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Ürgrüp y Göreme fantásticas ciudades
Majestuosas formaciones rocosas sorprenden a los visitantes en Turquía, país que puede jactarse de tener uno de los más bellos paisajes
GUADALAJARA, JALISCO (18/MAR/2012).- Como si fuera en un cuento de hadas, al recorrer las accidentadas mesetas de Anatolia, en el Centro de Turquía, fueron apareciendo ante nuestra vista las imágenes fantasmagóricas de los extraños promontorios de piedra caliza, que como enormes conos invertidos se lanzaban a las alturas unos junto a los otros, a lo largo y ancho del terreno desigual de las tierras áridas de la antigua región llena de historia llamada Capadocia.
Los conos aquellos, de tersas superficies limadas por vientos y arenas milenarias, parecían haber sido taladrados por hormigas gigantescas en sus interiores. A diferentes niveles aparecían huecos a manera de ventanas por donde, o bien un niño, o bien un chivo, se asomaban ante el llamado de la mujer que salía por alguno de los huecos, ya fuera más arriba o más abajo, en el cercano cucurucho de junto a éste. Escaleras, habitaciones, pasillos, cocinas, chiqueros, estancias, intrincados laberintos y hasta templos de oración —algunos de ellos con antiquísimas pinturas de corte clásico— han sido labradas en las entrañas de estas pequeñas montañas cónicas desde tiempos inmemoriales; algunas veces como refugio y abrigo, y otras como protección contra los enemigos naturales, o bien, contra los invasores de ideas y religiones diferentes, que desfilaron por el lugar desde épocas remotas.
Maravilloso es ver cómo han sido previstas las necesidades básicas de calefacción, ventilación, acopio de agua, y hasta un incipiente drenaje; mínimos requisitos para que pudieran ser habitados. Actualmente, algunas de ellas, están preparadas incluso, para recibir huéspedes a manera de pequeños e insólitos hotelitos.
Gente fuerte con la que nos topábamos al caminar entre las pequeñas montañas agujereadas, nos saludaba con un téshekur ederem que destilaba bienvenida. Unos hombres recios que caminaban orgullosos con sus pantalones (que nos parecían graciosos) con la entrepierna colgando más allá de la rodilla, se mostraban amables aunque altivos. Mujeres de anchas caderas que cargaban hatos de leña, se metían a las cuevas arriando uno que otra gallina mañosa. Unos niños, jugueteando, salían por una ventana y luego por la otra de más arriba, presumiendo las maravillas que había en los interiores de sus casas-cuevas.
Dentro, luego nos dimos cuenta que eran prácticamente condominios en donde viven una o varias familias, en viviendas que han sido habitadas desde hace muchos siglos por generaciones y más generaciones, que claro, de una u otra manera han dejado sus huellas en ellas. Existen todavía vestigios de la famosa Cruz de Malta, símbolo de las Cruzadas, y grabada por ellos a su paso en busca (?) del Santo Grial
Se dice que en Derinküyü, verdadera ciudad subterránea, llegaron a tener hasta mil 200 minúsculas habitaciones, en donde, como si fuera un verdadero hormiguero, estaban preparados (dicen), para poder albergar hasta ¡cinco mil personas durante todo un mes! Y cuando llegaban a ser asediados, la entrada se tapaba con una gran roca; y por diferentes túneles se escabullían de un nivel a otro hacia una ruta escapatoria.
Actualmente la región de Capadocia, ha sido declarada por la UNESCO patrimonio de la Humanidad.
En pequeñas iglesias cavadas en la roca, en paredes y bóvedas se conservan todavía —en mayor o menor grado de conservación— impresionantes murales como el que se estima sea la pintura paisajística más antigua de la Humanidad (6,500 A.C.), donde aparece un caserío en primer plano, y un volcán en erupción allá en lontananza, que se cree que fue el generador de las curiosas formaciones del paisaje actual.
por Pedro Fernández Somellera
¡Anótalo!
No te lo pierdas
El hotelito más recomendable es el Hadedan Karavanseray; las habitaciones tienen un costo de 40 a 70 euros por noche.
Disfruta del paisaje en un viaje en globo.
Cómo llegar
Para llegar, hay vuelos desde Estambul a Konya o a Neveshir (donde existen viajes turísticos para recorrer la zona).
Paisaje nevado
Liam Neeson estelariza "Un día para sobrevivir", cinta dirigida por Joe Carnahan
Por Guillermo Vaidovits
Posiblemente las estepas nevadas del Círculo Ártico, junto con los desiertos y los océanos, sean las regiones por excelencia donde el ser humano puede advertir la verdadera dimensión del mundo que le rodea, y sentirse reducido a la nada frente al tamaño y la fuerza de esa realidad. De no ser así, la idea por lo menos resulta sugestiva para la literatura y el cine, donde tales espacios han sido los preferidos para poner a prueba la vida y el coraje de los hombres. Un día para sobrevivir adjunta al vacío, la inmensidad, y el clima hostil, la presencia de unos lobos —un tanto alegóricos— celosos de cumplir a cabalidad con el despiadado papel que les designó la Naturaleza.
