Suplementos

Tranquilidad que produce emociones

Nada más fácil y placentero que convivir con un Lincoln MKS. Lo difícil es separarse de él

Hoy amanecí triste. Es una tristeza de esas que nos llega cuando, luego de la rareza de encontrar un gran compañero de viaje, llegamos a nuestro destino final y tenemos que separarnos. Estoy triste, porque ayer tuve que decir adiós al Lincoln MKS que tuve por 90 magníficos días.

Era cerca de Navidad cuando comenzamos esta prueba de mediano plazo. Recibí el coche que ya había conducido antes, con cierta desconfianza, tengo que confesarlo. Pero poco a poco y a cada día, el MKS me fue conquistando. Parecía pedirme paciencia. Paulatinamente y casi sin percibirlo, me fue dando cuenta de que ese objeto de cinco metros de largo y casi dos toneladas de peso no era sólo un coche, ni se dedicaba sólo a servir de transporte en mis desplazamientos diarios. El MKS fue una especie de guía, un profesor, un psicoanalista que me fue mostrando algo que yo no podía comprender muy bien antes de conducirlo de forma continua, día tras día. Este Lincoln me hizo convivir conmigo mismo y percibir que mi verdadero yo, no quiere estar mostrando nada a nadie. Ya no. Gracias a él pude finalmente percibir que la persona a la que más amo soy yo mismo. Debido a la convivencia con él, me di cuenta que a esta altura de la vida, cuando compro una prenda de vestir, una pantalla de televisión o un coche, ya no lo hago para que lo vean los vecinos, los amigos o los colegas de oficina. Lo hago por mí, para disfrutar la vida. Por esto estoy sintiendo tanto su partida, porque ya no podré disfrutarla igual sin tenerlo cerca.
El que ha vivido en Guadalajara en los últimos meses, todavía más los que tenemos que andar en coche en la zona central de la ciudad, sabe que conducir no es precisamente un placer. Tránsito caótico, ruidoso, molesto. Gente mal-humorada; gritándose los unos a los otros, presionando con insistencia el claxon, se transformaron en la rutina de esta aún Noble y Leal Ciudad. También a mí me entró la desesperación o el nerviosismo por tanto tráfico más de una vez, pero nunca cuando estuve al mando del MKS. Porque el auto era una isla de tranquilidad. La perfecta insonorización me aislaba del ruido desquiciante. El aire acondicionado me mantenía en la temperatura perfecta, sin importar si el clima de febrero hacía o no justicia al dicho “febrero loco y marzo otro poco”.
En la enorme pantalla de cristal líquido, en la parte central del tablero, veía la estación de radio satelital a la que ya me había acostumbrado y tenía mis favoritas en la memoria. El canal 71, llamado plácidamente “Watercolors”, algo así como “los colores del agua”, me ayudaban a mantener la tranquilidad la mayor parte del tiempo. Ni siquiera un recién llegado mensaje de texto en el celular, afectaba mi estado de paz, porque el sistema SYNC me lo leía, en voz alta. Si había que regresar la llamada, bastaba darle una orden de voz tipo: “Llamar a casa”. Listo.

Todo el sistema también me permitió conectar el MP3 y tocar cada unas de sus canciones simplemente al pedirla por su nombre. ¿La calidad del sonido? El que ya haya escuchado una película en un buen sistema digital certificado por THX, sabrá cualificar con precisión cómo se escucha la música en el sonido del MKS, así sea la potencia de los violines de Las Cuatro estaciones de Vivaldi, o la contundencia de la batería de U2.

Un día, mi esposa y yo fuimos a Morelia a un compromiso que allá teníamos un viernes al final de la tarde. Salimos en la mañana para comer en la bella y colonial capital michoacana, con la intención de dormir allá y volver temprano el sábado. Sin embargo, a las 10 de la noche ya estábamos libres y el centro de Morelia mostraba la efervescencia de los fines de semana, agravada por la perspectiva del informe de gobierno el día siguiente. El centro de la ciudad, nos dijeron, estaría cerrado. Con recelo de quedar atrapados por el evento, decidimos volver ese mismo día. El sistema de navegación por GPS, a pesar de no tener toda la información urbana de Morelia, nos ayudó visualmente, al indicarnos cada curva que tuvimos que tomar para alcanzar la autopista de regreso. Fue invaluable en ese momento algo complicado. Paramos en una gasolinera por algo de comida para el camino, para nosotros y para el coche y el MKS se mostró extremadamente educado, como siempre, al “beber” muy poco. 8.72 kilómetros con cada de litro de gasolina (y Magna). Es excelente para un auto de su tamaño, peso, potencia y categoría. Apenas salíamos de la ciudad cuando, de repente, veo que la luz alta se prendió sola. Raro, pero bien, pensé. Antes que mi cerebro procesara completamente la información y se preguntara si la luz también se apagaría sola, un vehículo en sentido contrario hizo trabajar de inmediato el sensor, que volvió a la luz baja. “Qué maravilla”, pensé. Un viaje nocturno en carretera puede ser muy estresante y el cambio de luces es uno de los principales motivos. A menos que, como era el caso, se tenga un MKS.

En algunos momentos, sólo para ver como se sentía, rebasé la segunda centena de kilómetros por hora. El MKS mostraba el aplomo de los grandes autos. La dirección firme, comunicativa, rápida. La suspensión cómoda sólo hasta el punto de mantener la estabilidad impecable. El trayecto en carretera, de noche, fue aún más placentero que de día. Como placentera fue toda la convivencia con el MKS.

Durante estos 90 días con el soberbio MKS, no hubo ni un solo detalle que reclamar del coche. Todo lo contrario. El problema, es que ahora el auto ya regresó a Lincoln en la ciudad de México y no puedo más que extrañarlo. Pensando mejor, lo que sí puedo hacer es transformarlo en un objetivo de vida, en algo que un día, quién sabe, pueda conseguir. Por cierto, aprovechando el momento, mando un recado a un querido amigo: “Fernando, ahora que nadie nos escucha ¿Qué tal si alargamos esta prueba de 90 días a, digamos, unos cinco años?”.

Sergio Oliveira

Ficha Técnica
Lincoln MKS    

Motor: Frontal transversal; seis cilindros en V; 3.7 litros de desplazamiento; DOHC; 24 válvulas; con inyección electrónica secuencial de combustible multipunto. Potencia: 275 cv @ 6,250 rpm / Torque: 276 libras-pie @ 4,250 rpm.
Tracción: Delantera.
Transmisión: Automática de seis velocidades (6+R), con modo manual.
Suspensión: Delantera – Independiente, de tipo McPherson, con resortes helicoidales y barra estabilizadora. Trasera – Independiente, de tipo Multilink, con resortes helicoidales y barra estabilizadora.
Frenos: De discos sólidos en las cuatro ruedas, con sistema antibloqueo (ABS).
Dirección: De piñón y cremallera, con asistencia hidráulica.
Dimensiones y capacidades:
Largo / Ancho / Alto (mm)
5,184 / 2,172 / 1,564
Distancia entre ejes: 2,867 mm
Peso: 2,381 kilogramos.
Tanque- 75 litros.
Cajuela- 529 litros.
Precio: 52,600 dólares
Resultados de la prueba realizada en el Autódromo Guadalajara:
Aceleración de 0 a 100 km/h: en 9.43 segundos
Frenado de 100 km/h a cero: 41 metros
Cuarto de milla: 15.9 segundos a 132.8 km/h
Velocidad máxima observada: 220 km/h

Temas

Sigue navegando