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Serie destinos, los dos Guachimontones
Aventura, tradición y cultura, son algunas de las cosas con las que se encuentra el viajero que decide recorrer estos caminos, que conducen principalmente a Los Guachimontones
Por: Karelia Alba
Aventura, tradición y cultura, son algunas de las cosas con las que se encuentra el viajero que decide recorrer estos caminos, que conducen principalmente a Los Guachimontones -siendo el atractivo número uno del recorrido- sin embargo existen otros lugares y otras historias igualmente cautivadoras en sus alrededores.
Resulta verdaderamente mágico descubrir el paso del tiempo en estas poblaciones, en donde el valor de una tradición ha pesado y ha dado sus frutos en igual medida.
Esta zona se ha convertido en una de las más visitadas del estado de Jalisco, no sólo por albergar un sitio arqueológico, sino que es a partir de éste, en donde los aventureros han trazado sus propias rutas y en cada viaje han ido descubriendo el potencial que tiene para el turista, nacional y extranjero.
El municipio de Teuchitlán, está localizado a tan sólo hora y media de Guadalajara, viajando por la carretera a Ameca. Es fácil ubicarse en la plaza, para comenzar el recorrido, primero andando por el pueblo, para después dar paso a las bellezas naturales de la zona.
En Teuchitlán el viajero puede disfrutar de los vestigios de una cultura ancestral, pero también es una muestra clara del paso de la conquista, prueba de ello está en las haciendas, majestuosas construcciones que aún se mantienen en pie, más no en funcionamiento.
Frente a la plaza principal se encuentra uno de los cascos viejos de la Hacienda La Rojeña, su origen data del siglo XVIII. Una de las actividades principales de la hacienda era la producción de mezcal.Se han encontrado algunos datos que aseguran que la primera fábrica de tequila estuvo aquí y no en Tequila, y que posiblemente el nombre de la fábrica de José Cuervo, haya salido de este lugar que lamentablemente está en ruinas.
La Hacienda de La Labor de Rivera, es contemporánea de la anterior y se encuentra en perfectas condiciones, para visitarla es necesario pedir permiso a sus dueños.
Dentro del poblado se erige la Casa de la Cultura, un recinto que alberga una colección de piezas arqueológicas que han sido donadas por la comunidad. En la exposición se muestran figuras de cerámica, vasijas, y maquetas que representan el conjunto de Los Guachimontones.
Ya en el recorrido del interior se puede disfrutar de la calma que ofrecen las bancas de la Plaza principal, la cual es relativamente nueva, pues data del siglo XIX. Al frente se puede apreciar la antigua Hacienda La Rojeña.
La iglesia del Señor de la Ascensión, patrono del pueblo, muestra una hermosa torre de ladrillos, en donde el jueves posterior a la Semana Santa se realizan las fiestas.
Uno de los aspectos principales del recorrido es el agua, un elemento predominante, pues Teuchitlán cuenta con ríos, una laguna, manantiales y geysers, conocidos como Los Hervores, que están ubicados a las afueras del rancho El Amarillo, son pequeños y de aguas termales.
Encaminándose al río se encuentra el balneario El Rincón, en donde un baño en los manantiales de origen volcánico, son lo que el visitante requiere tras una día de caminata extenuante.
Si la recompensa para el estómago no ha sido contemplada hasta ahora es precisamente porque la gastronomía local es igualmente enriquecedora, a orillas de la Presa de La Vega se encuentran un serie de restaurantes que ofrecen delicias típicas elaboradas con pescado.
Ahualulco para todos
Al oeste de Teuchitlán se encuentra el municipio de Ahualulco de Mercado, en donde el viajero podrá encontrarse con las bellezas arquitectónicas de la cabecera municipal andando a pie, se puede hacer un recorrido sobre ruedas para recorrer la zona, pero también es muy posible disfrutar de un masaje relajante en un spa.
Ahualulco es una población muy pintoresca, tiene una gran carga histórica, previa y posterior a la conquista.
La Plaza Principal de Ahualulco cuenta con majestuosos árboles de parota, sitio que ofrece un deleite para los sentidos, al sentarse a disfrutar de la sombra que proveen. Fue en esta plaza en donde se fusiló al doctor José Ignacio Herrera y Cairo, catedrático de la escuela de medicina de Guadalajara.
