Suplementos
Santiago Hernández, retratista excepcional
Del editorial de El Palo de Ciego, titulado , del martes 15 de abril de 1862
Penúltima parte
:
Obrando con prontitud y energía, dentro de pocos días podremos oponer a los invasores de un ejército respetable que inicie esta guerra, en la que va a tomar parte todo el pueblo mexicano. Que vengan, pues, los satélites de la tiranía con su ridículo Maximiliano a la cabeza, acompañado por un puñado de traidores, aconsejado por un jesuita y por un borracho. Quieren nuestras llanuras, nuestros bosques, nuestros metales, pues bien, se los daremos, pero convertidos los bosques en lanzas, los metales en balas y los llanos en sepulturas. Venid, vosotros que blasonáis civilización y progreso, venid, arrebatadnos nuestra libertad y haced ostentación de vuestra fuerza, en cambio os escupiremos el rostro, y os cubriremos de infamia.
¡A las armas! Que no haya uno que no se ocupe de la guerra, los niños y los ancianos que hagan hilas, las mujeres que curen a los heridos, los hombres y los jovenes que combatan por la patria, que venzan o mueran. El país entero debe convertirse en un campamento, las ciudades en fortalezas, los habitantes en guerreros. No debe oirse más ruido que el de las armas, ni otros gritos que los de viva la independencia y la libertad.
Probemos al mundo que los descendientes de los aztecas prefieren talar sus campos, incendiar sus bosques y sepultarse entre las ruinas de sus poblaciones, antes que consentir en la pérdida de su libertad e independencia Doctor Lanceta.
Ahora bien señores, intencionadamente he dejado esto para el final: tengo que recalcar que el enorme valor de este periódico, ejemplo de liberalismo, lo encuentro en el testimonio estético de las geniales caricaturas de Santiago Hernández. Las caricaturas de El Palo Ciego son geniales por la excelencia del dibujo culto, no monero, como el que estamos acostumbrados a ver. Dibujo de retratista excepcional, que está a la altura de un Daumier o de un Courbet por no emplear el concepto, más allá.
Quiero decir a ustedes, cultos señores, que además de tener en Santiago Hernández un excelente artista, tenemos a ese hombre ejemplar, casi desconocido, también a un héroe nacional. Ésta es una síntesis de su biografía.
Santiago Hernández nació en la Cuidad de México, el 25 de julio de 1833, siendo el tercer hijo del matrimonio formado por Don Miguel Hernández y Doña Juana Ayllón. Juntamente con su hermano Isidro, a principios de 1947 ingresa al Colegio Militar, y forma parte de la compañía que estaba al mando del Capitán Domingo Alvarado que participó en la heróica defensa de Chapultepec, el 12 de diciembre de ese año.
Sus nombres están grabados en el monumento que se encuentra al pie del cerro, entre los cadetes que fueron hechos prisioneros por los norteamericanos, junto al general Mariano Monterde, director del plantel.
Santiago Hernández, llevado ante el general invasor Scott, se rehusó a firmar que no volvería a tomar parte en la lucha contra los estadounidenses, por lo que estuvo en prisión hasta la firma del Plan de Guadalupe, el 2 de febrero de 1848.
Reorganizado nuevamente el Colegio Militar, acudió a él con los elementos dispersos y permaneció allí hasta1852, en que la muerte de su padre le obligó a dejar los estudios. El general Monterde, sabiendo que su alumno pintaba muy bien, le encomendó que hiciera un retrato del cadete Márquez, que fue uno de los Niños Héroes de Chapultepec, y lo hizo Hernández tan bien que le fueron encargados los retratos de los demás niños héroes, y son los que se conocen hasta la fecha. Al abandonar el colegio, se alista como sargento segundo en la división de artillería ligera, donde estuvo cuatro años; abandona entonces el ejército y se emplea como profesor de dibujo, y se dedica a pintar retratos.