El protagonista sufre. Lo sabemos, por la constante expresión grave que pone el actor en su rostro, y porque el director la combina con instantáneas que muestran al personaje contemplando con ternura a una mujer notoriamente más joven que él. Se trata de un experto tirador contratado por una compañía petrolera en Alaska para proteger a los trabajadores de los animales que merodean los ductos y los pozos.
Para dar una idea de la rudeza y el tipo de personas que ahí laboran, el realizador monta una escena en el comienzo que presenta cómo se distraen los obreros por la noche. En un enorme salón que hace las veces de comedor y cantina, se los ve beber, gritar, golpearse, romper el mobiliario. El personaje central, sin embargo, es indiferente a ese salvajismo. Su desesperación se revela en sus pensamientos, que se dejan escuchar y comunican sus dilemas existenciales: “No sé por qué hice lo que hice”, “sé que aquí es a donde pertenezco, rodeado solo por mí mismo”. Unas escenas después, se manifiesta que también tiene una faceta compasiva. Tras disparar a un enorme lobo, se acerca al cuerpo del animal, en agonía, y coloca delicadamente su mano sobre él acompañándolo hasta que siente que el corazón de la bestia ha dejado de latir.
Todo esa parte funciona como una suerte de preámbulo para que el espectador se interese por el protagonista, ya que además siembra el enigma de quién es la mujer que atormenta su conciencia y qué pasó con ella. Poco más tarde, inicia verdaderamente la aventura cuando él y media docena de los trabajadores intentan regresar a la civilización.
Desde ese punto la película va tocando diversas ideas sin desarrollarlas plenamente. A veces parece que el conflicto es con la Naturaleza, otras que la pugna se refiere a los mecanismos de poder y liderazgo dentro del grupo, y otras que se trata de una lucha interna con la culpa que cada uno carga. Incluso hay una parte que especula sobre la fe y lo sobrenatural.
Aunque la mayor parte del tiempo el cineasta no cede a la tentación de hacer de la crueldad un espectáculo, en los últimos 20 minutos no puede evitarlo, y tortura a sus personajes para elevar el suspenso y la emoción.
¡ANÓTALO!
"Un día para sobrevivir"
(The Grey), EUA, 2011; Dirección: Joe Carnahan; guión: Ian Mackenzie Jeffers; actuación: Liam Neeson.
Los conos aquellos, de tersas superficies limadas por vientos y arenas milenarias, parecían haber sido taladrados por hormigas gigantescas en sus interiores. A diferentes niveles aparecían huecos a manera de ventanas por donde, o bien un niño, o bien un chivo, se asomaban ante el llamado de la mujer que salía por alguno de los huecos, ya fuera más arriba o más abajo, en el cercano cucurucho de junto a éste. Escaleras, habitaciones, pasillos, cocinas, chiqueros, estancias, intrincados laberintos y hasta templos de oración —algunos de ellos con antiquísimas pinturas de corte clásico— han sido labradas en las entrañas de estas pequeñas montañas cónicas desde tiempos inmemoriales; algunas veces como refugio y abrigo, y otras como protección contra los enemigos naturales, o bien, contra los invasores de ideas y religiones diferentes, que desfilaron por el lugar desde épocas remotas.
Maravilloso es ver cómo han sido previstas las necesidades básicas de calefacción, ventilación, acopio de agua, y hasta un incipiente drenaje; mínimos requisitos para que pudieran ser habitados. Actualmente, algunas de ellas, están preparadas incluso, para recibir huéspedes a manera de pequeños e insólitos hotelitos.
Gente fuerte con la que nos topábamos al caminar entre las pequeñas montañas agujereadas, nos saludaba con un téshekur ederem que destilaba bienvenida. Unos hombres recios que caminaban orgullosos con sus pantalones (que nos parecían graciosos) con la entrepierna colgando más allá de la rodilla, se mostraban amables aunque altivos. Mujeres de anchas caderas que cargaban hatos de leña, se metían a las cuevas arriando uno que otra gallina mañosa. Unos niños, jugueteando, salían por una ventana y luego por la otra de más arriba, presumiendo las maravillas que había en los interiores de sus casas-cuevas.
