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Todavía muy placentera

Esta veterana —comparada a sus rivales— aún tiene mucho que ofrecer

GUADALAJARA, JALISCO (12/MAY/2012).- Ya no es la chica más nueva del barrio, pero aún así, esta Chevrolet tiene mucho que dar al que se deje seducir por sus encantos. Y vaya que los tiene.

El mundo de hoy, con informaciones instantáneas, parece a veces demasiado rápido y exige de todos esa velocidad de vértigo para mantenerse al día. Por esto, suena casi a un pecado ver que la Cheyenne ya tiene cinco años con la actual generación, mientras sus más duras rivales, Lobo y Ram, son mucho más recientes.

Pero hay algo de mágico sobre la Cheyenne. Alguna cosa que ha encantado a los mexicanos por generaciones. Porque esta camioneta es un conjunto de buenas soluciones, que resulta en un producto absolutamente placentero de conducir, incluso cuando es el vehículo de todos los días.

Todo en la Cheyenne es tradicional. Su base es la de las pickups de toda la vida, es decir, una carrocería sobre un chasis tubular. Es un magnífico chasis que tiene la camioneta bajo su carrocería ya que al ser hidro-formado, no recibe calor para moldearlo hasta su forma final, lo que le aumenta sustancialmente su rigidez. Y un buen chasis ayuda en todo: en la estabilidad, en la dirección, en la ausencia de crujidos desagradables en su interior y, por supuesto, en la capacidad de cargar y arrastrar muchas cosas.

Vista, pero bonita
Es cierto, estéticamente nadie puede decir que la Cheyenne es la belleza de la moda, pero sería injusto no reconocer el poder del bello rostro de Salma Hayek, sólo por haberlo visto más veces que el de Ximena Navarrete.

Por dentro, sin embargo, las cosas no son tan fuertes como deberían y ahí, el paso de los años se percibe más fácilmente. Primero, los materiales de su construcción. Sí, han mejorado mucho, pero sus rivales lo han hecho mejor, lo que pone a la Cheyenne a la retaguardia en este aspecto, cuando es comparada contra sus paisanas de Ford y Ram.

Los plásticos que cubren el tablero son suaves al tacto, pero aquí y allá se percibe las líneas de moldeado, lo que ya no es aceptable ni siquiera en un vehículo que, se supone, es de trabajo. Los forros de las puertas también son algo frágiles, comparado a sus rivales.

En el equipo no debería haber quejas (en la versión LTZ) y no las habría, si estuviéramos en Estados Unidos. Porque tenemos un buen sistema de sonido; asientos forrados de piel; quemacocos; sensores de reversa con cámara; pedales ajustables; volante con controles y un buen estéreo con CD, pantalla digital táctil a color y navegación por GPS. ¿Cuál es la queja, entonces? Le falta Bluetooth. GM de México sigue sin solucionar este problema en muchos de sus autos, que para tener Bluetooth tendría que tener también el sistema de auxilio vial On Star, presente sólo en Estados Unidos y Canadá. Esto es un factor de compra desde hace un buen rato, pero aún no se ha podido arreglar en algunos modelos. Vaya, en esta Cheyenne de 600 mil pesos, no hay ni siquiera una entrada USB, cuando en un simple Sonic de menos de 200 mil, están disponibles tanto USB como Bluetooth.

Es espacio trasero es otro punto donde la Cheyenne queda algo corta con relación a sus competidoras, principalmente si viajan tres personas ahí. Tampoco estaría mal algo más de área de almacenamiento, como debajo del asiento trasero, por ejemplo.

Aún eficiente

Pero si el chasis es una buena base, el conjunto de motor y caja de cambios lo complementan muy bien. Aún tenemos el V8 Vortec de 5.3 litros y 315 caballos, en lugar del más poderoso 6.0 litros, es verdad. Hay que reconocer, sin embargo, que esta máquina es suficiente para poner a la Cheyenne a la par de sus enemigas. La aceleración es fuerte y el funcionamiento de la máquina es suave como la seda. Parte de esto se debe a la caja de cambios de seis velocidades, cuya palanca está inteligentemente ubicada en la columna de dirección, lo que puede parecer anticuado, pero no quita espacio como las que la usan en la consola.

Pese a que la suspensión trasera de la Cheyenne es también “chapada a la antigua”, es decir, de eje rígido con muelles, el rodar de la camioneta es muy agradable a la mayoría, al menos a los que disfrutan el estilo estadounidense de aislar el piso a favor del confort.

La dirección es más ligera, más lenta y menos precisa que la de la Lobo y la Ram, pero, de nuevo, esto tiene sus seguidores, que estarán más que felices de conducirla con el menor esfuerzo posible, gozando el camión sin pensar en el manejo.

Ese conjunto mecánico, además, es el más eficiente en su clase cuando hablamos de consumo de gasolina. No que se comporte como un frugal Spark, pero comparada a sus rivales, ésta necesita ir menos veces a las gasolineras.

Parte del anecdotario popular mexicano desde que el anuncio en el que un padre le mostraba todas las tierras que heredaría a su hijo pero éste sólo estaba interesado en su camioneta, la Cheyenne es como una buena estación de radio de los 80 ó 90, es decir, tal vez su receta no sea la más nueva, pero sigue teniendo muchos adeptos. Nosotros, sin duda, estamos entre ellos.

Ficha Técnica
Crew Cab 4x4 LTZ 2012
Motor: Frontal longitudinal; ocho cilindros en V; 5.3 litros de desplazamiento; SFI; 16 válvulas; con inyección de combustible secuencial multipunto. Potencia: 315 cv @ 5,200 rpm / Torque: 338 libras-pie @ 4,400 rpm.
Tracción: Trasera.
Transmisión: Automática de seis velocidades (6+R), con modo secuencial.
Suspensión: Delantera – Independiente, con barra estabilizadora. Trasera – Eje rígido, con muelles.
Frenos: De discos sólidos adelante y de tambor atrás, con sistema antibloqueo (ABS).
Dirección: De piñón y cremallera, con asistencia hidráulica.
Dimensionesy capacidades:
Largo / Ancho / Alto (mm)
5,847 / 2,032 / 1,872
Distancia entre ejes: 3,645 mm
Peso: 2,510 kilogramos.
Tanque- 98.4 litros.
Carga- 668 kilogramos.
Resultadosde la prueba:
Aceleración 0 a 100 km/h: 10.97 segundos
Frenado: 100 km/h a 0: 44 metros
Cuarto de milla: 17.77 segundos a 128.9 km/h
Velocidad máxima observada: 180 km/h

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