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Transición mortal

El cambio en esta ciudad siempre causa incomodidades y no es precisamente porque uno sea rejego

El cambio en esta ciudad siempre causa incomodidades y no es precisamente porque uno sea rejego, sino que de veras se pasan las autoridades responsables de la planeación, pues si bien se deciden a hacer las cosas -que no se aplaude, ya que para eso les pagan- nunca piensan en los afectados, ni en los riesgos de su decisiones y eso es con lo que estoy de pleito.

Y es que no se puede ni caminar tranquilamente. Si bien a los burócratas se les ha ocurrido la genial idea de restaurar las banquetas de nuestro bello Centro Histórico, jamás -y eso quiere decir nunca en la vida, ni en sueños- la autoridad responsable pensó que si arregla un lado de la acera, pues se debe habilitar primero un lado y luego el otro para que los peatones no tengan problemas, ya no por las torceduras de los frágiles tobillos de las señoritas entaconadas que acuden a trabajar a las oficinas de los diferentes recintos del poder, también por las pobres ancianitas que andan medio matándose simple y sencillamente porque no hay por donde caminar. Esto por supuesto en el mejor de los casos, ya que en algunas calles es el verdadero paso de la muerte, ya que por un lado uno se enfrenta a agujeros y zanjones y por el otro a camioneros carniceros... ¿A cuál le va?
Cuando el desplazamiento de un lugar a otro puede costar la vida, uno definitivamente se la piensa un par de veces, pero cuando se trata de jugársela con la rutina habitual para llegar al trabajo o a tu propia casa, las cosas se ponen de otro color y es color a Juegos Panamericanos.

Con el mismísimo pretexto han minado una de las principales arterias de la ciudad, en este caso la Calzada Independencia, y claro hay que tener listo el numerito para que salga el negocio de los bonos de carbono y después para tener un transporte - pero uno solo- cercano al primer mundo. Yo quisiera un metro, pero uno de verdad, que como en las grandes ciudades del mundo me llevara a cualquier lugar en cuestión de minutos y, claro, al precio del D.F. Eso sí sería un gran cambio para la ciudad panamericana. ¿O no?

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