Suplementos
Quédate conmigo
por: francisco rojas cárdenas
Mis papás no quisieron que fuera al velorio ni a la misa. Dicen que es mejor recordar a mi abuelita como era, con sus cariños, con su comida tan rica, con sus consejos. Ellos no entienden que puedo comprender muchas cosas. A mis ocho años sé que de la muerte nadie regresa, que dependiendo de nuestras acciones, podemos ir al cielo donde todo es bueno, y que todas las personas vamos a morir algún día.
Visitamos a Papá Chavo. Su casa se siente vacía. Como si no tuviera muebles o como si nadie viviera allí. Hay mucho silencio. Lo saludamos. Esta vez no sonríe como siempre. Papá Chavo no es el mismo. Ya no hace bromas y no creo que quiera jugar conmigo. Tampoco sale a trabajar. No habla. La casa de mis abuelitos dejó de ser igual desde que mi abue Coque no está. Yo también siento feo. La recuerdo mucho. No sé qué se hace en estos casos. Dice mi mamá que él no quiere hablar con nadie ni moverse. Veo que mi Papá Chavo no pone atención a nada. Noto que se desconecta del mundo mientras sentado en un sillón ve la tele sin darse cuenta de lo que ve. Parece que no está aquí. Entonces, sin saber lo que hago, sin pensar nada, voy con mi abuelito y lo abrazo fuerte, fuerte, fuerte. Noto que empieza a temblar, le veo una lágrima y me abraza. Le digo: “Quédate comigo”, y me dice que sí con la cabeza. En ese momento recuerdo que alguna vez mi Mamá Coque me dijo que un abrazo dice más que las palabras. “¿Me acompañas a vender al mercado?”, me pregunta Papá Chavo en mi oreja. Entonces le respondo que sí, se levanta del sillón, me toma de la mano y nos vamos por el triciclo.
Visitamos a Papá Chavo. Su casa se siente vacía. Como si no tuviera muebles o como si nadie viviera allí. Hay mucho silencio. Lo saludamos. Esta vez no sonríe como siempre. Papá Chavo no es el mismo. Ya no hace bromas y no creo que quiera jugar conmigo. Tampoco sale a trabajar. No habla. La casa de mis abuelitos dejó de ser igual desde que mi abue Coque no está. Yo también siento feo. La recuerdo mucho. No sé qué se hace en estos casos. Dice mi mamá que él no quiere hablar con nadie ni moverse. Veo que mi Papá Chavo no pone atención a nada. Noto que se desconecta del mundo mientras sentado en un sillón ve la tele sin darse cuenta de lo que ve. Parece que no está aquí. Entonces, sin saber lo que hago, sin pensar nada, voy con mi abuelito y lo abrazo fuerte, fuerte, fuerte. Noto que empieza a temblar, le veo una lágrima y me abraza. Le digo: “Quédate comigo”, y me dice que sí con la cabeza. En ese momento recuerdo que alguna vez mi Mamá Coque me dijo que un abrazo dice más que las palabras. “¿Me acompañas a vender al mercado?”, me pregunta Papá Chavo en mi oreja. Entonces le respondo que sí, se levanta del sillón, me toma de la mano y nos vamos por el triciclo.