Desde ahí se puede ver la Parroquia de Ahualulco, dedicada al Señor del Alta Mayor. Su fachada en cantera rosa, mientras que en su interior se aprecian retablos de estilo neoclásico y pinturas con temas bíblicos de R. Esparza.
Otra de las construcciones que no deben dejar de visitarse son, el Santuario de Guadalupe, el Mercado antiguo y el Museo de Ahualulco, en éste se encuentra una colección de piezas arqueológicas encontradas en la región. Además de contar con una colección de fósiles de megafauna, encontrados a orillas de los ríos que rodean la zona.
Ahualulco forma parte del tlatoanazgo de Etzatlán, uno de los sitios conectados de la tradición Teuchitlán (nombre que se les da a los pobladores y constructores de Los Guachimontones). Prueba de ello se da con el descubrimiento de Los Guachimontones de Ahualulco, que constan de un total de ocho círculos, un juego de pelota y una extensa zona habitacional.
Desafortunadamente se encuentran en mal estado y aunque ya son protegidos por el INAH, aún no se han restaurado.Para continuar con el recorrido arqueológico es necesario contactar a un guía, especialmente para poder llegar al sitio en el que se ubican las Piedras Bola, las cuales se ubican a escasos 20 kilómetros de Ahualulco por la carretera a Ameca.
Las Piedras Bola son enormes esferas de rocas ígneas de jal, se caracterizan por tener hasta dos metros de diámetro y contar con una forma redonda perfecta. Estas piedras sólo existen en tres partes del mundo, unas en Asia, otras en Medio Oriente y éstas, que son muy mexicanas.
Entre las haciendas dignas de ser visitadas se encuentra Hacienda El Carmen, una construcción que data del siglo XVIII y que ha sido restaurada y convertida en un hotel y spa.
El edificio es una joya de la arquitectura borbónica francesa, en la que se muestra un acervo fotográfico de la hacienda en distintas épocas. El hospedaje en este lugar, enriquece la experiencia, ya sea en el sentido de buscar descanso, conocimiento, aventuras o buena comida.
Aventura, tradición y cultura, son algunas de las cosas con las que se encuentra el viajero que decide recorrer estos caminos, que conducen principalmente a Los Guachimontones -siendo el atractivo número uno del recorrido- sin embargo existen otros lugares y otras historias igualmente cautivadoras en sus alrededores.
Resulta verdaderamente mágico descubrir el paso del tiempo en estas poblaciones, en donde el valor de una tradición ha pesado y ha dado sus frutos en igual medida.
Esta zona se ha convertido en una de las más visitadas del estado de Jalisco, no sólo por albergar un sitio arqueológico, sino que es a partir de éste, en donde los aventureros han trazado sus propias rutas y en cada viaje han ido descubriendo el potencial que tiene para el turista, nacional y extranjero.
El municipio de Teuchitlán, está localizado a tan sólo hora y media de Guadalajara, viajando por la carretera a Ameca. Es fácil ubicarse en la plaza, para comenzar el recorrido, primero andando por el pueblo, para después dar paso a las bellezas naturales de la zona.
En Teuchitlán el viajero puede disfrutar de los vestigios de una cultura ancestral, pero también es una muestra clara del paso de la conquista, prueba de ello está en las haciendas, majestuosas construcciones que aún se mantienen en pie, más no en funcionamiento.
Frente a la plaza principal se encuentra uno de los cascos viejos de la Hacienda La Rojeña, su origen data del siglo XVIII. Una de las actividades principales de la hacienda era la producción de mezcal.Se han encontrado algunos datos que aseguran que la primera fábrica de tequila estuvo aquí y no en Tequila, y que posiblemente el nombre de la fábrica de José Cuervo, haya salido de este lugar que lamentablemente está en ruinas.
La Hacienda de La Labor de Rivera, es contemporánea de la anterior y se encuentra en perfectas condiciones, para visitarla es necesario pedir permiso a sus dueños.