Dentro, luego nos dimos cuenta que eran prácticamente condominios en donde viven una o varias familias, en viviendas que han sido habitadas desde hace muchos siglos por generaciones y más generaciones, que claro, de una u otra manera han dejado sus huellas en ellas. Existen todavía vestigios de la famosa Cruz de Malta, símbolo de las Cruzadas, y grabada por ellos a su paso en busca (?) del Santo Grial
Se dice que en Derinküyü, verdadera ciudad subterránea, llegaron a tener hasta mil 200 minúsculas habitaciones, en donde, como si fuera un verdadero hormiguero, estaban preparados (dicen), para poder albergar hasta ¡cinco mil personas durante todo un mes! Y cuando llegaban a ser asediados, la entrada se tapaba con una gran roca; y por diferentes túneles se escabullían de un nivel a otro hacia una ruta escapatoria.
Actualmente la región de Capadocia, ha sido declarada por la UNESCO patrimonio de la Humanidad.
En pequeñas iglesias cavadas en la roca, en paredes y bóvedas se conservan todavía —en mayor o menor grado de conservación— impresionantes murales como el que se estima sea la pintura paisajística más antigua de la Humanidad (6,500 A.C.), donde aparece un caserío en primer plano, y un volcán en erupción allá en lontananza, que se cree que fue el generador de las curiosas formaciones del paisaje actual.
por Pedro Fernández Somellera
¡Anótalo!
No te lo pierdas
El hotelito más recomendable es el Hadedan Karavanseray; las habitaciones tienen un costo de 40 a 70 euros por noche.
Disfruta del paisaje en un viaje en globo.
Cómo llegar
Para llegar, hay vuelos desde Estambul a Konya o a Neveshir (donde existen viajes turísticos para recorrer la zona).
Paisaje nevado
Liam Neeson estelariza "Un día para sobrevivir", cinta dirigida por Joe Carnahan
Por Guillermo Vaidovits
Posiblemente las estepas nevadas del Círculo Ártico, junto con los desiertos y los océanos, sean las regiones por excelencia donde el ser humano puede advertir la verdadera dimensión del mundo que le rodea, y sentirse reducido a la nada frente al tamaño y la fuerza de esa realidad. De no ser así, la idea por lo menos resulta sugestiva para la literatura y el cine, donde tales espacios han sido los preferidos para poner a prueba la vida y el coraje de los hombres. Un día para sobrevivir adjunta al vacío, la inmensidad, y el clima hostil, la presencia de unos lobos —un tanto alegóricos— celosos de cumplir a cabalidad con el despiadado papel que les designó la Naturaleza.
El protagonista sufre. Lo sabemos, por la constante expresión grave que pone el actor en su rostro, y porque el director la combina con instantáneas que muestran al personaje contemplando con ternura a una mujer notoriamente más joven que él. Se trata de un experto tirador contratado por una compañía petrolera en Alaska para proteger a los trabajadores de los animales que merodean los ductos y los pozos.
Para dar una idea de la rudeza y el tipo de personas que ahí laboran, el realizador monta una escena en el comienzo que presenta cómo se distraen los obreros por la noche. En un enorme salón que hace las veces de comedor y cantina, se los ve beber, gritar, golpearse, romper el mobiliario. El personaje central, sin embargo, es indiferente a ese salvajismo. Su desesperación se revela en sus pensamientos, que se dejan escuchar y comunican sus dilemas existenciales: “No sé por qué hice lo que hice”, “sé que aquí es a donde pertenezco, rodeado solo por mí mismo”. Unas escenas después, se manifiesta que también tiene una faceta compasiva. Tras disparar a un enorme lobo, se acerca al cuerpo del animal, en agonía, y coloca delicadamente su mano sobre él acompañándolo hasta que siente que el corazón de la bestia ha dejado de latir.
Todo esa parte funciona como una suerte de preámbulo para que el espectador se interese por el protagonista, ya que además siembra el enigma de quién es la mujer que atormenta su conciencia y qué pasó con ella. Poco más tarde, inicia verdaderamente la aventura cuando él y media docena de los trabajadores intentan regresar a la civilización.
Desde ese punto la película va tocando diversas ideas sin desarrollarlas plenamente. A veces parece que el conflicto es con la Naturaleza, otras que la pugna se refiere a los mecanismos de poder y liderazgo dentro del grupo, y otras que se trata de una lucha interna con la culpa que cada uno carga. Incluso hay una parte que especula sobre la fe y lo sobrenatural.
Aunque la mayor parte del tiempo el cineasta no cede a la tentación de hacer de la crueldad un espectáculo, en los últimos 20 minutos no puede evitarlo, y tortura a sus personajes para elevar el suspenso y la emoción.
¡ANÓTALO!
"Un día para sobrevivir"
(The Grey), EUA, 2011; Dirección: Joe Carnahan; guión: Ian Mackenzie Jeffers; actuación: Liam Neeson.