con mariscos y queso parmesano, en Mc Donald´s, de Mike Mc Donald´s.

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