Suplementos
Querétaro al extremo
Son varias las actividades que ofrece esta zona del país para que los turistas más aventureros disfruten su estadía
QUERÉTARO (02/SEP/2012).- Las casas de campaña se instalan en medio de El Macizo, una cordillera montañosa que rodea al pueblo de Pinal de Amoles, en la Sierra Gorda. A la mañana siguiente cortamos naranjas para prepararnos un jugo antes de remar en kayak. Recibimos una breve lección y luego nos colocamos el equipo: chaleco, casco y arneses, y caminamos hasta la orilla del Río Santa María. La corriente nos lleva a una curva en donde hay varios troncos caídos. Debemos pasar por debajo de ellos, pegando la cabeza a las rodillas y dejar que el agua nos libere.
Es hora de que el corazón lata con fuerza. En Las Adjuntas convergen los ríos Ayutla y Concá. Un puente se eleva a 30 metros y debemos probar nuestra valentía en caída libre. Los arneses se sujetan a las cuerdas. No puedo verme cobarde, así que cierro los ojos y me lanzo al vacío. El estómago se me va a la cabeza y siento que pierdo el aliento. Cada vez me veo más cerca del suelo. De repente hay un tirón. Quedo suspendida, balanceándome en el aire y muriendo de risa.
Al día siguiente nos trasladamos al cañón Agua Fría. Es necesario utilizar un traje de neopreno, si vamos a estar cinco horas dentro del agua, a una temperatura de 10° C. El cañón tiene paredes de más de 150 metros de altura y en ciertos espacios su angostura es de un metro. Y ahora realizamos una serie de siete saltos de poza en poza a desnivel. Nuestros pies no tocan el fondo, a ocho metros de la superficie. Caminamos con el agua hasta los tobillos. Las paredes se van cerrando.
Debemos escalar rocas con guantes para mejor agarre. Después de seis horas, regresamos exhaustos al campamento.
Es hora de que el corazón lata con fuerza. En Las Adjuntas convergen los ríos Ayutla y Concá. Un puente se eleva a 30 metros y debemos probar nuestra valentía en caída libre. Los arneses se sujetan a las cuerdas. No puedo verme cobarde, así que cierro los ojos y me lanzo al vacío. El estómago se me va a la cabeza y siento que pierdo el aliento. Cada vez me veo más cerca del suelo. De repente hay un tirón. Quedo suspendida, balanceándome en el aire y muriendo de risa.
Al día siguiente nos trasladamos al cañón Agua Fría. Es necesario utilizar un traje de neopreno, si vamos a estar cinco horas dentro del agua, a una temperatura de 10° C. El cañón tiene paredes de más de 150 metros de altura y en ciertos espacios su angostura es de un metro. Y ahora realizamos una serie de siete saltos de poza en poza a desnivel. Nuestros pies no tocan el fondo, a ocho metros de la superficie. Caminamos con el agua hasta los tobillos. Las paredes se van cerrando.
Debemos escalar rocas con guantes para mejor agarre. Después de seis horas, regresamos exhaustos al campamento.