Suplementos

Teatro y tecnologías: La realidad dual

Teatro en el mundo, de acciones simultáneas, con escenas ocurriendo en el globo terráqueo

El teatro ¿más allá del teatro? ¿con implementos extrateatrales? El teatro que cuenta con actores, sí, pero también con iPods, censores, computadoras, pantallas. El teatro sin teatro. Nada nuevo, pero en Guadalajara, no lo de siempre. Teatro en el mundo, de acciones simultáneas, con escenas ocurriendo en el globo terráqueo.

Teatro y excavadoras y cosas peores. Lo hizo Piscator hace décadas. Pina Bausch, Roger Waters. Lo hacen en Holanda, en Canadá, en España. En México a nuestro modo. Y en Guadalajara sucede que los implementos “ajenos” al teatro causan infartos, sorpresas, disgustos, colocan, en cada vez más pequeñas mesas de discusión, el problema ontológico de un teatro local que al público no le interesa ver.

No es que Extraños sea la obra que todos esperaban. La verdad es que no. Una historia de enganches amorosos y personajes inmaduros a tres pantallas, cuatro actores, dos pisos y un embrollo técnico que a veces les falla. Escrita en conjunto por Eduardo Covarrubias –quien la dirige- y el teatrero Xésar Tena, ha funcionado bien para los espectadores tapatíos. Una coproducción con Espacio Vacío y Cultura UdeG.

En conversación con Xésar Tena, la realidad teatrera tapatía se asoma. Esta puesta en escena tiene algo que en otros países ya es viejo, incluso, gastado; la implementación de pantallas y cámaras transmitiendo en tiempo real frente al espectador. Una idea encantadora para la monotonía con que a veces se aborda la escena local.

Insolente para los raquíticos guardianes de un teatro monolítico que tuvo su época y que ahora, otras generaciones están transformando. Lo cierto es que Extraños en su primera temporada, tuvo éxito de taquilla en un recinto experimental al que no acude el gran público. Fue hecha por error, porque Tena –líder emotivo del barco- obseso, quería montar Closer de Marber, hasta que Blanca Guerra le llamó para anunciarle que los derechos de autor, los tenía ella. A Tena ya lo habían becado y Covarrubias propuso escribir la obra, que nace, porque como todo buen romántico discapaz, Xésar quería hablar del amor. “Me hizo mucha resonancia con mi historia de vida”, señaló en entrevista.

El trabajo se conforma gracias al esfuerzo de Rogelio Zepeda, productor ejecutivo, Eduardo Covarrubias, director de escena, Enrique Morales Bautista, el iluminador, Miguel Mesa en el aspecto multimedia, Emmanuel Macías haciendo la música y, Andrés David en el vestuario. Sus actores son el propio Tena, Julio Ávila, Paty Santana, Mely Ortega y Ángeles García.
“No estamos descubriendo ni hilos negros ni agua fría”, dice el teatrero, mientras bebe una copa de tinto. Tiene 28 años, actúa y dirige. Él se ríe mucho. Estudió con Luis de Tavira. No le importa lo que digan los demás.


La historia de las tecnologías

Xésar Tena habla del amor y de un artista escénico integral, del uso de tecnologías que dicho sea de paso: no es nuevo. Lo interesante es lo que esto provoca en un ámbito artístico que todavía hace unos años no podía entender que los actores también fueran bailarines. Había que seccionar, dividir, dejar claro, cuando desde hace décadas el mundo de la escena ha integrado y experimentado con los lenguajes alternos posibles.

Robert Lepage menciona: “Hay una poesía en la tecnología, que intentamos usar de forma que no eclipse la acción escénica”. Del lado más purista, entonces los elementos extrateatrales deben estar al servicio del drama. La directora y diseñadora Alicia-E. Blas Brunel destacó en La poética de la tecnología, texto publicado por la Asociación de Directores de Escena de España -dentro de ADE Teatro en el año 2001- que la presencia de los audiovisuales contribuyen a la asociación y estructuración de elementos escénicos “capaz de comunicar y traducir el ritmo de la vida, de acuerdo a la temática y a la sensibilidad contemporánea”.

En este sentido Tena destaca que “no puede ser de otra manera, no porque el teatro no pueda prescindir de ella (de la tecnología), (...) ya nos rebasó en muchos aspectos, me parece ridículo e inoperante que no esté sucediendo en el arte”. En este sentido Brunel sigue afirmando “¿no estaremos intentando aferrarnos desesperadamente a los últimos restos del naufragio, que acabarán por hundirnos finalmente, rechazando el uso de los nuevos medios en el teatro?”. Ahora, la utilización de elementos tan disímbolos en un trabajo solo, obliga a poner atención en el control organizativo de éste.

“Creo que esta exigencia viene a partir de... la sociedad, es la misma sociedad. Ni Extraños ni nada es producto de nuestras ideas, sino de un contexto... y fue tarde ya... Somos producto de una modernidad que si no vas con ella, te aplasta y te quedas otra vez, haciendo el teatro que el 90 por ciento de los espectadores no está yendo a ver, a menos de que sea algo muy singular y apoteósico (...)” afirma Tena, para quien “tenemos una mente epiléptica que no es producto de la educación sino de la sociedad. Ahorita lo más anticuado –por eso la actuación sigue siendo un arte- es la concentración. Cuántas ventanas no tienen abiertas en su monitor... es un asunto bien interesante que tiene que ver con la evolución. Hay que ver a los niños de hoy, que estudian chino luego del inglés, porque están viendo 20 años adelante”, destaca.

Blas Brunel asegura que todo esto “nos permite profundizar, tanto filosófica como instrumentalmente, en la conflictiva relación del hombre con las imágenes, en la relación sujeto humano con el mundo exterior, con los otros, consigo mismo”. Tena asegura que Extraños “es producto de lo que ya somos” y también que es un tema de aglutinamiento pero de mucha amplitud.... Podemos pensar en el iPod, el celular, el blackberry, en la fotografía, las diapositivas, el cine, el láser, la holografía y la realidad virtual. Ensayos sobre este tema se escribieron hace más de diez años.

por: dolores tapia
foto: a.c.

Temas

Sigue navegando