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Tapatiez: Los chales de la “vecindá”
Éste es el bendito chal, que continúa en plena circulación y, a la par, la ciudad se torna en campo de batalla
Aquí en Guadalajara uno puede ver de todo, como en el rancho, y aproximadamente hace unos tres meses comenzó a fraguarse un chal de gran nivel... Entonces los apáticos ciudadanos jamás se hubieran imaginado lo que se cocinaba en unas de las casas.
Normalmente, los sábados eran los días de reunión en casa de Rosalva, evento al que asistían amigas y comadres, de todo por igual para departir en gran cordialidad; obvio, las invitadas eran pura gente de confianza, amigas de toda la vida, ya se bajaban los novios y hasta bromas hacían sobre sus calzones entradas en copas. Estas cosas no salían a la luz pública, se quedaban ahí guardadas entre amigas; infidelidades, traiciones y eventos de lo más penosos eran resguardados en ése, que era considerado por muchas un santuario, pues lo había sido por casi 20 años.
Hasta que una de ellas llegó a obtener la dirección de la escuela a la que asistían los hijos de las demás, ahí empezó esto a ponerse bueno.
El romance se rompió entre dos de las integrantes del grupo. Una de las partes, la fuereña Karina, la otra tapatía, Rosalva la guerrera, tuvieron una pequeña discusión en la que la fuereña se indignó y, tal como en la primaria, le dijo: “Devuélveme mis trastesitos y córtala”.
Rosalva, la anfitriona del lugar, había fungido como parte del consejo directivo de la escuela y fue ella quien emprendió carrera para darle su apoyo a que obtuviera el cargo de directora. Sin embargo, la otra, demostró su baja educación y se fue. Rosalva jamás se hubiera imaginado lo que este hecho traería a su vida.
La fuereña, sintiéndose directora absoluta, lo intentó todo: cesó a Rosalva de sus funciones en el comité de las familias y empezó a citar a cada miembro para empezar a ventilar las más vergonzosas historias vividas en casa de Rosalva. La gente del colegio comenzó a rumorar acerca de esto, poniendo en tela de juicio los valores morales de la tapatía, hasta que la verdad vio la luz y Karina, la fuereña, fue destituida.
Éste es el bendito chal, que continúa en plena circulación y, a la par, la ciudad se torna en campo de batalla. Una con la batalla perdida y la otra que se creyó triunfante se niega a perder. Y tengo la seguridad que hará de todo para salirse con la suya.
Y entre tanto, este chal me suena un poco familiar.
Normalmente, los sábados eran los días de reunión en casa de Rosalva, evento al que asistían amigas y comadres, de todo por igual para departir en gran cordialidad; obvio, las invitadas eran pura gente de confianza, amigas de toda la vida, ya se bajaban los novios y hasta bromas hacían sobre sus calzones entradas en copas. Estas cosas no salían a la luz pública, se quedaban ahí guardadas entre amigas; infidelidades, traiciones y eventos de lo más penosos eran resguardados en ése, que era considerado por muchas un santuario, pues lo había sido por casi 20 años.
Hasta que una de ellas llegó a obtener la dirección de la escuela a la que asistían los hijos de las demás, ahí empezó esto a ponerse bueno.
El romance se rompió entre dos de las integrantes del grupo. Una de las partes, la fuereña Karina, la otra tapatía, Rosalva la guerrera, tuvieron una pequeña discusión en la que la fuereña se indignó y, tal como en la primaria, le dijo: “Devuélveme mis trastesitos y córtala”.
Rosalva, la anfitriona del lugar, había fungido como parte del consejo directivo de la escuela y fue ella quien emprendió carrera para darle su apoyo a que obtuviera el cargo de directora. Sin embargo, la otra, demostró su baja educación y se fue. Rosalva jamás se hubiera imaginado lo que este hecho traería a su vida.
La fuereña, sintiéndose directora absoluta, lo intentó todo: cesó a Rosalva de sus funciones en el comité de las familias y empezó a citar a cada miembro para empezar a ventilar las más vergonzosas historias vividas en casa de Rosalva. La gente del colegio comenzó a rumorar acerca de esto, poniendo en tela de juicio los valores morales de la tapatía, hasta que la verdad vio la luz y Karina, la fuereña, fue destituida.
Éste es el bendito chal, que continúa en plena circulación y, a la par, la ciudad se torna en campo de batalla. Una con la batalla perdida y la otra que se creyó triunfante se niega a perder. Y tengo la seguridad que hará de todo para salirse con la suya.
Y entre tanto, este chal me suena un poco familiar.