Suplementos
Serie junio: Peluquerías en Guadalajara
Si nos dejan seguir con este oficio... son “los tres peluqueros”
Por: Gabriela Aguilar
Fotos: A.C.
Al más puro estilo de Alejandro Dumas en su obra Los tres mosqueteros, estos personajes de la tijera, comparten el oficio y el gusto por la peluquería. Son tres generaciones que se unen en un lugar, para rescatar del olvido uno de los trabajos más nobles y tradicionales.
Es lunes, la semana inicia, y los días en Guadalajara transcurren entre el caos vehicular y las tardes nubladas que anteceden a las tradicionales, fuertes e inquietantes lluvias. La cita era en la peluquería Nueva Italia. Cerca de ahí, a unas cuantas cuadras, la ciudad se pierde, sus habitantes y transeúntes más. ¿La razón? Un túnel. El negocio se ubica en avenida Las Rosas casi esquina con Tepeyac, la quietud aguarda a los protagonistas de esta historia. Ahí están esperando a que llegue algún cliente.
-¿Son constantes estos momentos de espera?
-(Risas de los tres) “A veces sí, en ocasiones está tan lleno que se tienen que esperar o se van”.
Carlos, el más joven, agrega un tanto irónico: “Sí, cada vez son más”.
Cambió las leyes por las tijeras
Carlos Alberto Hernández tiene 29 años de edad, 14 de ellos dedicado a la peluquería. Inició, aprendió y siguió los pasos de su padre en este oficio.
Estudiaba la carrera de abogado y la combinaba con su trabajo en la “barber shop”. Al terminar sus estudios acudió a un despacho y no sentía que avanzaba, a cualquier trabajo que fuera no le pagaban ni sentía lo mismo como en la peluquería, además de que trabajar en otro lugar le significaba tener jefe y horarios rígidos.
“El mayor problema es que ya no hay peluqueros, son estilistas, a los jóvenes ya no les gusta esta profesión, a mí sí, empecé muy chico y sigo aquí”.
Carlos comenta que el cliente más antiguo que tiene la peluquería, ha acudido por 35 años.
“Nueva Italia tiene 40 años, antes había otros dueños y ahora como responsables del negocio, hemos atendido a clientes como Vicente Fernandez Jr., Julio César Chávez, que pidieron el corte tradicional, vienen políticos, empresarios...Creo que los cortes modernos son para los chavitos. Uno ya conoce a los clientes desde que llegan, se sientan y ya sabemos qué les vamos a hacer”.
La segunda generación
“Se puede decir que somos tres generaciones de peluqueros, Carlos es el chico y yo el de en medio”. Alejandro Ayala, tiene 44 años y 22 como peluquero. Es de Toluca y trabajó en la Ciudad de México en una peluquería que aún existe llamada La Parisien en Ciudad Satélite. “Una de las diferencias con el estilismo es el toque final en un corte. Nosotros utilizamos navaja para delinearlo, ellos no lo hacen. Los cortes tradicionales no los hacen, como los de un policía o soldado, esos son los sencillos para nosotros.
“La gente en esta colonia -Chapalita- es seria, muy trabajadora, tiene negocios, lo único que batallamos es el estacionamiento, nos ha complicado la situación”.
Don Alejandro dice que las estéticas tienen más ingresos y publicidad para promocionarse, “todo mundo habla de academias y de estilistas pero de peluquerías nada”.
Nadie estudió para ser peluquero, comenta tajante. La carrera empieza como “chícharo” (niño que anteriormente ayudaba en lo que la peluquería necesitaba y “daba bola” a los zapatos de los clientes) “y luego de observar, se aprende el oficio, pero no existe una escuela”.
De los güeros de Arandas
Amable, sonriente y con buena cara ante el futuro de la profesión, don Jesús Hernández Gutiérrez tiene 60 años y desde 1963 es peluquero, ha pasado con sus tijeras por varias barberías en la ciudad y empezó como “chícharo” en Guadalajara, en un lugar que estaba por la avenida Hidalgo, contra esquina del Mercado Corona. Nació en Arandas y es orgullosamente padre de Carlos, “a él le gustó este oficio porque se enseñó conmigo, estaba estudiando y empezó a trabajar para ayudarse en sus gastos. Yo creo que en las academias no les enseñan esto; un día vino una mujer que salió de una escuela de estilismo y me pidió que si la dejaba ver cómo hacía mi trabajo para compararlo con el suyo, estuvo un rato y me dijo que lo que había aprendido era muy diferente”.