Dentro del poblado se erige la Casa de la Cultura, un recinto que alberga una colección de piezas arqueológicas que han sido donadas por la comunidad. En la exposición se muestran figuras de cerámica, vasijas, y maquetas que representan el conjunto de Los Guachimontones.
Ya en el recorrido del interior se puede disfrutar de la calma que ofrecen las bancas de la Plaza principal, la cual es relativamente nueva, pues data del siglo XIX. Al frente se puede apreciar la antigua Hacienda La Rojeña.
La iglesia del Señor de la Ascensión, patrono del pueblo, muestra una hermosa torre de ladrillos, en donde el jueves posterior a la Semana Santa se realizan las fiestas.
Uno de los aspectos principales del recorrido es el agua, un elemento predominante, pues Teuchitlán cuenta con ríos, una laguna, manantiales y geysers, conocidos como Los Hervores, que están ubicados a las afueras del rancho El Amarillo, son pequeños y de aguas termales.
Encaminándose al río se encuentra el balneario El Rincón, en donde un baño en los manantiales de origen volcánico, son lo que el visitante requiere tras una día de caminata extenuante.
Si la recompensa para el estómago no ha sido contemplada hasta ahora es precisamente porque la gastronomía local es igualmente enriquecedora, a orillas de la Presa de La Vega se encuentran un serie de restaurantes que ofrecen delicias típicas elaboradas con pescado.
Ahualulco para todos
Al oeste de Teuchitlán se encuentra el municipio de Ahualulco de Mercado, en donde el viajero podrá encontrarse con las bellezas arquitectónicas de la cabecera municipal andando a pie, se puede hacer un recorrido sobre ruedas para recorrer la zona, pero también es muy posible disfrutar de un masaje relajante en un spa.
Ahualulco es una población muy pintoresca, tiene una gran carga histórica, previa y posterior a la conquista.
La Plaza Principal de Ahualulco cuenta con majestuosos árboles de parota, sitio que ofrece un deleite para los sentidos, al sentarse a disfrutar de la sombra que proveen. Fue en esta plaza en donde se fusiló al doctor José Ignacio Herrera y Cairo, catedrático de la escuela de medicina de Guadalajara.
Desde ahí se puede ver la Parroquia de Ahualulco, dedicada al Señor del Alta Mayor. Su fachada en cantera rosa, mientras que en su interior se aprecian retablos de estilo neoclásico y pinturas con temas bíblicos de R. Esparza.
Otra de las construcciones que no deben dejar de visitarse son, el Santuario de Guadalupe, el Mercado antiguo y el Museo de Ahualulco, en éste se encuentra una colección de piezas arqueológicas encontradas en la región. Además de contar con una colección de fósiles de megafauna, encontrados a orillas de los ríos que rodean la zona.
Ahualulco forma parte del tlatoanazgo de Etzatlán, uno de los sitios conectados de la tradición Teuchitlán (nombre que se les da a los pobladores y constructores de Los Guachimontones). Prueba de ello se da con el descubrimiento de Los Guachimontones de Ahualulco, que constan de un total de ocho círculos, un juego de pelota y una extensa zona habitacional.
Desafortunadamente se encuentran en mal estado y aunque ya son protegidos por el INAH, aún no se han restaurado.Para continuar con el recorrido arqueológico es necesario contactar a un guía, especialmente para poder llegar al sitio en el que se ubican las Piedras Bola, las cuales se ubican a escasos 20 kilómetros de Ahualulco por la carretera a Ameca.
Las Piedras Bola son enormes esferas de rocas ígneas de jal, se caracterizan por tener hasta dos metros de diámetro y contar con una forma redonda perfecta. Estas piedras sólo existen en tres partes del mundo, unas en Asia, otras en Medio Oriente y éstas, que son muy mexicanas.
Entre las haciendas dignas de ser visitadas se encuentra Hacienda El Carmen, una construcción que data del siglo XVIII y que ha sido restaurada y convertida en un hotel y spa.
El edificio es una joya de la arquitectura borbónica francesa, en la que se muestra un acervo fotográfico de la hacienda en distintas épocas. El hospedaje en este lugar, enriquece la experiencia, ya sea en el sentido de buscar descanso, conocimiento, aventuras o buena comida.