Suplementos

Que los niños aprendan a rezar

Ahora estamos viendo hasta qué punto los valores se han ido deteriorando


     A finales del siglo XX atravesábamos por un tiempo en el cual Dios estaba de sobra en la vida de cada día.

     Había cosas más importantes qué ver, qué aprender y a qué dedicarse.

     La televisión se fue convirtiendo en maestra de la vida...

     Pensábamos que lo bueno y lo malo eran indiferentes, y se desvanecía la noción del pecado.

     Todo esto se fue infiltrando poco a poco en los pensamientos, en las convicciones y en las estructuras sociales.

     Y el resultado es que ahora estamos viendo las consecuencias y hasta qué punto los valores se han ido deteriorando, hasta desdibujarse en algunos casos, y aunque valores nuevos han germinado, tal vez no tienen la fuerza suficiente para dar el impulso que requiere el alzar el vuelo hacia niveles superiores.
¿Qué hacer?
     Pero no es para quedarse sentados en un derrotismo absurdo: la solución está actualmente en las manos de todos.

     Se necesita una generación joven y fuerte, que tenga ideas claras y grandeza de espíritu para afrontar los retos de un mundo cambiante y en constante proceso evolutivo.

      Es necesario dar a los niños elementos que les ayuden a vivir la vida con rectitud, autenticidad, sinceridad y, sobre todo, con amor.

     Cuando un niño nace, es página en blanco; lo que en ella se escriba, sobre todo en los primeros años, será la lectura que dará a la vida.

     Si se le marca con heridas, crecerá con resentimientos; si se le da cariño, será una persona amable y podrá ver lo positivo de cada circunstancia, aunque sea adversa.

Enseñar a los niños a rezar
     Esta es una de las más importantes tareas de los mayores: padres, abuelos, hermanos, maestros, catequistas...

     Si desde pequeños los niños adquieren una noción clara, auténtica y sin distorsiones de la presencia de Dios, una fuerza surgirá de su ser y les ayudará  a ver todos los acontecimientos en una forma hermosa, lo mismo que les ayudará a superar los contratiempos, a veces muy duros, que se les presentarán a lo largo del camino.  

     Enseñar a los niños a rezar es lo mejor que podemos darles, porque en esa edad temprana las criaturas son como un recipiente vacío que se llena con aquello que les demos, bueno o malo.

     La edad infantil es la edad de la esperanza. Todavía no tienen las preocupaciones angustiantes del futuro ni el lastre agobiante del pasado.

La esperanza ocupa todo el espacio de su ser, y la mayor esperanza que se les puede ofrecer es la que Dios nos promete, la que perdura y no defrauda.
El Dios cercano
     Si hablar de Dios puede parecer difícil, si lo sentimos lejano, abstracto; si los atributos que nos han enseñado ya no nos dicen mucho, tenemos la oportunidad de ver a Dios muy cerca, reflejado en Jesucristo.

     Jesús, que vino a caminar por nuestro mundo, que nació y murió como uno de nosotros, que hizo cosas extraordinarias y que resucitó para darnos esperanza y vida.

     Jesús es el Dios cercano que los niños comprenden muy bien, lo hemos visto en los días de Navidad en los brazos de su Madre María, y lo hemos contemplado en la Semana Santa, en su pasión y muerte, que aceptó con amor para salvarnos y para que nuestros sufrimientos y nuestra misma muerte se nos hicieran más soportables.

     Por tal motivo seguiré insistiendo: enseñar a los niños a rezar es lo mejor que podemos darles.

     Bien puede cada uno recordar si en la infancia le enseñaron a rezar, y cómo influyó entonces y cómo resuena todavía esa primera experiencia de oración.

     Hoy pediremos al Señor Jesús que nos permita recuperar esa fe infantil que nos puede ayudar a sanar muchas de nuestras heridas y problemas del pasado. Para hacernos encontrar en Él la verdadera alegría y el camino hacia la felicidad.

María Belén Sánchez fsp

Temas

Sigue navegando