Un tanto nostálgico, don Jesús comenta que antes se festejaba en Guadalajara el día del peluquero, “en algún lugar especial se reunían y se formaba una fiesta. Hace muchos años que se acabó la tradición esa, pero era en el mes de noviembre creo, en una ocasión se hizo en un lugar que se llama El Caballo Blanco por la Minerva”.
Temas de hombres: futbol,
negocios y mujeres
Al hacer referencia sobre los otros peluqueros, casi todos se conocen o han coincidido en algún momento...
“En un bar será...”, dice don Jesús quien después del comentario aclara que identifican lugares y compañeros de profesión fácilmente.
Carlos habla más sobre el tema de la clientela: “Tenemos el control de los clientes, cuando uno tarda más en venir, de inmediato lo sabemos, son muchos los años, los clientes son conocidos y muy pocos los que vienen de paso”.
Don Alejandro agrega: “Es un club, llegan y hablan de todo, en especial de futbol, mujeres, infidelidades, en otras ocasiones hacen negocio, se conocen, se reencuentran, escuchas de repente comentarios como le compré una camioneta a mi esposa, no le gustó y ahora la voy a vender”.
Carlos le segunda, “por ejemplo clientes que llegan muy estresados de los problemas de la casa, buscan un momento de tranquilidad hablando con personas que los van a entender, y eso encuentran aquí”.
De jóvenes y melenas largas
Los “tres peluqueros” comentan que existen clientes que les han dicho que por querer experimentar, van a una estética y quedan inconformes con el corte. Hasta problemas familiares han presenciado por los jóvenes “rejegos” que son llevados a la fuerza por los padres, con el afán de traer un corte “más decente”.
Carlos opina: “Los chavos piensan que no sabemos hacer cortes modernos, por eso van a una estética, pero el corte moderno es lo despeinado. Dicen que lo nuestro es para viejitos”.
Don Alejandro continúa: “Cuando un papá quiere traer a su hijo, se pelean entre ellos, yo quiero el corte así, no mejor que no. Los jóvenes no vienen. Entre los 13 a 14 años se pierden y como a los 25 que empiezan a trabajar, regresan para ser aceptados con un corte serio, y ahí es donde te dicen que ellos venían aquí cuando estaban chiquitos”.
El anterior dueño de la peluquería se retiró cuando tenía 80 años. Carlos, don Alejandro y don Jesús, piensan retirarse”hasta donde veamos, nos alcance la vista y el pulso para seguir”. Coinciden en que ya no se hacen peluqueros y que la profesión está en peligro de extinción.
Fotos: A.C.
Al más puro estilo de Alejandro Dumas en su obra Los tres mosqueteros, estos personajes de la tijera, comparten el oficio y el gusto por la peluquería. Son tres generaciones que se unen en un lugar, para rescatar del olvido uno de los trabajos más nobles y tradicionales.
Es lunes, la semana inicia, y los días en Guadalajara transcurren entre el caos vehicular y las tardes nubladas que anteceden a las tradicionales, fuertes e inquietantes lluvias. La cita era en la peluquería Nueva Italia. Cerca de ahí, a unas cuantas cuadras, la ciudad se pierde, sus habitantes y transeúntes más. ¿La razón? Un túnel. El negocio se ubica en avenida Las Rosas casi esquina con Tepeyac, la quietud aguarda a los protagonistas de esta historia. Ahí están esperando a que llegue algún cliente.
-¿Son constantes estos momentos de espera?
-(Risas de los tres) “A veces sí, en ocasiones está tan lleno que se tienen que esperar o se van”.
Carlos, el más joven, agrega un tanto irónico: “Sí, cada vez son más”.
Cambió las leyes por las tijeras
Carlos Alberto Hernández tiene 29 años de edad, 14 de ellos dedicado a la peluquería. Inició, aprendió y siguió los pasos de su padre en este oficio.
Estudiaba la carrera de abogado y la combinaba con su trabajo en la “barber shop”. Al terminar sus estudios acudió a un despacho y no sentía que avanzaba, a cualquier trabajo que fuera no le pagaban ni sentía lo mismo como en la peluquería, además de que trabajar en otro lugar le significaba tener jefe y horarios rígidos.
“El mayor problema es que ya no hay peluqueros, son estilistas, a los jóvenes ya no les gusta esta profesión, a mí sí, empecé muy chico y sigo aquí”.
Carlos comenta que el cliente más antiguo que tiene la peluquería, ha acudido por 35 años.
“Nueva Italia tiene 40 años, antes había otros dueños y ahora como responsables del negocio, hemos atendido a clientes como Vicente Fernandez Jr., Julio César Chávez, que pidieron el corte tradicional, vienen políticos, empresarios...Creo que los cortes modernos son para los chavitos. Uno ya conoce a los clientes desde que llegan, se sientan y ya sabemos qué les vamos a hacer”.
