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Una ciudad inglesa y española

Gibraltar sorprende por sus maravillas terrenales y sus macacos en libertad

GUADALAJARA, JALISCO (02/SEP/2012).- Desde hace más de 200 millones de años, con el  movimiento de los continentes en su continuo viajar por el mundo, la enorme placa de África, al moverse hacia el norte y presionar contra la placa de Europa-Asia, ha ido reduciendo el tamaño del Mar Mediterráneo, formando un embudo en el Estrecho de Gibraltar, lugar de intercambio de aguas con el océano Atlántico, produciéndose ahí bravas corrientes y fuertes vientos irregulares que tanto están en calma chicha, como intensos y voluntariosos.

Muchos acontecimientos han sucedido –desde principios de la Historia– en este estratégico sitio en donde, el Peñón de Gibraltar en la punta sur de la península española y el Monte Hacho en la costa africana, forma las míticas “Columnas de Hércules”, en donde griegos, romanos y fenicios suponían que terminaba el mundo: Non terra plus ultra decían los navegantes, mientras temerosos imploraban a sus dioses que los protegieran de la gran catarata final en donde desaparecían todas las aguas. De hecho, las famosas columnas han sido tan importantes en la historia que ocupan un honroso sitio en el escudo de España.

Gibraltar tomó su nombre desde los tiempos de la ocupación musulmana, en donde la sólida roca se llamaba Djebel Tarik (Montaña de Tarik) en honor al caudillo Tarik, quien inició la conquista de la península ibérica que duró siete siglos. Con el tiempo su nombre fue cambiando a Gibral Tarik, para luego quedar en Gibral-Tar.

Por el año de 1713, aquella enorme y estratégica piedra de la península española fue ocupada por los ingleses –mediante un tratado–, habiendo agregado a su escudo y bandera el imperativo lema de: “Ningún enemigo nos expulsará”. Aunque hay una leyenda  que dice que como todo el peñón está repleto de changos (Macaca sylvanus) que pululan impunemente y en plena libertad por la ciudad, cuando éstos desaparezcan, los ingleses saldrán del peñasco. Por eso las autoridades están siempre alertas a mantener saludables a los traviesos changuitos, que –sin inhibición alguna– parecen divertirse haciendo sus exóticas cabriolas maritales en donde más público puedan tener.

Actualmente al gran peñón –con su británica ciudad encima– se le denomina como “Territorio Británico de Ultramar” y es una verdadera curiosidad. Para empezar, habrá que decir que, midiendo seis kilómetros de largo; 1.2 kilómetros de ancho y 426 metros de altura, es considerada como una de las piedras monolíticas más grandes y bellas del planeta, junto con el Uluru en el centro de Australia; el Peñón de Bernal en Querétaro; y el Pan de Azúcar en Río de Janeiro.

Como es de piedra caliza, al disolverse lentamente en el curso de los años, decenas de túneles y cuevas han ido apareciendo por los lugares más inesperados.

Si bien la ladera que da al Atlántico desciende en suave pendiente, la del Mediterráneo se precipita en verticales acantilados. Muchas angostas callejuelas, tratando de resolver el tráfico automovilístico alrededor del peñón han hecho un intríngulis soberano con el tránsito. De hecho algunas de sus calles “cruzan” la pista de aterrizaje del aeropuerto; y autos y peatones tienen que detenerse para esperar que el avión aterrice, continuando la marcha entre uno y otro vuelo.

Curioso es también que, viniendo de Algeciras en España, se llega a una pequeña población llamada La Línea y, efectivamente, ahí está una línea y una caseta, donde pasaporte y documentos tienen que ser presentados, porque, en unos cuantos metros más, ¡estás en Inglaterra! Se habla inglés (o Llanito: un champurrado de “Inglé” y “Andalú” difícil de entender). La “pound” es la moneda. Los “bobbies” son la policía, y los macacos (que no se sabe de donde aparecieron) completan el circo de la estratégica piedra que parece sentirse orgullosa de estar en el mejor lugar, a tan sólo 14 kilómetros de África, contemplando los 85 mil barcos que cruzan anualmente frente a ella, claro, con los consecuentes problemas de tráfico ilegal, drogas y contrabando.

Gibraltar es una extraña piedra que vale la pena escalar.

PARA SABER

De vuelos


Por American Airlines, tres escalas. El costo es de tres mil 500 y tres mil 800 dólares.

Más económico desde el Distrito Federal por Aeroméxico el costo es de mil 500 dólares.

El hospedaje

The O’Callaghan Eliott The Caleta Hotel

The Caleta Hotel

300 dólares por oche. Detalles:  http://www.tripadvisor.com.mx/SmartDeals-g187510-Gibraltar-Hotel-Deals.html

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