Próxima y última parte: la incursión de Hernández en los periódicos de la época.
por: augusto orea marín
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Obrando con prontitud y energía, dentro de pocos días podremos oponer a los invasores de un ejército respetable que inicie esta guerra, en la que va a tomar parte todo el pueblo mexicano. Que vengan, pues, los satélites de la tiranía con su ridículo Maximiliano a la cabeza, acompañado por un puñado de traidores, aconsejado por un jesuita y por un borracho. Quieren nuestras llanuras, nuestros bosques, nuestros metales, pues bien, se los daremos, pero convertidos los bosques en lanzas, los metales en balas y los llanos en sepulturas. Venid, vosotros que blasonáis civilización y progreso, venid, arrebatadnos nuestra libertad y haced ostentación de vuestra fuerza, en cambio os escupiremos el rostro, y os cubriremos de infamia.
¡A las armas! Que no haya uno que no se ocupe de la guerra, los niños y los ancianos que hagan hilas, las mujeres que curen a los heridos, los hombres y los jovenes que combatan por la patria, que venzan o mueran. El país entero debe convertirse en un campamento, las ciudades en fortalezas, los habitantes en guerreros. No debe oirse más ruido que el de las armas, ni otros gritos que los de viva la independencia y la libertad.
Probemos al mundo que los descendientes de los aztecas prefieren talar sus campos, incendiar sus bosques y sepultarse entre las ruinas de sus poblaciones, antes que consentir en la pérdida de su libertad e independencia Doctor Lanceta.
Ahora bien señores, intencionadamente he dejado esto para el final: tengo que recalcar que el enorme valor de este periódico, ejemplo de liberalismo, lo encuentro en el testimonio estético de las geniales caricaturas de Santiago Hernández. Las caricaturas de El Palo Ciego son geniales por la excelencia del dibujo culto, no monero, como el que estamos acostumbrados a ver. Dibujo de retratista excepcional, que está a la altura de un Daumier o de un Courbet por no emplear el concepto, más allá.
Quiero decir a ustedes, cultos señores, que además de tener en Santiago Hernández un excelente artista, tenemos a ese hombre ejemplar, casi desconocido, también a un héroe nacional. Ésta es una síntesis de su biografía.
Santiago Hernández nació en la Cuidad de México, el 25 de julio de 1833, siendo el tercer hijo del matrimonio formado por Don Miguel Hernández y Doña Juana Ayllón. Juntamente con su hermano Isidro, a principios de 1947 ingresa al Colegio Militar, y forma parte de la compañía que estaba al mando del Capitán Domingo Alvarado que participó en la heróica defensa de Chapultepec, el 12 de diciembre de ese año.
Sus nombres están grabados en el monumento que se encuentra al pie del cerro, entre los cadetes que fueron hechos prisioneros por los norteamericanos, junto al general Mariano Monterde, director del plantel.
Santiago Hernández, llevado ante el general invasor Scott, se rehusó a firmar que no volvería a tomar parte en la lucha contra los estadounidenses, por lo que estuvo en prisión hasta la firma del Plan de Guadalupe, el 2 de febrero de 1848.
Reorganizado nuevamente el Colegio Militar, acudió a él con los elementos dispersos y permaneció allí hasta1852, en que la muerte de su padre le obligó a dejar los estudios. El general Monterde, sabiendo que su alumno pintaba muy bien, le encomendó que hiciera un retrato del cadete Márquez, que fue uno de los Niños Héroes de Chapultepec, y lo hizo Hernández tan bien que le fueron encargados los retratos de los demás niños héroes, y son los que se conocen hasta la fecha. Al abandonar el colegio, se alista como sargento segundo en la división de artillería ligera, donde estuvo cuatro años; abandona entonces el ejército y se emplea como profesor de dibujo, y se dedica a pintar retratos.
Próxima y última parte: la incursión de Hernández en los periódicos de la época.
por: augusto orea marín