La segunda generación
“Se puede decir que somos tres generaciones de peluqueros, Carlos es el chico y yo el de en medio”. Alejandro Ayala, tiene 44 años y 22 como peluquero. Es de Toluca y trabajó en la Ciudad de México en una peluquería que aún existe llamada La Parisien en Ciudad Satélite. “Una de las diferencias con el estilismo es el toque final en un corte. Nosotros utilizamos navaja para delinearlo, ellos no lo hacen. Los cortes tradicionales no los hacen, como los de un policía o soldado, esos son los sencillos para nosotros.
“La gente en esta colonia -Chapalita- es seria, muy trabajadora, tiene negocios, lo único que batallamos es el estacionamiento, nos ha complicado la situación”.
Don Alejandro dice que las estéticas tienen más ingresos y publicidad para promocionarse, “todo mundo habla de academias y de estilistas pero de peluquerías nada”.
Nadie estudió para ser peluquero, comenta tajante. La carrera empieza como “chícharo” (niño que anteriormente ayudaba en lo que la peluquería necesitaba y “daba bola” a los zapatos de los clientes) “y luego de observar, se aprende el oficio, pero no existe una escuela”.
De los güeros de Arandas
Amable, sonriente y con buena cara ante el futuro de la profesión, don Jesús Hernández Gutiérrez tiene 60 años y desde 1963 es peluquero, ha pasado con sus tijeras por varias barberías en la ciudad y empezó como “chícharo” en Guadalajara, en un lugar que estaba por la avenida Hidalgo, contra esquina del Mercado Corona. Nació en Arandas y es orgullosamente padre de Carlos, “a él le gustó este oficio porque se enseñó conmigo, estaba estudiando y empezó a trabajar para ayudarse en sus gastos. Yo creo que en las academias no les enseñan esto; un día vino una mujer que salió de una escuela de estilismo y me pidió que si la dejaba ver cómo hacía mi trabajo para compararlo con el suyo, estuvo un rato y me dijo que lo que había aprendido era muy diferente”.
Un tanto nostálgico, don Jesús comenta que antes se festejaba en Guadalajara el día del peluquero, “en algún lugar especial se reunían y se formaba una fiesta. Hace muchos años que se acabó la tradición esa, pero era en el mes de noviembre creo, en una ocasión se hizo en un lugar que se llama El Caballo Blanco por la Minerva”.
Temas de hombres: futbol,
negocios y mujeres
Al hacer referencia sobre los otros peluqueros, casi todos se conocen o han coincidido en algún momento...
“En un bar será...”, dice don Jesús quien después del comentario aclara que identifican lugares y compañeros de profesión fácilmente.
Carlos habla más sobre el tema de la clientela: “Tenemos el control de los clientes, cuando uno tarda más en venir, de inmediato lo sabemos, son muchos los años, los clientes son conocidos y muy pocos los que vienen de paso”.
Don Alejandro agrega: “Es un club, llegan y hablan de todo, en especial de futbol, mujeres, infidelidades, en otras ocasiones hacen negocio, se conocen, se reencuentran, escuchas de repente comentarios como le compré una camioneta a mi esposa, no le gustó y ahora la voy a vender”.
Carlos le segunda, “por ejemplo clientes que llegan muy estresados de los problemas de la casa, buscan un momento de tranquilidad hablando con personas que los van a entender, y eso encuentran aquí”.
De jóvenes y melenas largas
Los “tres peluqueros” comentan que existen clientes que les han dicho que por querer experimentar, van a una estética y quedan inconformes con el corte. Hasta problemas familiares han presenciado por los jóvenes “rejegos” que son llevados a la fuerza por los padres, con el afán de traer un corte “más decente”.
Carlos opina: “Los chavos piensan que no sabemos hacer cortes modernos, por eso van a una estética, pero el corte moderno es lo despeinado. Dicen que lo nuestro es para viejitos”.
Don Alejandro continúa: “Cuando un papá quiere traer a su hijo, se pelean entre ellos, yo quiero el corte así, no mejor que no. Los jóvenes no vienen. Entre los 13 a 14 años se pierden y como a los 25 que empiezan a trabajar, regresan para ser aceptados con un corte serio, y ahí es donde te dicen que ellos venían aquí cuando estaban chiquitos”.
El anterior dueño de la peluquería se retiró cuando tenía 80 años. Carlos, don Alejandro y don Jesús, piensan retirarse”hasta donde veamos, nos alcance la vista y el pulso para seguir”. Coinciden en que ya no se hacen peluqueros y que la profesión está en peligro de extinción.